REFLEXIONES
Patrimonio monumental público y respeto privado
Eugenio-Jesús de Ávila
Hay gentes que siempre defienden lo público como esencial para construir una sociedad más equitativa, digna y libérrima. Perfecto. Sucede en esta patria en quiebra y en esta ciudad y provincia limitada por su deriva económica y demográfica. Zamora capital posee un gran patrimonio monumental e histórico: más de 20 templos románicos, palacios del gótico tardío y edificios de factura modernista y ecléctica, más kilómetros de lienzos de muralla en regular estado y un Puente Románico singular y castrado desde 1905, que clama por una restauración de sus dos torres.
Pero hay personajes, jóvenes o de edad, que piensan que lo público no es suyo, como aquella ministra socialista que afirmó que el dinero público no es de nadie, una tal Carmen Calvo. Y, como sus mentes prodigiosas han asumido que los sillares de iglesias, que los muros medievales y que los puentes históricos no pertenecen a nadie, pues los manchas con sus garabatos, pinturas y micciones. Y se consideran héroes, rebeldes con causa. También poseen cierta querencia por destrozar contenedores de basuras, papeleras, bancos, árboles, jardines, o, los dueños de canes, dejar las excrecencias de sus perros en aceras y parques y paredes de edificios privados. Convencido estoy de que estos badulaques, personajes asociales, reclaman a las instituciones públicas, en concreto, al Ayuntamiento, más inversiones en mobiliario público, zonas verdes, restauración de patrimonio…lo que sea menester.
Convencido estoy que estos malandrines nunca cambiarán sus mentes y mantendrán sus campañas de borrones y meadas sobre iglesias y murallas y propiedades privadas. ¿Cómo evitarlo? Por supuesto, con fuertes sanciones económicas y también con campañas públicas que eduquen a estos depravados sociales para que tomen conciencia de la historia de Zamora y adquieran mandamientos éticos y conceptos estéticos que transformen sus escalas de valores y provoquen una nueva jerarquía moral que coloque en su cúspide el respeto y el mimo por el patrimonio monumental de su ciudad, la de todos, la del alma, la que nos acusa y nos alienta.
Eugenio-Jesús de Ávila
Hay gentes que siempre defienden lo público como esencial para construir una sociedad más equitativa, digna y libérrima. Perfecto. Sucede en esta patria en quiebra y en esta ciudad y provincia limitada por su deriva económica y demográfica. Zamora capital posee un gran patrimonio monumental e histórico: más de 20 templos románicos, palacios del gótico tardío y edificios de factura modernista y ecléctica, más kilómetros de lienzos de muralla en regular estado y un Puente Románico singular y castrado desde 1905, que clama por una restauración de sus dos torres.
Pero hay personajes, jóvenes o de edad, que piensan que lo público no es suyo, como aquella ministra socialista que afirmó que el dinero público no es de nadie, una tal Carmen Calvo. Y, como sus mentes prodigiosas han asumido que los sillares de iglesias, que los muros medievales y que los puentes históricos no pertenecen a nadie, pues los manchas con sus garabatos, pinturas y micciones. Y se consideran héroes, rebeldes con causa. También poseen cierta querencia por destrozar contenedores de basuras, papeleras, bancos, árboles, jardines, o, los dueños de canes, dejar las excrecencias de sus perros en aceras y parques y paredes de edificios privados. Convencido estoy de que estos badulaques, personajes asociales, reclaman a las instituciones públicas, en concreto, al Ayuntamiento, más inversiones en mobiliario público, zonas verdes, restauración de patrimonio…lo que sea menester.
Convencido estoy que estos malandrines nunca cambiarán sus mentes y mantendrán sus campañas de borrones y meadas sobre iglesias y murallas y propiedades privadas. ¿Cómo evitarlo? Por supuesto, con fuertes sanciones económicas y también con campañas públicas que eduquen a estos depravados sociales para que tomen conciencia de la historia de Zamora y adquieran mandamientos éticos y conceptos estéticos que transformen sus escalas de valores y provoquen una nueva jerarquía moral que coloque en su cúspide el respeto y el mimo por el patrimonio monumental de su ciudad, la de todos, la del alma, la que nos acusa y nos alienta.













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