1ª RFEF
Un Zamora CF en deconstrucción concede la permanencia al Cacereño en la 2ª mitad: (1-2)
La escuadra rojiblanca fue muy superior al Cacereño en la primera mitad, que pudo resolver el partido; en la segunda los hombres estandartes del Zamora fueron sustituidos
E. Navascués de Zubiría
Lo peor de la derrota de esta tarde del Zamora no es el hecho en sí mismo, porque a todo deporte se juega para ganar, sino que la victoria habría sembrado de ilusión a los fieles y esperanzados hinchas rojiblanco. La primera parte fue extraordinaria. Como lo exhibido en los últimos encuentros. Pero en la segunda, en plena deconstrucción de la estructura principal del equipo por parte de su arquitecto, Óscar Cano, el Cacereño, quizá la peor defensa que he visto esta temporada, acertó a transformar un regalo de la defensa zamorana.
Pero tengo para mí que la suerte suele acompañar a los más necesitados. Y si la fortuna les es esquiva, nunca dejarán de ser unos desheredados sobre la faz de la tierra. Cacereño era ayer, que ya no hoy, un menesteroso de puntos. El Zamora ya había sumado los suficientes para jugar el play off, incluso, dependiendo de los resultados de la jornada, encaramarse al virreinato del grupo tras el monarca Tenerife. No obstante, se quiso ganar. Así se demostró en una inmaculada primera mitad, con dos ocasiones clarísimas, tras grandes acciones de ataque, tras desbordar a la defensa rival, una de Codina y otra de Losada, tras entrega de Márquez, pero el meta Diego evito que su marco lo desvirgara el ataque rojiblanco.
Hasta el minuto 25, la escuadra rojiblanca dibujó un excelente fútbol de ataque, mientras los verdes bastante tenían con aguantar tanto fútbol, casi siempre fabricado en las bandas, si bien ni Codina ni Abde mostraron sus virtudes en el regate.
Entro el partido en una especie de descanso, de ocio. El Zamora se relajó. Hasta que en el minuto 38, Losada roba en la medular, pasa a Mario García que llega al área y cede a Diego Moreno y el navarro a Márquez, que lanzó un disparo mortal para batir por abajo al meta extremeño.
La superioridad rojiblanca se puso de manifiesto hasta el finiquito de la primera entrega.
Abde se quedó en el vestuario en el descanso. Loren Burón le sustituyo. Emi Hernández también hizo lo propio con Barrio.
Salió con otra intención el Cacereño en la segunda mitad. No mejor, pero si queriendo demostrar que jugaban para evitar el descenso antes de la última jornada. Tampoco nada del otro mundo. Un centro chut que despejó Fermín y poco más. El Zamora entró en un periodo de conformismo, como si la tarea ya hubiera finalizado. Se erraban muchos pases sencillos y Markel Lozano, en un error impropio como último hombre, regaló una pelota a un delantero extremeño que no marco, solo ante el meta rojiblanco, porque no anduvo muy fino. A partir de ese momento, se inició una escalada de fallos en cadena de los hombres más destacados de la temporada. Se llevaba una hora de partido.
Durante unos diez minutos, los errores en el pase protagonizaron el partido. El mejor Zamora se había diluido. El caso es que tres minutos antes de que empatase el cuadro extremeño, Cano realizó dos cambios: Carbonell por Losada y Sancho por Kike Márquez. Se iniciaba la deconstrucción rojiblanca, continuada con la marcha de Ramos y la entrada de Álvaro Romero. El caso es que dos minutos después, un regalo de la defensa rojiblanca concedía el gol del empate, obra de Diego Gómez.
Pero como el fútbol es deporte caprichoso, la ocasión más clara la tuvo el Zamora, un centro precioso de Sancho y cabezazo a boca de jarro de Loren lo rubricó Diego con un paradón. Ahí pudo acabarse el partido.
Julio Cobos sacó lo que le quedaba en la despensa para hacerse con el punto en propiedad y poco más. Pero hubo suerte, como decía al principio, la de los necesitados. De tal manera, que llegó el empate, en otro error de la defensa, en el 89. Marcó Ajenjo.
El Zamora pudo empatar, bien en un gol que entró, anulado por el árbitro, tras ver la repetición, alegando una mano de Romero, y en un disparo precioso de Sancho que rozó el palo.
Los resultados esotéricos registrados en la jornada conceden al Zamora quedarse con su botín futbolístico.Como comenté con anterioridad, no se pierde la tercera posición y puede tomarse la segunda, merced a todo lo bueno realizado en las pasadas jornadas; pero la peor derrota estriba en que se pudieron sembrar semillas de esperanza entre la afición para el primer partido de la fase de ascenso. Perdió imagen, carisma y empaque. Y se las llevó el viento de la ucronía.
Fotografía: Esteban Pedrosa
E. Navascués de Zubiría
Lo peor de la derrota de esta tarde del Zamora no es el hecho en sí mismo, porque a todo deporte se juega para ganar, sino que la victoria habría sembrado de ilusión a los fieles y esperanzados hinchas rojiblanco. La primera parte fue extraordinaria. Como lo exhibido en los últimos encuentros. Pero en la segunda, en plena deconstrucción de la estructura principal del equipo por parte de su arquitecto, Óscar Cano, el Cacereño, quizá la peor defensa que he visto esta temporada, acertó a transformar un regalo de la defensa zamorana.
Pero tengo para mí que la suerte suele acompañar a los más necesitados. Y si la fortuna les es esquiva, nunca dejarán de ser unos desheredados sobre la faz de la tierra. Cacereño era ayer, que ya no hoy, un menesteroso de puntos. El Zamora ya había sumado los suficientes para jugar el play off, incluso, dependiendo de los resultados de la jornada, encaramarse al virreinato del grupo tras el monarca Tenerife. No obstante, se quiso ganar. Así se demostró en una inmaculada primera mitad, con dos ocasiones clarísimas, tras grandes acciones de ataque, tras desbordar a la defensa rival, una de Codina y otra de Losada, tras entrega de Márquez, pero el meta Diego evito que su marco lo desvirgara el ataque rojiblanco.
Hasta el minuto 25, la escuadra rojiblanca dibujó un excelente fútbol de ataque, mientras los verdes bastante tenían con aguantar tanto fútbol, casi siempre fabricado en las bandas, si bien ni Codina ni Abde mostraron sus virtudes en el regate.
Entro el partido en una especie de descanso, de ocio. El Zamora se relajó. Hasta que en el minuto 38, Losada roba en la medular, pasa a Mario García que llega al área y cede a Diego Moreno y el navarro a Márquez, que lanzó un disparo mortal para batir por abajo al meta extremeño.
La superioridad rojiblanca se puso de manifiesto hasta el finiquito de la primera entrega.
Abde se quedó en el vestuario en el descanso. Loren Burón le sustituyo. Emi Hernández también hizo lo propio con Barrio.
Salió con otra intención el Cacereño en la segunda mitad. No mejor, pero si queriendo demostrar que jugaban para evitar el descenso antes de la última jornada. Tampoco nada del otro mundo. Un centro chut que despejó Fermín y poco más. El Zamora entró en un periodo de conformismo, como si la tarea ya hubiera finalizado. Se erraban muchos pases sencillos y Markel Lozano, en un error impropio como último hombre, regaló una pelota a un delantero extremeño que no marco, solo ante el meta rojiblanco, porque no anduvo muy fino. A partir de ese momento, se inició una escalada de fallos en cadena de los hombres más destacados de la temporada. Se llevaba una hora de partido.
Durante unos diez minutos, los errores en el pase protagonizaron el partido. El mejor Zamora se había diluido. El caso es que tres minutos antes de que empatase el cuadro extremeño, Cano realizó dos cambios: Carbonell por Losada y Sancho por Kike Márquez. Se iniciaba la deconstrucción rojiblanca, continuada con la marcha de Ramos y la entrada de Álvaro Romero. El caso es que dos minutos después, un regalo de la defensa rojiblanca concedía el gol del empate, obra de Diego Gómez.
Pero como el fútbol es deporte caprichoso, la ocasión más clara la tuvo el Zamora, un centro precioso de Sancho y cabezazo a boca de jarro de Loren lo rubricó Diego con un paradón. Ahí pudo acabarse el partido.
Julio Cobos sacó lo que le quedaba en la despensa para hacerse con el punto en propiedad y poco más. Pero hubo suerte, como decía al principio, la de los necesitados. De tal manera, que llegó el empate, en otro error de la defensa, en el 89. Marcó Ajenjo.
El Zamora pudo empatar, bien en un gol que entró, anulado por el árbitro, tras ver la repetición, alegando una mano de Romero, y en un disparo precioso de Sancho que rozó el palo.
Los resultados esotéricos registrados en la jornada conceden al Zamora quedarse con su botín futbolístico.Como comenté con anterioridad, no se pierde la tercera posición y puede tomarse la segunda, merced a todo lo bueno realizado en las pasadas jornadas; pero la peor derrota estriba en que se pudieron sembrar semillas de esperanza entre la afición para el primer partido de la fase de ascenso. Perdió imagen, carisma y empaque. Y se las llevó el viento de la ucronía.
Fotografía: Esteban Pedrosa
















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