1ª RFEF
Los rojiblancos eligieron evitar lesiones graves antes que jugarse presencia en el play off
La dureza empleada por los futbolistas del Cacereño, única vía para menguar la calidad técnica y física del Zamora, clave de una segunda parte menos agresiva y pujante
Buena parte de los aficionados al fútbol suelen quedarse en la epidermis de los partidos. Miran, pero solo ven lo fácil, lo sencillo, lo que carece de complejidad. He escuchado y leído análisis paupérrimos sobre la derrota ante el Cacereño. Incluso hay ya hinchada que considera que no hay plantilla para el ascenso. De monja a ramera en un santiamén. Adelanto que sigo considerando que Óscar Cano posee mimbres de calidad para alcanzar la Segunda División.
Pero voy a intentar profundizar en lo sucedido el domingo en el Ruta de la Plata y el punto de inflexión en el juego de la escuadra rojiblanca entre una excelente primera entrega y una pasable segunda. ¿Qué sucedió? Diré, en principio, que el Zamora tuvo cuatro claras ocasiones, entre ellas el gol, en los primeros 45 minutos; pero se tiró entre los tres palos mal o el portero extremeño, como el del Lugo la anterior jornada, lo bendijo el dios del fútbol, que no sé como se llama. Codina, Losada y Mario pudieron colocar tres tantos antes de marcar Márquez.
Insisto en que se jugó un gran fútbol en esa primera parte, pero, al llegar la segunda, también con otra ocasión, que un ariete clásico habría materializado, en la testa de Loren Burón, un jugador con gran clase, pero muy apagado, el equipo perdio tono, ambición, agresividad. ¿Qué sucedió? Pues que los jugadores más dotados y con más presencia del Zamora CF quieren jugar la fase de ascenso y, ante las durísimas entradas de sus rivales, prefirieron guardarse tobillos y resto de osamenta de lesiones graves que acabasen, antes de tiempo, con su protagonismo en el play off. Y Cano también lo sabía. Y fue aligerando el césped de gentes esenciales para optar al ascenso: Abde, Losada, Ramos, Márquez. Quizá también debería haber dado salida a gente como Sergi López y Athuman, pero el técnico granadino tiene su propia visión del asunto. Quizá jueguen en Guecho.
El Cacereño disparó tres veces a puerta y marcó dos tantos, pero sin elaborar jugadas ofensivas. Los centrales rojiblancos no entraron con idéntica fuerza y poderío como en anteriores compromisos. Inexplicable que Luismi y Erik permitieran esos remates, porque habían asumido que ir al cuerpo a cuerpo ante los verdes, como suelen, podría haberles causado lesiones graves en este tramo definitivo de la temporada.
Tampoco se corrió en la segunda mitad como en la primera, salvo Carbonell y Sancho. No hubo ayudas, no hubo solidaridad. Tampoco futbolistas tan ofensivos como Codina o Abde o Losada, tras recibir entradas complicadas en la primera entrega, mostraron su calidad y esfuerzo habituales.
El Cacereño se jugaba la permanencia. Sus futbolistas asumieron que a este Zamora no se le puede ganar si no te colocas peto y espaldar para ir todo, ganar. La derrota se preveía, porque formaba parte de lógica. El éxito solo llegaría si apostabas a todo o nada. Cuando te juegas tanto, el cerebro envía señales que el resto del organismo registra como razón de vida. La escuadra verde jugó el único fútbol que le daría rendimiento: fuerza, excesiva, y honor, el del triunfo. El Zamora eligió no arriesgar otra victoria a cambio de perder opciones de ascenso. No hay más. Yo sigo confiando en esta plantilla y en su poderío físico y técnico.
Otra cuestión es que haya aficionados para los que el partido del domingo causara daño moral y restara esperanza en el ascenso. Se perdió imagen, pero solo fue algo epidérmico.
Fotografías: Esteban Pedrosa
Buena parte de los aficionados al fútbol suelen quedarse en la epidermis de los partidos. Miran, pero solo ven lo fácil, lo sencillo, lo que carece de complejidad. He escuchado y leído análisis paupérrimos sobre la derrota ante el Cacereño. Incluso hay ya hinchada que considera que no hay plantilla para el ascenso. De monja a ramera en un santiamén. Adelanto que sigo considerando que Óscar Cano posee mimbres de calidad para alcanzar la Segunda División.
Pero voy a intentar profundizar en lo sucedido el domingo en el Ruta de la Plata y el punto de inflexión en el juego de la escuadra rojiblanca entre una excelente primera entrega y una pasable segunda. ¿Qué sucedió? Diré, en principio, que el Zamora tuvo cuatro claras ocasiones, entre ellas el gol, en los primeros 45 minutos; pero se tiró entre los tres palos mal o el portero extremeño, como el del Lugo la anterior jornada, lo bendijo el dios del fútbol, que no sé como se llama. Codina, Losada y Mario pudieron colocar tres tantos antes de marcar Márquez.
Insisto en que se jugó un gran fútbol en esa primera parte, pero, al llegar la segunda, también con otra ocasión, que un ariete clásico habría materializado, en la testa de Loren Burón, un jugador con gran clase, pero muy apagado, el equipo perdio tono, ambición, agresividad. ¿Qué sucedió? Pues que los jugadores más dotados y con más presencia del Zamora CF quieren jugar la fase de ascenso y, ante las durísimas entradas de sus rivales, prefirieron guardarse tobillos y resto de osamenta de lesiones graves que acabasen, antes de tiempo, con su protagonismo en el play off. Y Cano también lo sabía. Y fue aligerando el césped de gentes esenciales para optar al ascenso: Abde, Losada, Ramos, Márquez. Quizá también debería haber dado salida a gente como Sergi López y Athuman, pero el técnico granadino tiene su propia visión del asunto. Quizá jueguen en Guecho.
El Cacereño disparó tres veces a puerta y marcó dos tantos, pero sin elaborar jugadas ofensivas. Los centrales rojiblancos no entraron con idéntica fuerza y poderío como en anteriores compromisos. Inexplicable que Luismi y Erik permitieran esos remates, porque habían asumido que ir al cuerpo a cuerpo ante los verdes, como suelen, podría haberles causado lesiones graves en este tramo definitivo de la temporada.
Tampoco se corrió en la segunda mitad como en la primera, salvo Carbonell y Sancho. No hubo ayudas, no hubo solidaridad. Tampoco futbolistas tan ofensivos como Codina o Abde o Losada, tras recibir entradas complicadas en la primera entrega, mostraron su calidad y esfuerzo habituales.
El Cacereño se jugaba la permanencia. Sus futbolistas asumieron que a este Zamora no se le puede ganar si no te colocas peto y espaldar para ir todo, ganar. La derrota se preveía, porque formaba parte de lógica. El éxito solo llegaría si apostabas a todo o nada. Cuando te juegas tanto, el cerebro envía señales que el resto del organismo registra como razón de vida. La escuadra verde jugó el único fútbol que le daría rendimiento: fuerza, excesiva, y honor, el del triunfo. El Zamora eligió no arriesgar otra victoria a cambio de perder opciones de ascenso. No hay más. Yo sigo confiando en esta plantilla y en su poderío físico y técnico.
Otra cuestión es que haya aficionados para los que el partido del domingo causara daño moral y restara esperanza en el ascenso. Se perdió imagen, pero solo fue algo epidérmico.
Fotografías: Esteban Pedrosa
















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