DENUNCIA
Abandono y falta de mantenimiento municipal en la pasarela de la isla de Las Pallas
El deterioro de la estructura de madera supone un riesgo real para los peatones y evidencia un patrón de gestión que acaba convirtiendo pequeñas intervenciones en grandes obras sufragadas con dinero público.
La dejada situación de la pasarela de la isla de Las Pallas vuelve a poner de manifiesto una realidad demasiado habitual en Zamora: la falta de mantenimiento preventivo por parte del Ayuntamiento, que deja deteriorar sus infraestructuras hasta que el problema alcanza dimensiones mucho mayores y obliga a acometer costosas actuaciones. El máximo exponente de esta forma de actuar es el Puente de Hierro, donde años de abandono sin aplicar los tratamientos anticorrosivos básicos han desembocado en la necesidad de una reforma integral presupuestada en torno a 4,25 millones de euros. Una intervención que, por cierto, lleva años anunciada y aún no ha arrancado: el propio alcalde ha reconocido que el puente lleva quince años en mal estado y que el expediente sigue pendiente de autorizaciones administrativas, mientras la oposición denuncia que podrían transcurrir hasta cuatro años desde el inicio del mandato sin que las obras se adjudiquen.
La situación que ahora se repite en la isla de Las Pallas sigue el mismo guion. Hace aproximadamente un cuarto de siglo, coincidiendo con la remodelación de la ribera derecha del Duero que transformó la orilla tal como hoy la conocemos, se intervino también en este enclave. Para facilitar el acceso se instalaron dos estructuras: un puente metálico con tablero de hormigón en la parte superior, y una pasarela de madera en la parte inferior, más integrada en el entorno natural del ramal fluvial.
Es precisamente esta pasarela de madera la que presenta hoy un estado de deterioro evidente. La exposición continuada a la humedad propia del entorno y a las inclemencias del tiempo, unida a la falta de un mantenimiento mínimo, ha acelerado un envejecimiento que ahora resulta imposible ignorar. Una mano de tratamiento protector a tiempo habría bastado para prolongar considerablemente su vida útil. El problema se concentra especialmente en las barandillas: la madera aparece abierta y astillada en numerosos puntos, con riesgo real de que cualquier usuario que se apoye o simplemente roce la estructura sufra cortes o se clave una astilla.
Cabe recordar, además, que la pasarela de madera no es un elemento aislado: da acceso a la isla de Las Pallas, desde la que se llega a su vez, a la isla del Club Náutico, situada en medio del Duero frente al paseo de los Tres Árboles. Esta segunda isla es de titularidad municipal, y su explotación se ha realizado siempre bajo concesión administrativa. Esa concesión, de 75 años de duración, plazo máximo legal que no admite prórroga alguna, expiró en abril de 2026. La fecha era perfectamente conocida desde décadas atrás, lo que hace aún menos comprensible que el Ayuntamiento no haya tenido lista a tiempo una nueva licitación. Extinguida la concesión, el terreno revierte al Consistorio, que deberá convocar un concurso público con un pliego de condiciones ajustado a la legalidad vigente y con un canon actualizado a los valores actuales de mercado, muy distintos de la cantidad simbólica que rigió durante décadas. La dilación en resolver esta situación genera un vacío jurídico que, en el mejor de los casos, retrasa la solución y, en el peor, abre la puerta a que los plazos se manejen en beneficio de intereses particulares al margen de cualquier proceso transparente.
Se considera urgente que el Ayuntamiento actúe de forma inmediata sobre la pasarela para garantizar la seguridad de quienes la utilizan a diario, y que lo haga antes de que una reparación todavía sencilla y económica se convierta, como ha sucedido con el Puente de Hierro, en otra obra de gran envergadura financiada, una vez más, con el dinero de todos los zamoranos.

La dejada situación de la pasarela de la isla de Las Pallas vuelve a poner de manifiesto una realidad demasiado habitual en Zamora: la falta de mantenimiento preventivo por parte del Ayuntamiento, que deja deteriorar sus infraestructuras hasta que el problema alcanza dimensiones mucho mayores y obliga a acometer costosas actuaciones. El máximo exponente de esta forma de actuar es el Puente de Hierro, donde años de abandono sin aplicar los tratamientos anticorrosivos básicos han desembocado en la necesidad de una reforma integral presupuestada en torno a 4,25 millones de euros. Una intervención que, por cierto, lleva años anunciada y aún no ha arrancado: el propio alcalde ha reconocido que el puente lleva quince años en mal estado y que el expediente sigue pendiente de autorizaciones administrativas, mientras la oposición denuncia que podrían transcurrir hasta cuatro años desde el inicio del mandato sin que las obras se adjudiquen.
La situación que ahora se repite en la isla de Las Pallas sigue el mismo guion. Hace aproximadamente un cuarto de siglo, coincidiendo con la remodelación de la ribera derecha del Duero que transformó la orilla tal como hoy la conocemos, se intervino también en este enclave. Para facilitar el acceso se instalaron dos estructuras: un puente metálico con tablero de hormigón en la parte superior, y una pasarela de madera en la parte inferior, más integrada en el entorno natural del ramal fluvial.
Es precisamente esta pasarela de madera la que presenta hoy un estado de deterioro evidente. La exposición continuada a la humedad propia del entorno y a las inclemencias del tiempo, unida a la falta de un mantenimiento mínimo, ha acelerado un envejecimiento que ahora resulta imposible ignorar. Una mano de tratamiento protector a tiempo habría bastado para prolongar considerablemente su vida útil. El problema se concentra especialmente en las barandillas: la madera aparece abierta y astillada en numerosos puntos, con riesgo real de que cualquier usuario que se apoye o simplemente roce la estructura sufra cortes o se clave una astilla.
Cabe recordar, además, que la pasarela de madera no es un elemento aislado: da acceso a la isla de Las Pallas, desde la que se llega a su vez, a la isla del Club Náutico, situada en medio del Duero frente al paseo de los Tres Árboles. Esta segunda isla es de titularidad municipal, y su explotación se ha realizado siempre bajo concesión administrativa. Esa concesión, de 75 años de duración, plazo máximo legal que no admite prórroga alguna, expiró en abril de 2026. La fecha era perfectamente conocida desde décadas atrás, lo que hace aún menos comprensible que el Ayuntamiento no haya tenido lista a tiempo una nueva licitación. Extinguida la concesión, el terreno revierte al Consistorio, que deberá convocar un concurso público con un pliego de condiciones ajustado a la legalidad vigente y con un canon actualizado a los valores actuales de mercado, muy distintos de la cantidad simbólica que rigió durante décadas. La dilación en resolver esta situación genera un vacío jurídico que, en el mejor de los casos, retrasa la solución y, en el peor, abre la puerta a que los plazos se manejen en beneficio de intereses particulares al margen de cualquier proceso transparente.
Se considera urgente que el Ayuntamiento actúe de forma inmediata sobre la pasarela para garantizar la seguridad de quienes la utilizan a diario, y que lo haga antes de que una reparación todavía sencilla y económica se convierta, como ha sucedido con el Puente de Hierro, en otra obra de gran envergadura financiada, una vez más, con el dinero de todos los zamoranos.


















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