Ilia Galán
Viernes, 22 de Mayo de 2026
DEMOCRACIA

Los de arriba

¿Y nosotros..., qué? ¿Qué importamos en este lío internacional de guerras y misiles, subidas de precios que a casi nadie interesan? ¿Acaso no vivimos en democracia? Si fuera realmente el gobierno del pueblo, como dicen manuales y constituciones no ocurriría lo que vemos, no solo en España, en muchos países de Europa, sino también en EEUU.

 

El pueblo no quiere guerras ni invertir en armas, ni que su economía mengüe y las necesidades hospitalarias, de educación, de carreteras o sistemas ferroviarios se abandonen. Pero basta un vistazo a la escena internacional para comprobar, demostrado por los hechos, que los sistemas democráticos funcionan al mínimo, solo para votar una vez cada cuatro años, y luego los políticos nos dejan abandonados, entregándose a los intereses del partido, del grupito, de la casta o de la mafia en la que insertos se mueven.

 

No todos tienen que ser perversos y hay quienes buscan el bien común, cumpliendo con su país, pero el sistema está torcido, pervertido. Con Trump, como presidente del país más fuerte del mundo comprobamos cómo millones de habitantes son dirigidos contra su voluntad a conflictos que no quieren, pues había prometido no meterlos en guerras, y lo ha hecho desbaratando con el conflicto iraní a todo el planeta, ya que todos sufrimos el cierre del tráfico marítimo, los excesivos precios de los fertilizantes y otros productos en todos los continentes. Vivimos sistemas demasiado personalistas, como cuando los reyes absolutistas mandaban, acercándonos a nuevas formas de tiranía.

 

Es así fundamental que las cabezas de las naciones sean elegidas entre los mejores, pero vemos que los partidos no tienen buenos filtros. Sorprendentemente, se diría que en China, sometida a la tiranía del partido y su presidente, tienen alguien al frente capaz de manejar incluso las situaciones más difíciles, declarando: "mejor que competir y luchar, haciéndose todos daño, es colaborar y ser socios, ayudarse mutuamente". El sentido común lo certifica: no a las guerras comerciales y menos a las sangrientas con armas convencionales o con atómicos misiles, pues todos pierden, perdemos. Cuando las personas valiosas, sensatas, eficaces alcanzan la cúspide de las instituciones parece más fácil lograr lo más conveniente. Por eso habría que cambiar el sistema de selección de candidatos en los partidos, que haya unos requisitos en conocimientos, carácter y habilidades, capacidades para el gobierno. Frenar a dementes, malvados o ambiciosos peligrosos, expulsarlos. Un loco arriba puede destruir a millones abajo; uno sensato, en cambio, suele hacer prosperar a las naciones, no solo a la suya.

 

El planeta ahora es especialmente interdependiente, una crisis en un extremo puede derrumbar a los del otro. La política hispánica ha demostrado que logra alzar sobre todos a algunos de los peores; no fueron expelidos, sino que gobernaron con estúpido imperio sobre todos. Es necesario cambiar la selección de candidatos al gobierno.

 

Ilia Galán

 Catedrático de Estética y Teoría de las Artes Humanidades: Geografía, Historia y Arte Universidad Carlos III de Madrid /Full Professor in Aesthetics and Theory of Art Humanities

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