REFLEXIONES
Zamora busca en el medioevo, Romería de la Hiniesta, su esencia
Eugenio-Jesús de Ávila
Zamora, ciudad y provincia, conserva tradiciones centenarias porque el Estado decidió que esta provincia fuese, eternamente, agroganadera, pero sin terratenientes, propietarios de cientos de hectáreas, ni enormes establos de porcino, ni vaquerías industriales. La industrialización obliga a los ciudadanos a mirar siempre hacia adelante y olvidarse del pretérito. Una economía decimonónica condiciona regresar al pasado para recoger el mensaje del tiempo, de una civilización desaparecida a la que acude para sentirse con vida, para regresar a las raíces y saborear la savia que alimenta a toda sociedad subdesarrollada. Las mascaradas, las romerías y las semanas santas perduran porque Zamora permanece detenida en el reloj de Cronos.
Hoy, en un día que podría ser hermano de julio o agosto, mientras los campos presumían de verde y las avecillas trinaban entre el caminar los romeros, se celebró la Romería de la Hiniesta que todos los Lunes de Pentecostés vuelve del túnel del tiempo para mover la memoria colectiva de esta ciudad que padece una inactividad económica extraordinaria y una despoblación galopante.
A finales del franquismo, a la Romería de la Hiniesta apenas asistía gente. La tradición centenaria necesitaba buscar en la historia para recobrar importancia, categoría y potencia. Sería Conrado Eguaras, al que siempre guardo en mi memoria, y Florián Ferrero, el medievalista que construyó un vínculo con la historia, los que convirtieron esta romería centenaria en reunión, paseo, peregrinación colectiva de los católicos zamoranos de la capital, si bien, como sucede con la Semana Santa, agnósticos y ateos acuden a la convocatoria de la historia.
La Romería de La Hiniesta es, por lo tanto, la fusión de la Zamora que se nos fue con la Zamora que camina quizá hacia ninguna parte.
Convencido estoy de que, si Zamora hubiera sido designada por los gobiernos de la dictadura y democracia como ciudad industrial, la Romería de la Hiniesta solo sería motivo de estudio de historiadores del medioevo.
Fotografía: Esteban Pedrosa
Eugenio-Jesús de Ávila
Zamora, ciudad y provincia, conserva tradiciones centenarias porque el Estado decidió que esta provincia fuese, eternamente, agroganadera, pero sin terratenientes, propietarios de cientos de hectáreas, ni enormes establos de porcino, ni vaquerías industriales. La industrialización obliga a los ciudadanos a mirar siempre hacia adelante y olvidarse del pretérito. Una economía decimonónica condiciona regresar al pasado para recoger el mensaje del tiempo, de una civilización desaparecida a la que acude para sentirse con vida, para regresar a las raíces y saborear la savia que alimenta a toda sociedad subdesarrollada. Las mascaradas, las romerías y las semanas santas perduran porque Zamora permanece detenida en el reloj de Cronos.
Hoy, en un día que podría ser hermano de julio o agosto, mientras los campos presumían de verde y las avecillas trinaban entre el caminar los romeros, se celebró la Romería de la Hiniesta que todos los Lunes de Pentecostés vuelve del túnel del tiempo para mover la memoria colectiva de esta ciudad que padece una inactividad económica extraordinaria y una despoblación galopante.
A finales del franquismo, a la Romería de la Hiniesta apenas asistía gente. La tradición centenaria necesitaba buscar en la historia para recobrar importancia, categoría y potencia. Sería Conrado Eguaras, al que siempre guardo en mi memoria, y Florián Ferrero, el medievalista que construyó un vínculo con la historia, los que convirtieron esta romería centenaria en reunión, paseo, peregrinación colectiva de los católicos zamoranos de la capital, si bien, como sucede con la Semana Santa, agnósticos y ateos acuden a la convocatoria de la historia.
La Romería de La Hiniesta es, por lo tanto, la fusión de la Zamora que se nos fue con la Zamora que camina quizá hacia ninguna parte.
Convencido estoy de que, si Zamora hubiera sido designada por los gobiernos de la dictadura y democracia como ciudad industrial, la Romería de la Hiniesta solo sería motivo de estudio de historiadores del medioevo.
Fotografía: Esteban Pedrosa

















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