COSAS MÍAS
No soy malo del todo
Eugenio-Jesús de Ávila
Los tiempos están cambiando fue el título de una canción de Bob Dylan a finales de los 60. Tanto que nos ha abrazado el verano en el florido mes de mayo. Más piel y menos ropa. Nos descubrimos por fuera, pero seguimos ocultando cómo somos por dentro. Quizá porque no nos conocemos. En la ciudad pequeñas, las gentes se distraen más mirando alrededor que observando lo que guardan en su ser, su esencia.
Quizá, en verano, se piense menos que en los meses que son patrimonio de Eolo, en las estaciones de las nieblas y las heladas. Hay personas que nunca piensan, porque duele y les da miedo la vida, incluso más que la muerte. Schopenhauer lo sabía y lo escribió. A mí, desde hace tiempo, me dio por juzgarme cuando Morfeo intentaba seducirme. Y, casi siempre, me condeno. Ahora bien, al pasar de los años, pecas menos y de una manera venial. Las grandes traiciones a ti mismo acontecen cuando tu epidermis luce como los pétalos de una rosa blanca esperando al ruiseñor de Óscar Wilde. De mayor, te da pereza incluso hacer putadas al prójimo y cometer felonía contigo mismo. A mi edad priorizo no hacer mal antes que practicar el bien. Y es que no soy malo del todo.
Y, en breve, me iré a besar a mi almohada sobre mi lecho de sueños. Me aguarda la soledad con sus brazos de sombra.
Eugenio-Jesús de Ávila
Los tiempos están cambiando fue el título de una canción de Bob Dylan a finales de los 60. Tanto que nos ha abrazado el verano en el florido mes de mayo. Más piel y menos ropa. Nos descubrimos por fuera, pero seguimos ocultando cómo somos por dentro. Quizá porque no nos conocemos. En la ciudad pequeñas, las gentes se distraen más mirando alrededor que observando lo que guardan en su ser, su esencia.
Quizá, en verano, se piense menos que en los meses que son patrimonio de Eolo, en las estaciones de las nieblas y las heladas. Hay personas que nunca piensan, porque duele y les da miedo la vida, incluso más que la muerte. Schopenhauer lo sabía y lo escribió. A mí, desde hace tiempo, me dio por juzgarme cuando Morfeo intentaba seducirme. Y, casi siempre, me condeno. Ahora bien, al pasar de los años, pecas menos y de una manera venial. Las grandes traiciones a ti mismo acontecen cuando tu epidermis luce como los pétalos de una rosa blanca esperando al ruiseñor de Óscar Wilde. De mayor, te da pereza incluso hacer putadas al prójimo y cometer felonía contigo mismo. A mi edad priorizo no hacer mal antes que practicar el bien. Y es que no soy malo del todo.
Y, en breve, me iré a besar a mi almohada sobre mi lecho de sueños. Me aguarda la soledad con sus brazos de sombra.
















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