Laura Fernández Salvador
Lunes, 01 de Junio de 2026
IDA Y VUELTA

Subirse al tren

Laura Fernández Salvador

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Todos hemos escuchado alguna vez la importancia de “subirse al tren”, de no dejar pasar oportunidades y de aprovechar el momento cuando la vida te ofrece una buena ocasión. Pero más allá de la frase hecha, la realidad es que a tren pasado no sabemos si el destino era el que queríamos. Unas cuantas dudas razonables que todo el mundo acumula cuando llega a cierta edad.


Sin embargo, en Zamora el tren que pasa es diferente. O más bien el tren que se nos prometió, al que nos teníamos que subir. Cuando yo vivía en Madrid, no hace tantos años, ya empecé a disfrutar de ese tren, uno que me traía a Zamora en una hora y media, que tenía unos precios razonables, y con unos horarios bastante decentes, que en mi caso no me permitían trabajar allí y vivir aquí, pero sí venir con relativa frecuencia y con la comodidad que ofrece este medio de transporte. Ese tren era el Alvia, y era el que precedía al ansiado AVE, que llegaría pocos años después, y con el que acortarían más los tiempos para llegar a la última posibilidad soñada, trabajar en Madrid, y vivir en Zamora. 


Ya de aquellas, sobre el 2018/ 2019, recuerdo que viví en varias ocasiones con impotencia como los billetes desde la capital hasta Ourense eran más baratos que a Zamora. Me acuerdo de comprarlo hasta tierras gallegas y bajarme en Zamora para ahorrarme un dinero. Sin embargo, al contrario no podía hacerlo, ya que con el billete Ourense-Madrid no me dejaban subirme en la estación de Zamora, así que en más de una ocasión pagué más por mi billete que los gallegos que venían en mi tren con más recorrido hecho. 
Un adelanto de lo que nos vendría después.


Ahora, ya con el AVE, vemos como las frecuencias bajan, y como se suprimen paradas en nuestras estaciones de Zamora y Sanabria, grandes castigadas junto otras pequeñas localidades vecinas. España vaciada, para que se acabe de vaciar.


Pero los gallegos ya pesaban entonces, y siguen pesando. 


Y los zamoranos nos sentimos solos y defraudados.


Yo ya regresé a Zamora, con gran esfuerzo, y poca ayuda. Pero no me quiero callar, porque tengo una hija y pienso en su futuro. Y, o bien decide irse a vivir a Madrid a trabajar, o a Galicia, vete tú a saber, que estará muy bien conectada.
 

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