José Antonio Ávila López
Jueves, 04 de Junio de 2026
NOTAS DEL PENSAMIENTO

Goya, Maeztu y el alma

José Antonio Ávila López

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Ya pasaron los días 2 y 3 mayo, los días de la heroica resistencia del pueblo madrileño en el año 1808 contra las tropas de Napoleón que ocuparon España, y me vienen a la memoria los cuadros de Francisco de Goya sobre esas fechas tan señaladas, cuadros de un pintor genial al que se le atacó por “traidor afrancesado”, mientras él se consideraba “español hasta la médula de mis huesos, hasta los tuétanos”. Lo que hizo Goya fue conseguir un muy buen retrato de una época española en que, reinando los Borbones y bajo la amenazadora sombra de la Revolución Francesa, empieza a desmoronarse la antigua España, a la que se aferraban la vieja nobleza y el poderoso clero. Ese fue el mundo en que vivió Goya, amoldándose y manteniéndose independiente, cosa que al mismo tiempo era un logro casi sobrenatural. El pintor aragonés no  sólo fue el pintor de Corte lisonjeado y apreciado, sino también el conocedor de la naturaleza humana, el crítico que se adelantó un siglo a su tiempo y que, perseguido por el Gran Inquisidor y porque tenía mucho carácter y bastante desorden social, terminó su vida sordo, decepcionado y solo en el exilio francés, en Burdeos, donde murió, a los 82 años, el 16 de abril de 1828, y es que probablemente fue su alma la que le impulsó tanto. Ampliando el campo, yendo de lo individual a lo colectivo, creo que es bueno indicar aquello que un día escribió Ramiro de Maeztu ya en el siglo XX : “El alma del hombre necesita de perspectivas infinitas, hasta para resignarse a limitaciones cotidianas”, es decir, que lo que ahora echamos de menos los españoles, lo tuvimos hasta que en el siglo XVIII lo perdimos, y lo que perdimos fue “un gran fin nacional”. Ahora viene el tema del alma, que dicen que es la esencia inmaterial, un principio vital o entidad espiritual que según diversas tradiciones filosóficas, religiosas y teológicas, habita en los seres vivos. Ramiro de Maeztu, refiriéndose a Francisco de Goya, decía que “el hombre necesita trascender”, y creo que en gran medida Maeztu tenía razón, ya que “el ser humano soporta mejor lo finito cuando intuye algo infinito”. Goya pensaba correctamente cuando decía que “no vivimos sólo de pan, horarios y pagos..., también vivimos de sentido, de horizontes y de promesas”. Ahí queda.

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