FASE DE ASCENSO A SEGUNDA DIVISIÓN
El éxito del Zamora CF no fue un milagro, sino comunión entre afición y club
E. Navascués de Zubiría
¿Milagro en el Ruta de la Plata el 7 de junio de 2026, en pleno ocaso del sol? En absoluto. En el estadio municipal no se produjo un milagro, sino la comunión, conjunción y vínculo espiritual, mental pues, entre la afición rojiblanca, más de 7.000 zamoranos, jugadores, entrenador, cuerpo técnico y propiedad. Mística. Una vez que se asimiló y metabolizó la derrota en el partido de ida, que la escuadra rojiblanca y su técnico y equipo de trabajo y, por supuesto, la afición creyó que el Villarreal no era el PSG y que, además, la plantilla contaba con potencial suficiente para superar la eliminatoria, el triunfo era posible. Durante toda la semana, todos, socios y seguidores mostraron una fe inquebrantable en los suyos, sembrada ya por los 300 hinchas que se desplazaron a tierras castellonenses. Todos -reitero- deseamos que el encuentro de vuelta se jugase ya, casi al día siguiente. Hubo una ansiedad positiva en la afición y creo que también en la plantilla, un deseo que quería transformarse en realidad. Y así fue.
No hubo atisbo alguno de milagro, porque no se patentizó una intervención sobrenatural, sino trabajo, calidad y fe, no religiosa, sino algo superior, la que se apodera de todo cerebro humano para alcanzar metas cercanas a la utopía.
Cano comprendió por qué se perdió en el partido de ida. De tal manera, para obstaculizar las bandas del equipo amarillo, su mejor arma, además de la fortaleza física de su zaga, había que jugar con dos extremos que apoyaran en defensa a sus laterales. De ahí la titularidad de Sancho en detrimento de Mario García, importantísimo desde que saltó al campo en la segunda entrega. Así el Villarreal apenas percutió en el área rojiblanca, donde Fermín se ocupó más de sacar de puerta, muy bien, por cierto, que de realizar intervenciones extraordinarias. No recuerdo una sola parada del riojano, ya un mito para la afición.
Ni un segundo de estudio perdió el Zamora en lanzarse a por el Villarreal. Se jugó un cuarto de hora excepcional, con oportunidades, para después llegar el tanto de Ramos, más otras acciones muy peligrosas en fútbol estático y centros desde las bandas. El Zamora mandó siempre, porque el Villarreal tiene un centro del campo y una defensa físicamente de impresión, pero carece de un pensador, de un hombre que imponga el ritmo y la cadencia a su equipo.
La roja, clarísima, aunque no quisiera, del mejor jugador amarillo, Gaitán, dejó al Villarreal abierto a la derrota, porque se quedó sin su estilete y con un hombre menos ante un equipo de posesos, de cátaros, lanzado a por todas.
Y lo esencial. Este triunfo histórico de los rojiblancos supone un aldabonazo en la conciencia colectiva y política de nuestra tierra, de nuestra ciudad. Guarido comprendería ayer la importancia que el fútbol representa, económica y socialmente, para Zamora. Que imagine el regidor los rendimientos que recibiría la ciudad si su club ascendiese a Segunda División. El fútbol es un fenómeno de masas, de conservadores y izquierdistas, al que nadie debe ser ajeno. Deporte al que se acercaron siempre intelectuales de enorme prestigio mundial, porque el triunfo de cualquier equipo de fútbol se basa en la unión, en el trabajo colectivo, pero también necesita del genio individual. Tal cual la sociedad humana.
En próximos días, analizaré lo que pienso sobre el Sabadell, el último obstáculo para el ascenso. Adelanto: no me da miedo, porque me parece peor equipo que el Villarreal y también que el Castilla. Los arlequinados gozaron de toda la suerte del mundo tanto en Valdebebas como en la Nova Creu Alta. Vale.
Fotografía: Esteban Pedrosa
E. Navascués de Zubiría
¿Milagro en el Ruta de la Plata el 7 de junio de 2026, en pleno ocaso del sol? En absoluto. En el estadio municipal no se produjo un milagro, sino la comunión, conjunción y vínculo espiritual, mental pues, entre la afición rojiblanca, más de 7.000 zamoranos, jugadores, entrenador, cuerpo técnico y propiedad. Mística. Una vez que se asimiló y metabolizó la derrota en el partido de ida, que la escuadra rojiblanca y su técnico y equipo de trabajo y, por supuesto, la afición creyó que el Villarreal no era el PSG y que, además, la plantilla contaba con potencial suficiente para superar la eliminatoria, el triunfo era posible. Durante toda la semana, todos, socios y seguidores mostraron una fe inquebrantable en los suyos, sembrada ya por los 300 hinchas que se desplazaron a tierras castellonenses. Todos -reitero- deseamos que el encuentro de vuelta se jugase ya, casi al día siguiente. Hubo una ansiedad positiva en la afición y creo que también en la plantilla, un deseo que quería transformarse en realidad. Y así fue.
No hubo atisbo alguno de milagro, porque no se patentizó una intervención sobrenatural, sino trabajo, calidad y fe, no religiosa, sino algo superior, la que se apodera de todo cerebro humano para alcanzar metas cercanas a la utopía.
Cano comprendió por qué se perdió en el partido de ida. De tal manera, para obstaculizar las bandas del equipo amarillo, su mejor arma, además de la fortaleza física de su zaga, había que jugar con dos extremos que apoyaran en defensa a sus laterales. De ahí la titularidad de Sancho en detrimento de Mario García, importantísimo desde que saltó al campo en la segunda entrega. Así el Villarreal apenas percutió en el área rojiblanca, donde Fermín se ocupó más de sacar de puerta, muy bien, por cierto, que de realizar intervenciones extraordinarias. No recuerdo una sola parada del riojano, ya un mito para la afición.
Ni un segundo de estudio perdió el Zamora en lanzarse a por el Villarreal. Se jugó un cuarto de hora excepcional, con oportunidades, para después llegar el tanto de Ramos, más otras acciones muy peligrosas en fútbol estático y centros desde las bandas. El Zamora mandó siempre, porque el Villarreal tiene un centro del campo y una defensa físicamente de impresión, pero carece de un pensador, de un hombre que imponga el ritmo y la cadencia a su equipo.
La roja, clarísima, aunque no quisiera, del mejor jugador amarillo, Gaitán, dejó al Villarreal abierto a la derrota, porque se quedó sin su estilete y con un hombre menos ante un equipo de posesos, de cátaros, lanzado a por todas.
Y lo esencial. Este triunfo histórico de los rojiblancos supone un aldabonazo en la conciencia colectiva y política de nuestra tierra, de nuestra ciudad. Guarido comprendería ayer la importancia que el fútbol representa, económica y socialmente, para Zamora. Que imagine el regidor los rendimientos que recibiría la ciudad si su club ascendiese a Segunda División. El fútbol es un fenómeno de masas, de conservadores y izquierdistas, al que nadie debe ser ajeno. Deporte al que se acercaron siempre intelectuales de enorme prestigio mundial, porque el triunfo de cualquier equipo de fútbol se basa en la unión, en el trabajo colectivo, pero también necesita del genio individual. Tal cual la sociedad humana.
En próximos días, analizaré lo que pienso sobre el Sabadell, el último obstáculo para el ascenso. Adelanto: no me da miedo, porque me parece peor equipo que el Villarreal y también que el Castilla. Los arlequinados gozaron de toda la suerte del mundo tanto en Valdebebas como en la Nova Creu Alta. Vale.
Fotografía: Esteban Pedrosa


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.131