FASE DE ASCENSO A SEGUNDA DIVISIÓN
Intrahistoria de la victoria, mínima, del Zamora CF ante el Sabadell
E. Navascués de Zubiría
Empiezo este artículo postcrónica con una pregunta que debería contestarse a sí mismo el aficionado rojiblanco. ¿Es mejor un resultado de 1 a 0 que de 2 a 0? Si respondo, por mi cuenta, que prefiero la victoria mínima, quizá se considere que he perdido la cordura. Pudiera ser, más después del indecente arbitraje del murciano, un colegiado de esos que van minando, con decisiones livianas, a uno de los dos equipos, ayer al Zamora CF. Los empujoncitos de los rojiblancos, faltas; los golpes a Losada, cosas del juego. No sé, a mayores, si hubo pena máxima a Abde en la primera mitad. Estaba muy lejos. No he podido verlo en la televisión.
Y digo que esa mínima diferencia pudiera ser más sutil que la de dos a cero. Me explico. Los de Óscar Cano saldrán a la Nova Creu Alta, ojo avizor. Nada de concesiones. Nada de sosiego. Hay que mantener esa diferencia, pero me parece esencial marcar antes que el Sabadell. Con dos goles de diferencia el jugador, porque así funciona la psique humana, piensa que todo está hecho, que se trata de aguantar y que el tiempo vaya transcurriendo. Y eso dos a cero es siempre muy engañoso. Recuerdo, ha muchos años, esa misma ventaja sobre el Celta Turista, en partido de ascenso, jugado en La Vaguada. ¿Qué les sucedió a Castilla y Villarreal B en los partidos de vuelta de la primera eliminatoria? Pues que se creyeron que todo se había cerrado en Valdebebas y el Mini Estadi. Por lo tanto, la mente colectiva rojiblanca funcionará de manera muy distinta con esa mínima ventaja que si hubiera sacado doble renta.
Y sigo con las preguntas, como si se tratase de un diálogo platónico. ¿Por qué el Zamora perdió la medular y el mando en el campo cuando había transcurrido una hora de juego? Trato también de explicarlo. Los rojiblancos llegaron a este choque decisivo con apenas gasolina física, tras el tremendo esfuerzo realizado frente al Villarreal B, y la gastaron casi toda en una primera mitad portentosa, de la que recogieron escaso fruto: cinco oportunidades clarísimas: tres de Losada, una desvió portero, y otras dos pasaron a centímetros de la línea de gol, más las de Codina, en gran jugada, y Erik, en el área chica. Corolario: se buscaba liquidar el partido y aguantar en la segunda entrega. No sucedió así. A partir de la hora de encuentro, se perdió la medular. Ramos y Lozano retrasaron sus posiciones para quedarse cerca del área propia. Ya apenas hubo contacto con los hombres de ataque, también muy fatigados. Por lo tanto, el Sabadell se hizo con el dominio de la pelota. Tocaron, con comodidad, desde su defensa, pero apenas inquietaron a Fermín. Su mayor peligro, por la banda izquierda, merced a la habilidad de extremo y lateral.
Ni soy optimista, ni pesimista. Solo sé que el Zamora ha tomado ventaja y que llegará al último peldaño de esta escalera al cielo futbolística con mejor tono físico que este día 13 de junio, San Antonio de Padua. Los rojiblancos saben que tienen la gloria muy cerca. Hay una ciudad y una provincia soñando con la Segunda División. “¡Qué sí, joder, que vamos a ascender”!
Fotografía: Esteban Pedrosa
E. Navascués de Zubiría
Empiezo este artículo postcrónica con una pregunta que debería contestarse a sí mismo el aficionado rojiblanco. ¿Es mejor un resultado de 1 a 0 que de 2 a 0? Si respondo, por mi cuenta, que prefiero la victoria mínima, quizá se considere que he perdido la cordura. Pudiera ser, más después del indecente arbitraje del murciano, un colegiado de esos que van minando, con decisiones livianas, a uno de los dos equipos, ayer al Zamora CF. Los empujoncitos de los rojiblancos, faltas; los golpes a Losada, cosas del juego. No sé, a mayores, si hubo pena máxima a Abde en la primera mitad. Estaba muy lejos. No he podido verlo en la televisión.
Y digo que esa mínima diferencia pudiera ser más sutil que la de dos a cero. Me explico. Los de Óscar Cano saldrán a la Nova Creu Alta, ojo avizor. Nada de concesiones. Nada de sosiego. Hay que mantener esa diferencia, pero me parece esencial marcar antes que el Sabadell. Con dos goles de diferencia el jugador, porque así funciona la psique humana, piensa que todo está hecho, que se trata de aguantar y que el tiempo vaya transcurriendo. Y eso dos a cero es siempre muy engañoso. Recuerdo, ha muchos años, esa misma ventaja sobre el Celta Turista, en partido de ascenso, jugado en La Vaguada. ¿Qué les sucedió a Castilla y Villarreal B en los partidos de vuelta de la primera eliminatoria? Pues que se creyeron que todo se había cerrado en Valdebebas y el Mini Estadi. Por lo tanto, la mente colectiva rojiblanca funcionará de manera muy distinta con esa mínima ventaja que si hubiera sacado doble renta.
Y sigo con las preguntas, como si se tratase de un diálogo platónico. ¿Por qué el Zamora perdió la medular y el mando en el campo cuando había transcurrido una hora de juego? Trato también de explicarlo. Los rojiblancos llegaron a este choque decisivo con apenas gasolina física, tras el tremendo esfuerzo realizado frente al Villarreal B, y la gastaron casi toda en una primera mitad portentosa, de la que recogieron escaso fruto: cinco oportunidades clarísimas: tres de Losada, una desvió portero, y otras dos pasaron a centímetros de la línea de gol, más las de Codina, en gran jugada, y Erik, en el área chica. Corolario: se buscaba liquidar el partido y aguantar en la segunda entrega. No sucedió así. A partir de la hora de encuentro, se perdió la medular. Ramos y Lozano retrasaron sus posiciones para quedarse cerca del área propia. Ya apenas hubo contacto con los hombres de ataque, también muy fatigados. Por lo tanto, el Sabadell se hizo con el dominio de la pelota. Tocaron, con comodidad, desde su defensa, pero apenas inquietaron a Fermín. Su mayor peligro, por la banda izquierda, merced a la habilidad de extremo y lateral.
Ni soy optimista, ni pesimista. Solo sé que el Zamora ha tomado ventaja y que llegará al último peldaño de esta escalera al cielo futbolística con mejor tono físico que este día 13 de junio, San Antonio de Padua. Los rojiblancos saben que tienen la gloria muy cerca. Hay una ciudad y una provincia soñando con la Segunda División. “¡Qué sí, joder, que vamos a ascender”!
Fotografía: Esteban Pedrosa














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