ATENEO DE MADRID
El Ateneo en la encrucijada: de la herencia democrática a la quiebra moral “La brújula de la amistad y los referentes de vida”
Francisco José Alonso Rodríguez
La verdadera felicidad, es aquella que resiste los embates del tiempo y las decepciones del camino, reside fundamentalmente en la capacidad de rodearse de buenos amigos y personas íntegras. Hace unos años, durante el transcurso de una comida, el prestigioso cardiólogo español Valentín Fuster me compartió una profunda reflexión: en la vida —me dijo— hay que tener al menos tres personas que nos sirvan de referente. En aquel momento, analizando mi propia trayectoria, elevé la cifra a cuatro. Hoy, sin olvidar a ninguna de ellas, la vida y la resistencia me obligan a añadir nuevos nombres a esa lista de faros éticos.
Personas como Alfonso, Ernesto, Rosa, Millán, Miguel Calvo y, fuera de los muros de nuestra institución, Ignacio "El Empecinado", se han convertido en pilares fundamentales. Son ellos quienes me han devuelto la ilusión propia de la juventud; aquella energía inquebrantable con la que, décadas atrás, luchábamos sin cuartel para que la democracia volviera por fin a España.
Hoy, de manera casi trágica, esa vieja ilusión democrática se ha tenido que reactivar. No por una causa abstracta, sino por una necesidad urgente y compartida por una parte de la masa social ateneísta: la exigencia de que desaparezca de la gestión una figura de tintes dictatoriales y fascistas. Un perfil que, tal y como se le grita abiertamente en las Juntas de Socios, parece haber venido al Ateneo de Madrid con el único propósito de secuestrar sus principios fundacionales, patrimonializar la institución y enriquecerse a costa de su prestigio histórico.
La realidad que se vive en las Juntas de Socios dista mucho del debate intelectual que consagró a esta casa como la Docta Casa. Quien hoy ostenta la presidencia demuestra de forma sistemática una actitud violenta, agresiva y difamadora. Nos encontramos ante un perfil que diversos testimonios definen como un desequilibrado emocional, marcado por vicios y adicciones que terminan proyectándose en su gestión. Su agresividad se hace palpable cuando amenaza a los socios e incumple deliberadamente el Reglamento. Si su intención no era acatar las normas que rigen nuestra convivencia, jamás debió haber cruzado el umbral del Ateneo, y mucho menos mediante una estrategia organizada para ocuparlo.
En las juntas se escucha un clamor doloroso pero necesario: "Eres la persona que le está haciendo más daño al Ateneo que el propio franquismo". Nos enfrentamos, sin paños calientes, al presidente más inculto que ha tenido la institución en toda su historia.
Esta deriva personalista y chabacana utiliza un tono pendenciero y tabernario para dirigirse a todo aquel socio que ose disentir de sus delirios o que denuncie sus constantes violaciones de la legalidad y de los estatutos internos. Una calaña que ha quedado definitivamente al descubierto ante la opinión pública tras los recientes escándalos del llamado "Caso Zapatero".
Este colapso en la cumbre se refleja de manera dramática en la base social. Vivimos en una época que está moldeando a una generación sumamente vulnerable. El cambio sociológico en el Ateneo es desolador:
- El Ateneo histórico: Un espacio de silencio, estudio y excelencia donde los jóvenes se hacían socios para preparar oposiciones, disputar cátedras y exprimir el inmenso valor de su biblioteca.
- El Ateneo actual: Un lugar desvirtuado donde los nuevos perfiles ingresan para ir de "guateque". Se está transformando la Docta Casa en una suerte de Casa del Pueblo en su peor acepción, un espacio de mero ocio festivo donde el consumo de bebida lo invade todo, llegando al extremo de utilizar el emblemático Salón de Actos para el "copeo" y la distracción superflua.
Frente a este descalabro, la coherencia personal y el rigor histórico deben prevalecer. Me honra afirmar que, en mis casi cincuenta años de impecable trayectoria como ateneísta, mantuve firmes mis principios: fui el único que votó en contra del ingreso de José Luis Rodríguez Zapatero en la institución.
Del mismo modo, la ética nos obliga a actuar con contundencia frente a la corrupción. Por ello, he solicitado formalmente que Eduardo Zaplana —un socio de vocación claramente tardía— sea dado de baja de manera inmediata del Ateneo de Madrid, tras haber sido condenado por la justicia por delitos graves cometidos en el ejercicio de sus funciones públicas. El Ateneo no puede ser refugio ni lavado de cara para la indignidad política. Menos aun cuando la actual dirección mantiene una opacidad absoluta respecto a la salud financiera de la casa, sosteniendo un preocupante ocultamiento de las cuentas reales y del alarmante endeudamiento al que están sometiendo nuestro patrimonio común.
El Ateneo de Madrid solo se salvará si se rompe el muro de silencio. Es hora de que los medios de comunicación abandonen la complicidad del ocultamiento y saquen a la luz la cruda realidad de lo que acontece entre estos muros. La sociedad española debe conocer la verdad. Solo la fiscalización pública, la transparencia económica y la salida de una presidencia nociva devolverán al Ateneo el brillo, la cultura y la dignidad que los verdaderos demócratas defendimos en la juventud y seguiremos defendiendo hasta el último día.
Politólogo. - Sociólogo. - Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. - Centro de Estudios Ateneos. - ^Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. Medalla Internacional DD.HH.- Medalla al Honor “Juan Martin ·El Empecinado”.
La verdadera felicidad, es aquella que resiste los embates del tiempo y las decepciones del camino, reside fundamentalmente en la capacidad de rodearse de buenos amigos y personas íntegras. Hace unos años, durante el transcurso de una comida, el prestigioso cardiólogo español Valentín Fuster me compartió una profunda reflexión: en la vida —me dijo— hay que tener al menos tres personas que nos sirvan de referente. En aquel momento, analizando mi propia trayectoria, elevé la cifra a cuatro. Hoy, sin olvidar a ninguna de ellas, la vida y la resistencia me obligan a añadir nuevos nombres a esa lista de faros éticos.
Personas como Alfonso, Ernesto, Rosa, Millán, Miguel Calvo y, fuera de los muros de nuestra institución, Ignacio "El Empecinado", se han convertido en pilares fundamentales. Son ellos quienes me han devuelto la ilusión propia de la juventud; aquella energía inquebrantable con la que, décadas atrás, luchábamos sin cuartel para que la democracia volviera por fin a España.
Hoy, de manera casi trágica, esa vieja ilusión democrática se ha tenido que reactivar. No por una causa abstracta, sino por una necesidad urgente y compartida por una parte de la masa social ateneísta: la exigencia de que desaparezca de la gestión una figura de tintes dictatoriales y fascistas. Un perfil que, tal y como se le grita abiertamente en las Juntas de Socios, parece haber venido al Ateneo de Madrid con el único propósito de secuestrar sus principios fundacionales, patrimonializar la institución y enriquecerse a costa de su prestigio histórico.
La realidad que se vive en las Juntas de Socios dista mucho del debate intelectual que consagró a esta casa como la Docta Casa. Quien hoy ostenta la presidencia demuestra de forma sistemática una actitud violenta, agresiva y difamadora. Nos encontramos ante un perfil que diversos testimonios definen como un desequilibrado emocional, marcado por vicios y adicciones que terminan proyectándose en su gestión. Su agresividad se hace palpable cuando amenaza a los socios e incumple deliberadamente el Reglamento. Si su intención no era acatar las normas que rigen nuestra convivencia, jamás debió haber cruzado el umbral del Ateneo, y mucho menos mediante una estrategia organizada para ocuparlo.
En las juntas se escucha un clamor doloroso pero necesario: "Eres la persona que le está haciendo más daño al Ateneo que el propio franquismo". Nos enfrentamos, sin paños calientes, al presidente más inculto que ha tenido la institución en toda su historia.
Esta deriva personalista y chabacana utiliza un tono pendenciero y tabernario para dirigirse a todo aquel socio que ose disentir de sus delirios o que denuncie sus constantes violaciones de la legalidad y de los estatutos internos. Una calaña que ha quedado definitivamente al descubierto ante la opinión pública tras los recientes escándalos del llamado "Caso Zapatero".
Este colapso en la cumbre se refleja de manera dramática en la base social. Vivimos en una época que está moldeando a una generación sumamente vulnerable. El cambio sociológico en el Ateneo es desolador:
- El Ateneo histórico: Un espacio de silencio, estudio y excelencia donde los jóvenes se hacían socios para preparar oposiciones, disputar cátedras y exprimir el inmenso valor de su biblioteca.
- El Ateneo actual: Un lugar desvirtuado donde los nuevos perfiles ingresan para ir de "guateque". Se está transformando la Docta Casa en una suerte de Casa del Pueblo en su peor acepción, un espacio de mero ocio festivo donde el consumo de bebida lo invade todo, llegando al extremo de utilizar el emblemático Salón de Actos para el "copeo" y la distracción superflua.
Frente a este descalabro, la coherencia personal y el rigor histórico deben prevalecer. Me honra afirmar que, en mis casi cincuenta años de impecable trayectoria como ateneísta, mantuve firmes mis principios: fui el único que votó en contra del ingreso de José Luis Rodríguez Zapatero en la institución.
Del mismo modo, la ética nos obliga a actuar con contundencia frente a la corrupción. Por ello, he solicitado formalmente que Eduardo Zaplana —un socio de vocación claramente tardía— sea dado de baja de manera inmediata del Ateneo de Madrid, tras haber sido condenado por la justicia por delitos graves cometidos en el ejercicio de sus funciones públicas. El Ateneo no puede ser refugio ni lavado de cara para la indignidad política. Menos aun cuando la actual dirección mantiene una opacidad absoluta respecto a la salud financiera de la casa, sosteniendo un preocupante ocultamiento de las cuentas reales y del alarmante endeudamiento al que están sometiendo nuestro patrimonio común.
El Ateneo de Madrid solo se salvará si se rompe el muro de silencio. Es hora de que los medios de comunicación abandonen la complicidad del ocultamiento y saquen a la luz la cruda realidad de lo que acontece entre estos muros. La sociedad española debe conocer la verdad. Solo la fiscalización pública, la transparencia económica y la salida de una presidencia nociva devolverán al Ateneo el brillo, la cultura y la dignidad que los verdaderos demócratas defendimos en la juventud y seguiremos defendiendo hasta el último día.
Politólogo. - Sociólogo. - Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. - Centro de Estudios Ateneos. - ^Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. Medalla Internacional DD.HH.- Medalla al Honor “Juan Martin ·El Empecinado”.
















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