DENUNCIA
El sumidero verde de Zamora, un proyecto ruinoso que se seca a golpe de talonario
El plan de renaturalización municipal se convierte en un bucle de gasto y reposiciones que no alivian el calor de la ciudad.
Con las olas de calor extremo que venimos padeciendo en Zamora, los ciudadanos agradeceríamos desesperadamente cualquier intervención urbanística que contribuyera, aunque fuera mínimamente, a refrescar las calles. Desde el Consistorio decidieron gastar una ingente cantidad de dinero público en el proyecto RenaturaliZA, financiado con fondos europeos. Sin embargo, lo que se anunció a bombo y platillo como una inversión de futuro para mejorar el confort térmico ha resultado ser un fiasco colosal. No solo se ha derrochado el dinero en estructuras inútiles que no sirven para nada, sino que el proyecto se ha convertido en un pozo sin fondo debido a la constante necesidad de reponer plantas que, sistemáticamente, se mueren o desaparecen.
Un ejemplo flagrante de este despilfarro son los 127.800 euros adjudicados a la empresa A Scala para la instalación de supuestos jardines suspendidos y techos verdes sobre marquesinas en zonas como el parque de San Martín, la plaza de Castilla y León y el acceso al parking de La Marina. Las imágenes del proyecto y la realidad a pie de calle muestran un panorama desolador: tepes marchitos, plantas trepadoras secas y un impacto térmico absolutamente nulo. El Ayuntamiento insistía en que eran variedades adaptadas, pero la realidad demuestra que los sustratos ligeros no aguantan el rigor de nuestro clima. Lo grave no es solo el coste inicial de la obra, sino que la incapacidad de estas estructuras para mantener viva la vegetación obliga a un mantenimiento y a unas reposiciones asiduas que engordan una factura que pagamos todos los zamoranos, sin obtener a cambio ni un solo metro de sombra real.
Este bucle de gasto absurdo se repite en el eje peatonal de Santa Clara y el entorno del centro. Los llamados jardines verticales, concebidos como una espalda vegetal colocada junto a los bancos, se han convertido en un auténtico adefesio debido a una alarmante falta de previsión. Por un lado, el clima extremo ha fulminado las plantas en soportes tan reducidos. Por otro, muchas han ido desapareciendo porque la gente se las lleva, algo que cualquier gestor con dos dedos de frente habría previsto para blindar la inversión. Pero el colmo del sinsentido es que, en varios casos, estos jardines verticales se han instalado justo debajo de árboles ya consolidados. Colocar una costosa estructura artificial para buscar frescor bajo la copa de un árbol que ya proporciona, de forma natural, más sombra y bienestar del que jamás dará ese armatoste, quita toda la razón de ser al proyecto y evidencia una ejecución carente de la más mínima lógica urbanística.
La respuesta municipal ante estos fallos de diseño no ha sido corregir el modelo, sino volver a gastar dinero en reponer periódicamente los elementos perdidos o secos. El caso de la estructura de la Plaza de Hacienda es otra muestra de este desarrollo irregular, con maceteros elevados que presentan una cobertura raquítica que no alcanza el efecto visual ni la función de una verdadera barrera verde. Si una infraestructura catalogada de sostenible requiere un goteo constante de dinero público para reponer planta viva desde el primer día, deja de ser ecología para convertirse en un negocio ruinoso.
Las plantas secas y los maceteros vacíos que vemos a diario demuestran que estas intervenciones de renaturalización no funcionan y que el dinero se está evaporando bajo el sol. El verde urbano no puede ser una foto de campaña para justificar el uso de fondos europeos ni un pretexto para adjudicar contratos de mantenimiento infinito. Los ciudadanos necesitamos soluciones reales contra el calor, no un escaparate de cartón que se seca a los pocos meses y que nos cuesta una fortuna mantener en pie. De momento, el frescor prometido se ha quedado en agua de borrajas y las arcas públicas, un poco más vacías.

Con las olas de calor extremo que venimos padeciendo en Zamora, los ciudadanos agradeceríamos desesperadamente cualquier intervención urbanística que contribuyera, aunque fuera mínimamente, a refrescar las calles. Desde el Consistorio decidieron gastar una ingente cantidad de dinero público en el proyecto RenaturaliZA, financiado con fondos europeos. Sin embargo, lo que se anunció a bombo y platillo como una inversión de futuro para mejorar el confort térmico ha resultado ser un fiasco colosal. No solo se ha derrochado el dinero en estructuras inútiles que no sirven para nada, sino que el proyecto se ha convertido en un pozo sin fondo debido a la constante necesidad de reponer plantas que, sistemáticamente, se mueren o desaparecen.
Un ejemplo flagrante de este despilfarro son los 127.800 euros adjudicados a la empresa A Scala para la instalación de supuestos jardines suspendidos y techos verdes sobre marquesinas en zonas como el parque de San Martín, la plaza de Castilla y León y el acceso al parking de La Marina. Las imágenes del proyecto y la realidad a pie de calle muestran un panorama desolador: tepes marchitos, plantas trepadoras secas y un impacto térmico absolutamente nulo. El Ayuntamiento insistía en que eran variedades adaptadas, pero la realidad demuestra que los sustratos ligeros no aguantan el rigor de nuestro clima. Lo grave no es solo el coste inicial de la obra, sino que la incapacidad de estas estructuras para mantener viva la vegetación obliga a un mantenimiento y a unas reposiciones asiduas que engordan una factura que pagamos todos los zamoranos, sin obtener a cambio ni un solo metro de sombra real.
Este bucle de gasto absurdo se repite en el eje peatonal de Santa Clara y el entorno del centro. Los llamados jardines verticales, concebidos como una espalda vegetal colocada junto a los bancos, se han convertido en un auténtico adefesio debido a una alarmante falta de previsión. Por un lado, el clima extremo ha fulminado las plantas en soportes tan reducidos. Por otro, muchas han ido desapareciendo porque la gente se las lleva, algo que cualquier gestor con dos dedos de frente habría previsto para blindar la inversión. Pero el colmo del sinsentido es que, en varios casos, estos jardines verticales se han instalado justo debajo de árboles ya consolidados. Colocar una costosa estructura artificial para buscar frescor bajo la copa de un árbol que ya proporciona, de forma natural, más sombra y bienestar del que jamás dará ese armatoste, quita toda la razón de ser al proyecto y evidencia una ejecución carente de la más mínima lógica urbanística.
La respuesta municipal ante estos fallos de diseño no ha sido corregir el modelo, sino volver a gastar dinero en reponer periódicamente los elementos perdidos o secos. El caso de la estructura de la Plaza de Hacienda es otra muestra de este desarrollo irregular, con maceteros elevados que presentan una cobertura raquítica que no alcanza el efecto visual ni la función de una verdadera barrera verde. Si una infraestructura catalogada de sostenible requiere un goteo constante de dinero público para reponer planta viva desde el primer día, deja de ser ecología para convertirse en un negocio ruinoso.
Las plantas secas y los maceteros vacíos que vemos a diario demuestran que estas intervenciones de renaturalización no funcionan y que el dinero se está evaporando bajo el sol. El verde urbano no puede ser una foto de campaña para justificar el uso de fondos europeos ni un pretexto para adjudicar contratos de mantenimiento infinito. Los ciudadanos necesitamos soluciones reales contra el calor, no un escaparate de cartón que se seca a los pocos meses y que nos cuesta una fortuna mantener en pie. De momento, el frescor prometido se ha quedado en agua de borrajas y las arcas públicas, un poco más vacías.















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