ORBE
Del uno al otro confín
Estalla la violencia y la furia incendia de un extremo al otro del planeta las calles antes pacíficas y bellas. Del norte vemos cómo arde en Irlanda Belfast y en el extremo sur, allá por Sudáfrica, todavía humean los rescoldos de hogueras y protestas contra los inmigrantes que cruzan las fronteras sin permiso, tal vez sin otra opción, pues son perseguidos. El papa, al orar en Barcelona bajo la más alta torre de la cristiandad en el templo de Gaudí, señalaba la cruz que la corona: los cristianos han de cuidar sobre todo a quienes más sufren, para aliviarles.
Los partidos de extrema derecha, como antes de la II Gran Guerra, van atrayendo cada vez más a las clases obreras, en especial a los que dejaron de trabajar y viven subvencionados. Así está sucediendo en el Reino Unido, un país que salió de la Unión Europea movido a gritos: "¡fuera los de fuera!", señalando a los fontaneros polacos porque les "quitaban el trabajo". Paradojas de aquellas patrias que también salpican a la nuestra. Nadie quiere trabajar con bajos salarios la tierra o limpiar nuestras calles, recogiendo basura o sirviendo en las tabernas... El resultado es que los "nuestros" quedan en casa viviendo de la familia o de ayudas estatales y los extranjeros hacen los trabajos a mínimo precio y, en ocasiones, bajo infames condiciones. Los ninis británicos alarman a su gobierno pues son ya un millón y parecen ir aumentando, como una "generación perdida", con mucho desempleo. Pero los de fuera encuentran y el sistema les ampara. Cuando no se filtra a quienes entran, excluyendo fanáticos o terroristas, por ejemplo, todo se quiebra, como entre los irlandeses ha sucedido con horrendo crimen y venganzas populares siniestras.
La guerra de Vox contra las ayudas al alquiler de hasta 900 euros para inmigrantes ilegales es respaldada por muchos antiguos socialistas: "¿Y los españoles qué?" Está bien ayudar a quienes llegan sin nada para que puedan integrarse en nuestra sociedad y trabajar, como todos, pero la caridad ha de comenzar por los más próximos. Cuando muchos españoles no consiguen acceder a una vivienda y se amontonan, sin ayudas del gobierno, conviviendo con otros apretujados, cuando no hay apoyo a la prole y ven que se ayuda al extranjero es cuando estallan de ira y arremeten contra los pobres recién llegados, con argumentos xenófobos, como si estos tuvieran la culpa. No ellos, son los gobiernos que organizan muy mal la riqueza de países tan ricos como los nuestros.
Del uno al otro extremo del planeta las gentes que sufren y salen de sus tierras buscan oportunidades nuevas, para vivir con cierta decencia. No hay confín, ni tampoco fin, salvo el del mundo, cuando corresponda. Las fronteras son ideas que se marcan con banderas y luego barreras. ¿Y nuestra consciencia?
Ilia Galán Díez
Catedrático de Estética y Teoría de las Artes Humanidades: Geografía, Historia y Arte Universidad Carlos III de Madrid
Estalla la violencia y la furia incendia de un extremo al otro del planeta las calles antes pacíficas y bellas. Del norte vemos cómo arde en Irlanda Belfast y en el extremo sur, allá por Sudáfrica, todavía humean los rescoldos de hogueras y protestas contra los inmigrantes que cruzan las fronteras sin permiso, tal vez sin otra opción, pues son perseguidos. El papa, al orar en Barcelona bajo la más alta torre de la cristiandad en el templo de Gaudí, señalaba la cruz que la corona: los cristianos han de cuidar sobre todo a quienes más sufren, para aliviarles.
Los partidos de extrema derecha, como antes de la II Gran Guerra, van atrayendo cada vez más a las clases obreras, en especial a los que dejaron de trabajar y viven subvencionados. Así está sucediendo en el Reino Unido, un país que salió de la Unión Europea movido a gritos: "¡fuera los de fuera!", señalando a los fontaneros polacos porque les "quitaban el trabajo". Paradojas de aquellas patrias que también salpican a la nuestra. Nadie quiere trabajar con bajos salarios la tierra o limpiar nuestras calles, recogiendo basura o sirviendo en las tabernas... El resultado es que los "nuestros" quedan en casa viviendo de la familia o de ayudas estatales y los extranjeros hacen los trabajos a mínimo precio y, en ocasiones, bajo infames condiciones. Los ninis británicos alarman a su gobierno pues son ya un millón y parecen ir aumentando, como una "generación perdida", con mucho desempleo. Pero los de fuera encuentran y el sistema les ampara. Cuando no se filtra a quienes entran, excluyendo fanáticos o terroristas, por ejemplo, todo se quiebra, como entre los irlandeses ha sucedido con horrendo crimen y venganzas populares siniestras.
La guerra de Vox contra las ayudas al alquiler de hasta 900 euros para inmigrantes ilegales es respaldada por muchos antiguos socialistas: "¿Y los españoles qué?" Está bien ayudar a quienes llegan sin nada para que puedan integrarse en nuestra sociedad y trabajar, como todos, pero la caridad ha de comenzar por los más próximos. Cuando muchos españoles no consiguen acceder a una vivienda y se amontonan, sin ayudas del gobierno, conviviendo con otros apretujados, cuando no hay apoyo a la prole y ven que se ayuda al extranjero es cuando estallan de ira y arremeten contra los pobres recién llegados, con argumentos xenófobos, como si estos tuvieran la culpa. No ellos, son los gobiernos que organizan muy mal la riqueza de países tan ricos como los nuestros.
Del uno al otro extremo del planeta las gentes que sufren y salen de sus tierras buscan oportunidades nuevas, para vivir con cierta decencia. No hay confín, ni tampoco fin, salvo el del mundo, cuando corresponda. Las fronteras son ideas que se marcan con banderas y luego barreras. ¿Y nuestra consciencia?
Ilia Galán Díez
Catedrático de Estética y Teoría de las Artes Humanidades: Geografía, Historia y Arte Universidad Carlos III de Madrid














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