IDA Y VUELTA
Merecidas vacaciones
Laura Fernández Salvador
Se acabó el curso y, con él, las codiciadas y envidiadas vacaciones escolares. Por un lado, las de los estudiantes, un regalo que en el momento no valoran casi seguro, pero que con el tiempo apreciarán sin ninguna duda. Y, por otro lado, las de los profesores y maestros, tan abiertamente criticadas por el resto de los mortales, pero merecidas no, merecidísimas.
Los envidiosos queremos más, pero eso no significa que ellos no se hayan ganado cada día de su descanso. Si nos paramos a pensarlo, en muchos casos, sobre todo en la etapa de infantil, los propios maestros pasan más tiempo con los niños que algunos de los padres. Son las personas que educan a nuestros hijos, que los forman, que los cuidan y que, más allá de la formación académica, los protegen, y les dan herramientas para la vida.
En etapas posteriores, como primaria, secundaria o bachillerato, los profesores tienen un poder y una responsabilidad enorme en la vida de nuestros niños y adolescentes. No sé si todos son conscientes de ello, pero deberían, y quiero creer que la inmensa mayoría de los que se ponen al frente de un grupo de chavales a diario a dar lecciones de lo que sea, lo hace con ganas, con fe y con responsabilidad.
El futuro de todos y cada uno de nosotros ha comenzado en la escuela. Arrancó con ese profesor que te hizo amar una materia, o con aquel que te hizo detestarla. Y es que los profesores tienen una llave poderosísima que puede cambiar el destino de una persona, y a cambio tienen el falso mito de los “tres meses de vacaciones”.
Hace unos días, felicité a una profesora por sus “merecidas vacaciones”, a lo que ella me respondió que era la primera vez que le decían que eran merecidas. ¡Tremendo! Por lo visto hoy en día no valoramos el trabajo de los que se hacen cargo de nuestros hijos en el día a día. No reconocemos su buen hacer y dedicación, qué pena.
Y es que no solo aguantan a nuestros hijos (muchos malcriados y sobreprotegidos), sino que también nos aguantan a nosotros, los padres, de lo que tendríamos que hacer una reflexión aparte. Como para no merecerse las vacaciones… Dos meses de verano, Semana Santa, Navidad y puentes de guardar y el cielo ganado también en la mayoría de los casos, no tengo la más mínima duda.
Se acabó el curso y, con él, las codiciadas y envidiadas vacaciones escolares. Por un lado, las de los estudiantes, un regalo que en el momento no valoran casi seguro, pero que con el tiempo apreciarán sin ninguna duda. Y, por otro lado, las de los profesores y maestros, tan abiertamente criticadas por el resto de los mortales, pero merecidas no, merecidísimas.
Los envidiosos queremos más, pero eso no significa que ellos no se hayan ganado cada día de su descanso. Si nos paramos a pensarlo, en muchos casos, sobre todo en la etapa de infantil, los propios maestros pasan más tiempo con los niños que algunos de los padres. Son las personas que educan a nuestros hijos, que los forman, que los cuidan y que, más allá de la formación académica, los protegen, y les dan herramientas para la vida.
En etapas posteriores, como primaria, secundaria o bachillerato, los profesores tienen un poder y una responsabilidad enorme en la vida de nuestros niños y adolescentes. No sé si todos son conscientes de ello, pero deberían, y quiero creer que la inmensa mayoría de los que se ponen al frente de un grupo de chavales a diario a dar lecciones de lo que sea, lo hace con ganas, con fe y con responsabilidad.
El futuro de todos y cada uno de nosotros ha comenzado en la escuela. Arrancó con ese profesor que te hizo amar una materia, o con aquel que te hizo detestarla. Y es que los profesores tienen una llave poderosísima que puede cambiar el destino de una persona, y a cambio tienen el falso mito de los “tres meses de vacaciones”.
Hace unos días, felicité a una profesora por sus “merecidas vacaciones”, a lo que ella me respondió que era la primera vez que le decían que eran merecidas. ¡Tremendo! Por lo visto hoy en día no valoramos el trabajo de los que se hacen cargo de nuestros hijos en el día a día. No reconocemos su buen hacer y dedicación, qué pena.
Y es que no solo aguantan a nuestros hijos (muchos malcriados y sobreprotegidos), sino que también nos aguantan a nosotros, los padres, de lo que tendríamos que hacer una reflexión aparte. Como para no merecerse las vacaciones… Dos meses de verano, Semana Santa, Navidad y puentes de guardar y el cielo ganado también en la mayoría de los casos, no tengo la más mínima duda.


















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