PRETEMPORADA
El volcán futbolístico que surgió en el play off debe seguir en erupción
La propiedad del Zamora CF debe concienciar a la afición para que contribuya con su apoyo popular y económico a potenciar el club
E. Navascués de Zubiría
Nunca, y ya tengo más tiempo pretérito que futuro, conocí un movimiento social tan portentoso y profundo como el provocado el Zamora CF durante los partidos del play off. Afirmó, sin que se me considere forofo, que el cuadro rojiblanco fue mejor que el Sabadell tanto en el Ruta de la Plata, donde bordó el futbol en la primera mitad, mereciendo, al menos tres goles, además del marcado por Losada, como en La Nova Creu Alta, donde borró a su rival del campo, pudiendo marcar Markel Lozano, con aquel cabezazo al palo, y Mario García, en un disparo que desvió un defensa, in extremis, con la pierna. Pero eso es agua pasada, que sabemos, no mueve molino.
Me importa ahora, después de un tiempo para lamerse las heridas, que la propiedad del Zamora sepa mantener esa tremenda fuerza mostrada por la afición zamorana para que, en los próximos dos meses el club cuente con más y más socios. Hay que ilusionar al pueblo prometiendo la tierra prometida del ascenso, mover el alma zamorana, sencilla y humilde, pero preparada para presentarse en una categoría profesional con el orgullo de una ciudad y provincia olvidada secularmente, maltratada siempre, por los poderes públicos nacionales y regionales. Se necesitan todos los miles de aficionados que llenaron el Ruta de la Plata frente al Villarreal B y el Sabadell. Esas gentes no pueden desconectar de la vida cotidiana de la escuadra rojiblanca. Si se vieron momentos únicos en la historia de nuestro fútbol, hay que volverlos a revivir. El Zamora, que tuvo el ascenso en aquel cabezazo y el tiro de Mario García, ha de renacer en el ecuador de julio, cuando el 90% de la plantilla haya sido confeccionada por David Vizcaíno, ese extraordinario director Deportivo con el que cuenta la entidad rojiblanca.
El Zamora CF tiene que pensar en grande, forjarse objetivos extraordinarios, pero no utópicos. Ya no podemos conformarnos con la permanencia, aunque nuestra sociedad se caracterice por su apatía antropológica y una cierta abulia. Hay que soñar sueños posibles y dentro de ellos hallase el ascenso a la Segunda División. Hay plantilla para alcanzar ese fin, si bien se necesitaría quedarse con los jugadores que más han destacado esta temporada y sumar seis altas que conformen un plantel con las máximas aspiraciones.
Ahora bien, el que algo quiere algo le cuesta, como bien cuenta el refrán. Y ese coste se basa en sumar más socios y más entradas a los partidos que se disputen en el Ruta de la Plata, un estadio que iba a sufrir una necesaria transformación en su estructura, como añadir mayor número de asiento, construyendo hasta el nivel del campo más gradas, las de los dos fondos y la de preferencia, y colocando torretas de luz eléctrica, porque la actual iluminación resulta patética.
El club no debe perder esa masa de enfervorecidos zamoranos que apoyaron a su equipo en los momentos esenciales de la temporada. Toca levantarse, volver a creer y apostar por el Zamora CF que es amar a nuestra tierra con el corazón del fútbol. Todavía la hostelería zamorana no se ha dado cuenta de la importancia que tendría para sus negocios un equipo en Segunda A. Habrá tiempo y espacio para seguir analizando esta ucronía futbolística: lo que pudo haber sido y no fue.
No obstante, queda poco tiempo para reconstruir una plantilla que ha perdido un tanto por ciento importante de la plantilla desde el ascenso nonato de la Nova Creu Alta. La propiedad quiere una plantilla más poderosa. Vizcaíno deberá buscar la aguja en el pajar futbolístico del fútbol nacional.
E. Navascués de Zubiría
Nunca, y ya tengo más tiempo pretérito que futuro, conocí un movimiento social tan portentoso y profundo como el provocado el Zamora CF durante los partidos del play off. Afirmó, sin que se me considere forofo, que el cuadro rojiblanco fue mejor que el Sabadell tanto en el Ruta de la Plata, donde bordó el futbol en la primera mitad, mereciendo, al menos tres goles, además del marcado por Losada, como en La Nova Creu Alta, donde borró a su rival del campo, pudiendo marcar Markel Lozano, con aquel cabezazo al palo, y Mario García, en un disparo que desvió un defensa, in extremis, con la pierna. Pero eso es agua pasada, que sabemos, no mueve molino.
Me importa ahora, después de un tiempo para lamerse las heridas, que la propiedad del Zamora sepa mantener esa tremenda fuerza mostrada por la afición zamorana para que, en los próximos dos meses el club cuente con más y más socios. Hay que ilusionar al pueblo prometiendo la tierra prometida del ascenso, mover el alma zamorana, sencilla y humilde, pero preparada para presentarse en una categoría profesional con el orgullo de una ciudad y provincia olvidada secularmente, maltratada siempre, por los poderes públicos nacionales y regionales. Se necesitan todos los miles de aficionados que llenaron el Ruta de la Plata frente al Villarreal B y el Sabadell. Esas gentes no pueden desconectar de la vida cotidiana de la escuadra rojiblanca. Si se vieron momentos únicos en la historia de nuestro fútbol, hay que volverlos a revivir. El Zamora, que tuvo el ascenso en aquel cabezazo y el tiro de Mario García, ha de renacer en el ecuador de julio, cuando el 90% de la plantilla haya sido confeccionada por David Vizcaíno, ese extraordinario director Deportivo con el que cuenta la entidad rojiblanca.
El Zamora CF tiene que pensar en grande, forjarse objetivos extraordinarios, pero no utópicos. Ya no podemos conformarnos con la permanencia, aunque nuestra sociedad se caracterice por su apatía antropológica y una cierta abulia. Hay que soñar sueños posibles y dentro de ellos hallase el ascenso a la Segunda División. Hay plantilla para alcanzar ese fin, si bien se necesitaría quedarse con los jugadores que más han destacado esta temporada y sumar seis altas que conformen un plantel con las máximas aspiraciones.
Ahora bien, el que algo quiere algo le cuesta, como bien cuenta el refrán. Y ese coste se basa en sumar más socios y más entradas a los partidos que se disputen en el Ruta de la Plata, un estadio que iba a sufrir una necesaria transformación en su estructura, como añadir mayor número de asiento, construyendo hasta el nivel del campo más gradas, las de los dos fondos y la de preferencia, y colocando torretas de luz eléctrica, porque la actual iluminación resulta patética.
El club no debe perder esa masa de enfervorecidos zamoranos que apoyaron a su equipo en los momentos esenciales de la temporada. Toca levantarse, volver a creer y apostar por el Zamora CF que es amar a nuestra tierra con el corazón del fútbol. Todavía la hostelería zamorana no se ha dado cuenta de la importancia que tendría para sus negocios un equipo en Segunda A. Habrá tiempo y espacio para seguir analizando esta ucronía futbolística: lo que pudo haber sido y no fue.
No obstante, queda poco tiempo para reconstruir una plantilla que ha perdido un tanto por ciento importante de la plantilla desde el ascenso nonato de la Nova Creu Alta. La propiedad quiere una plantilla más poderosa. Vizcaíno deberá buscar la aguja en el pajar futbolístico del fútbol nacional.















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