Concha Pelayo
Lunes, 29 de Junio de 2026
DESPEDIDA

Adiós a Herminio Ramos: El maestro que nos descubrió el mundo

Concha Pelayo

Han pasado muchos años desde que el profesor Herminio Ramos me dijo, con esa cercanía tan suya, que debía integrarme en la Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo (FEPET), a la que él pertenecía. Tras explicarme con entusiasmo sus fines, acepté encantada. Los requisitos eran claros: publicar en prensa, radio o televisión contenidos dedicados fundamentalmente a los viajes. Yo ya cumplía con el perfil, pues escribía opinión y reportajes sobre nuevos destinos. Herminio se encargó personalmente de recopilar varios de mis artículos junto a dos de mis libros editados para enviarlos a la sede central. Él mismo avaló mi ingreso.

 

A partir de ese instante se me abrió un mundo bello y cosmopolita del que todavía disfruto. Para mí supuso un inmenso orgullo ver cómo mi expediente era respaldado en aquel tiempo por grandes figuras nacionales de la federación como el histórico José Luis Pécker, Alejandro Fernández Pombo, Darío Molinary, Enrique Mapelli o José Luis Izaguirre entre otros. Compartir siglas con firmas tan prestigiosas de la crónica turística española otorgó a mi entrada una relevancia profesional inolvidable.

 

El despegue internacional y los viajes compartidos

 

Al poco tiempo de ingresar, asistí a mi primer congreso internacional en Vicenza, Italia. Allí presenté una ponencia para dar a conocer los Arribes del Duero, un rincón natural soberbio, pero todavía desconocido para el gran público. Ese hito marcó el principio de una larga sucesión de viajes, seminarios y congresos alrededor del mundo.

 

Siempre le agradeceré a Herminio que me introdujera en ese universo. Aquel gesto consolidó una profunda amistad que se prolongó a lo largo de los años. Compartimos numerosas rutas por la provincia y por diversas ciudades de Castilla y León, hasta que mi querido amigo fue espaciando sus salidas. La vista, su punto más vulnerable, comenzó a impedirle moverse con la libertad que siempre ansió.

 

Más adelante, reconducimos nuestros encuentros hacia las tertulias semanales del Club de de la Opinión, coordinado de forma brillante por mi querida amiga Ana Pedrero. (Incluyo alguna imagen de aquellos entrañables años).

 

Un conversador incansable y erudito

Siempre llevaré conmigo su generosa amistad, sus consejos y esa inabarcable sabiduría con la que respondía a cualquier consulta. Su profundo conocimiento de nuestra historia local y de la Historia de España lo convertían en un conversador magnético. Recuerdo especialmente nuestros viajes en autobús junto a compañeros procedentes de Madrid y de otros puntos de la península. Cuando el paisaje revelaba campos de trigo o zonas boscosas, Herminio tomaba la palabra; nos detallaba las características del terreno, los cultivos idóneos, los frutos de cada territorio e incluso la riqueza mineral de antiguas minas ya inexistentes. Así era el profesor.

 

Durante mucho tiempo, prolongamos estas vivencias en frecuentes comidas y cenas con amigos comunes, muchos de ellos ya fallecidos, donde disfrutamos de veladas intelectualmente formidables. (Acompaño el texto con una fotografía de mi cámara donde se distingue al profesor, a su inseparable mujer María y a varios de aquellos compañeros que hoy también añoramos).

 

El silencio en plenas fiestas de San Pedro

Herminio nos ha dejado hoy, coincidiendo con las fiestas de San Pedro, en medio del bullicio y del tradicional sonido de las cerámicas de la feria que él mismo impulsó. A las trece horas, un sobrecogedor minuto de silencio en la Plaza de Viriato ha honrado el nombre de un hombre cuya presencia se queda para siempre en nuestros corazones.

 

Cuando camine por la Rúa —un trayecto que realizo a diario— volveré a contemplar su figura esculpida frente a la Iglesia de San Ildefonso. Hoy, precisamente, su estatua amaneció adornada con un ramo de flores frescas. Zamora entera llora a Herminio Ramos Pérez, el cronista oficial que se nos fue sin hacer ruido, discretamente, tras haber cumplido los 100 años de edad.

 

Lo recordaremos siempre. Siempre en nuestro corazón. Descansa en paz, querido Herminio.

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