REFLEXIONES
No me soporto
Eugenio-Jesús de Ávila
Hay días que me aprecio muy poco. Me despierto y antes de dejar el lecho, pienso en mi misión en esta vida: qué hago yo aquí, si soy útil a alguien, si hay personas que me estiman, mujeres que me amen. Y me respondo de forma tajante: si ya formase parte del éter y fuera ha tiempo alimento de gusanos, nadie habría perdido nada. Soy absolutamente prescindible, como ese mueble viejo que no sirve para nada y que nadie sabe por qué aún ocupa un espacio en el trastero, siempre acosado por el polvo, nunca estimado por nadie.
Creo que ya he cumplido con mi tarea. No me queda nada por hacer. Y quizá, todavía puedo perjudicar al prójimo, hombre o mujer, porque me hallo incapacitado para ayudar a nadie. Soy un ser humano muy simple, pero, a su vez, extraño. No me quiero mucho, si bien es cierto que cualquier caricia, mimo, loa me arranca una sonrisa, un gramo de vanidad. Pero se me pasa enseguida.
Todo el mundo tiene alguien que lo quiere. He conocido sinvergüenzas, jetas, malandrines, amorales muy queridos, alabados por sus paisanos, galardonados, conducidos a las instituciones más importantes del Estado. Yo no he hecho nada malo, tampoco grandes cosas. Cierto que no fui un bueno marido y quizá un padre poco cariñoso, pero con los años comprendí que mis formas derrotaron a mis razones.
No he falsificado firmas, no hurte ni un caramelo a mi abuelita, no traicioné a los amigos. En fin, pues podrías definírseme como un tío vulgar, del montón, un nadie con don.
Y, cerca de mi partida, porque ya he vivido más tiempo del debido, tampoco se espera de mí una gran gesta. Me moriré enamorado de una dama que se me apareció en el ocaso de mi capacidad de seducción.
Hoy he estado muy enojado conmigo mismo. No aguanto más estupideces de este badulaque que habita mi cuerpo. En verdad, no me soporto. Y grito en la soledad de mi biblioteca. Nadie me ha escuchado. Ni ella, a la que tanto amo.
Eugenio-Jesús de Ávila
Hay días que me aprecio muy poco. Me despierto y antes de dejar el lecho, pienso en mi misión en esta vida: qué hago yo aquí, si soy útil a alguien, si hay personas que me estiman, mujeres que me amen. Y me respondo de forma tajante: si ya formase parte del éter y fuera ha tiempo alimento de gusanos, nadie habría perdido nada. Soy absolutamente prescindible, como ese mueble viejo que no sirve para nada y que nadie sabe por qué aún ocupa un espacio en el trastero, siempre acosado por el polvo, nunca estimado por nadie.
Creo que ya he cumplido con mi tarea. No me queda nada por hacer. Y quizá, todavía puedo perjudicar al prójimo, hombre o mujer, porque me hallo incapacitado para ayudar a nadie. Soy un ser humano muy simple, pero, a su vez, extraño. No me quiero mucho, si bien es cierto que cualquier caricia, mimo, loa me arranca una sonrisa, un gramo de vanidad. Pero se me pasa enseguida.
Todo el mundo tiene alguien que lo quiere. He conocido sinvergüenzas, jetas, malandrines, amorales muy queridos, alabados por sus paisanos, galardonados, conducidos a las instituciones más importantes del Estado. Yo no he hecho nada malo, tampoco grandes cosas. Cierto que no fui un bueno marido y quizá un padre poco cariñoso, pero con los años comprendí que mis formas derrotaron a mis razones.
No he falsificado firmas, no hurte ni un caramelo a mi abuelita, no traicioné a los amigos. En fin, pues podrías definírseme como un tío vulgar, del montón, un nadie con don.
Y, cerca de mi partida, porque ya he vivido más tiempo del debido, tampoco se espera de mí una gran gesta. Me moriré enamorado de una dama que se me apareció en el ocaso de mi capacidad de seducción.
Hoy he estado muy enojado conmigo mismo. No aguanto más estupideces de este badulaque que habita mi cuerpo. En verdad, no me soporto. Y grito en la soledad de mi biblioteca. Nadie me ha escuchado. Ni ella, a la que tanto amo.
















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.9