Francisco José Alonso Rodríguez
Viernes, 03 de Julio de 2026
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La hora de la verdad para Venezuela: El doble terremoto derriba las caretas de sus supuestos líderes

Francisco José Alonso Rodríguez

Venezuela se encuentra sumida en una de las tragedias humanas y materiales más devastadoras de su historia reciente. Al ya prolongado sufrimiento socioeconómico que arrastra el país, se ha sumado el devastador impacto de un doblete sísmico de magnitudes 7,2 y 7,5 que ha golpeado con ferocidad el centro-norte del territorio nacional, ensañándose especialmente con el estado La Guaira y Caracas. Con miles de muertes confirmadas, más de diez mil heridos y decenas de miles de personas atrapadas o durmiendo a la intemperie tras el colapso de infraestructuras básicas, el panorama interno de la nación es desgarrador. Las imágenes de destrucción y las morgues improvisadas bajo el sol portuario no dejan lugar a dudas: la crisis venezolana ya no aguanta más retórica.

 

Sin embargo, frente a esta emergencia límite, la respuesta de quienes dicen defender y representar al pueblo venezolano ha sido profundamente indignante. Mientras la población civil y el emigrante venezolano sufren las peores consecuencias del desamparo absoluto, una parte considerable de los dirigentes políticos continúa instalada en el extranjero. Desde el cómodo exilio, protegidos por el bienestar económico que les rodea y dedicados obstinadamente al almacenamiento de riquezas personales que en nada benefician a sus compatriotas, estos líderes se han limitado a figurar. Su intervención ante la tragedia se ha reducido a emitir declaraciones grandilocuentes a través de los medios de comunicación y las redes sociales; discursos vacíos de contenido y carentes de cualquier acción humanitaria o logística real que alivie el calvario de las víctimas.

 

Es un agravio moral inaceptable que se pretenda liderar una nación mediante comunicados de prensa redactados a miles de kilómetros de la zona del desastre. La figura del emigrante, utilizada con frecuencia en sus narrativas políticas, sigue desasistida en la práctica por estos mismos referentes que hoy disfrutan de amplios privilegios lejos del suelo que los vio nacer. La dolorosa realidad de los acontecimientos actuales exige coherencia, valentía y sacrificios que vayan más allá de las palabras.

 

Hoy, el único sitio legítimo para cualquier persona que se autodenomine representante o defensor de los venezolanos es volver a Venezuela. El retorno es un deber imperativo, sin importar las consecuencias políticas, legales o personales que este regreso forzoso pueda acarrear para sus vidas. Quienes aspiran a guiar los destinos de un país golpeado por la catástrofe deben compartir el barro, el peligro y el dolor de su gente. De no ser así, si la comodidad material y el resguardo personal continúan siendo su prioridad, lo mejor que podrían hacer es callar definitivamente y dejar de arrogarse la voz de una ciudadanía a la que han dejado completamente sola.

 

Los momentos de máxima crisis histórica no admiten medias tintas ni tibiezas oportunistas. En la actual coyuntura nacional, "no actuar por miedo es el mayor error que pueden cometer y es una traición al pueblo venezolano". Mantenerse al margen del desastre, acumulando capital y emitiendo juicios de valor a la distancia, no es diplomacia ni estrategia: es abandono. O se asume el destino de la patria pisando su propio suelo devastado, o se da un paso al costado para permitir que emerjan verdaderos liderazgos comprometidos con la reconstrucción y la dignidad humana.

 

Politólogo. - Sociólogo. - Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. - Centro de Estudios Ateneos. - Premio a las Libertades “Rafael del Riego” Medalla Internacional DD.HH.” Condecoración de 1ª Clase “Franciso de Miranda”.

 

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