Eugenio-Jesús de Ávila
Viernes, 03 de Julio de 2026
REFLEXIONES

Un Quijote zamorano sin una Dulcinea del Duero

[Img #109780]Eugenio-Jesús de Ávila

 

 

A estas longitudes de mi vida, cuando Cronos me va advirtiendo que se está cansando de darme cuerda, me he pedido a mí mismo no lastimar a nadie, no perjudicar al prójimo, excepción hecha de esos malandrines que maltratan a los zamoranos y a las gentes que viven en nuestra ciudad y provincia. Me pondría peto y espaldar, recogería mi lanza en astillero y mi adarga antigua para combatir a tantos canallas que todavía se lucran de la res pública, practican el nepotismo y destrozan el futuro de mi tierra, de mi patria, de mi lugar.

 

Y voy a escribir una frase que quizá no se entienda. Voy a convertirla en oraciones: No me importa tanto sembrar semillas del bien como recoger el fruto del mal. De hecho, en mi epitafio me encantaría que rezase: “Aquí yace alguien que no hirió al prójimo”. Quizá, sin querer, sin proponérmelo, perjudiqué a personas, porque no entendí el amor, porque me equivoqué en decisiones profesionales, porque confundí la amistad con otros sentimientos más frívolos.  En verdad, creo que he sido un buen amigo, un hijo decente, un hermano para conllevar y un amante apasionado, incluso religioso con Eros, mi Dios. No he sido bueno. Quizá, si me permites matizar, no he sido malo del todo.

 

Como no debe quedarme mucho, dedico cada día, cuando la madrugada tontea con la luna, a hacer balance de mi vida, a juzgarme. He emitido sentencias muy duras sobre mis actuaciones eróticas, profesionales, amistosas y familiares. No he me condenado a cadena perpetua, porque no sabría vivir lo poco que me quede sin amar a una mujer, sin echar una mano a la persona sencilla, al hombre humillado, a la mujer maltratada, a la ciudad decadente, pretérita y olvidada por los politicastros e incluso por los poetas.

 

A decir verdad, me reconforta saber que hay personas, a las que no he tratado, que me valoran, que me apoyan, que me piden, casi hasta la exigencia, que siga jugando con la sintaxis para que las oraciones alcancen un éxtasis gramatical. Esas gentes quizá no escriban, pero se convirtieron en las sacerdotisas de mi religión, monjes de mis creencias, amantes de la ciudad del alma, de mi Zamora, de tu Zamora, de nuestra Zamora.

 

Le he pedido al Dios en el que no creo, conocer, antes de que me vengan a buscar las tres parcas, Cloto, Láquesis y Átropo, vivir en una ciudad y una provincia más habitada, más desarrollada, elegida por la cultura, bendecida por la belleza y amada por sus hijos, los que se quedaron en el nido románico, en el valle del Duero, a llenar sus bronquios de niebla, vaho de Dios, y los que decidieron irse allende nuestras fronteras a ganarse el pan con su trabajo, con su talento, con su inteligencia.

 

Mientras, como Quijote zamorano sin Dulcinea practicaré esta terapia que consiste en escribir con la tinta de mi cerebro y la pluma de mi corazón.  

 

 

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