CAMPO DE LA VERDAD
Eugenio-Jesús de Ávila nos lo venía anunciando
Gonzalo Julián
Cuando nuestros jóvenes, después de iniciar sus estudios en Zamora, para continuar fuera de ella, deciden no volver aquí -en muchos casos, nunca más- nos demuestra, ocasión tras ocasión, que eso es lo lógico para el que conoce nuevos lugares, nuevas posibilidades para su futuro, para su vida profesional, por lo tanto, el destino en Zamora, cuando depende en alguna medida, de lo que inicialmente se desarrolla fuera de Zamora, es difícil que el retorno se produzca. Muy difícil. Y no podemos exigirles a nuestros jóvenes que piensen, y mucho menos que lo hagan de otra forma. El futuro aquí, en muchos casos -en casi todos- no existe. Por lo tanto, encontrarlo, como he dicho, tiene que hacerse fuera de Zamora.
Entonces, ¿qué podemos pensar y qué podemos exigir al que actúa de esta forma? ¿Qué podemos exigirles a nuestros hijos si no fuimos capaces de exigirnoslo a nosotros mismos cuando estuvimos en su situación? Nada, nada es lo que podemos decir. Estar, y quedarse para luchar en Zamora, es ir al "Campo de la Verdad" de nuestra ciudad, donde los caballeros, en la Edad Media, se batían para encontrar una salida a sus discrepancias, a sus devaneos, a sus diferencias. Simplemente, aparece un sueño insatisfecho, e irrealizable para nuestros hijos, que han de, batirse con los guerreros de otras formaciones que en nuestro caso, y en el de ellos es luchar contra el futuro profesional que se pone delante y que en muchas ocasiones no existe cómo adversario contra el que has de luchar para vencer.
Ese destino es el futuro que de otra forma se está resistiendo, y por lo tanto, no lo tienes delante, como algo a lo que aspiras para poder mostrarte como vencedor de algo que, como hemos dicho, es tan difícil de conseguir. Nuestro adversario siempre va a ganar, porque está luchando contra alguien que no tiene las fuerzas necesarias, ni el horizonte suficiente, con las aspiraciones inherentes y posibles para poder mostrarse y resultar vencedor de algo que en ese caso, y en muchos más, es imposible de conseguir. Debemos de crear las opciones posibles y necesarias para que ese ejército de muchachos, que se han formado en Zamora, y que han de salir fuera de ella a las primeras de cambio, puesto que aquí una vez más le hemos demostrado que no hay futuro.
Luchemos por ellos y con ellos para que juntos puedan continuar adelante, pero con opciones para un futuro profesional aquí. Lo que, como decía al principio es luchar en el "Campo de la Verdad" lo que han de conseguir unos guerreros que se han batido en pocas batallas puesto que las que han salido delante de ellos no son las que les van a permitir mostrar y demostrar que su futuro estaba aquí y para eso, ellos han estado esperando. Pero les hemos demostrado que ese futuro, ciertamente no está aquí, no está en Zamora.
Por lo tanto, luchar en ella es perder la batalla y perder todas las fuerzas que han debido reservar para poder demostrar lo que valen y para lo que sirven. Nuestro amigo Jesús de Ávila, parece que, después de pasar esa juventud, al igual que la de nuestros hijos, ha visto corroborado, que para lo que había luchado, está obligado a abandonarlo. Tal vez un poco tarde, para él, ojalá consigas subsanarlo, aunque ya sea, -como digo- un poco tarde. Ojalá consigas vencer a ese futuro que se nos echa encima.
Gonzalo Julián
Cuando nuestros jóvenes, después de iniciar sus estudios en Zamora, para continuar fuera de ella, deciden no volver aquí -en muchos casos, nunca más- nos demuestra, ocasión tras ocasión, que eso es lo lógico para el que conoce nuevos lugares, nuevas posibilidades para su futuro, para su vida profesional, por lo tanto, el destino en Zamora, cuando depende en alguna medida, de lo que inicialmente se desarrolla fuera de Zamora, es difícil que el retorno se produzca. Muy difícil. Y no podemos exigirles a nuestros jóvenes que piensen, y mucho menos que lo hagan de otra forma. El futuro aquí, en muchos casos -en casi todos- no existe. Por lo tanto, encontrarlo, como he dicho, tiene que hacerse fuera de Zamora.
Entonces, ¿qué podemos pensar y qué podemos exigir al que actúa de esta forma? ¿Qué podemos exigirles a nuestros hijos si no fuimos capaces de exigirnoslo a nosotros mismos cuando estuvimos en su situación? Nada, nada es lo que podemos decir. Estar, y quedarse para luchar en Zamora, es ir al "Campo de la Verdad" de nuestra ciudad, donde los caballeros, en la Edad Media, se batían para encontrar una salida a sus discrepancias, a sus devaneos, a sus diferencias. Simplemente, aparece un sueño insatisfecho, e irrealizable para nuestros hijos, que han de, batirse con los guerreros de otras formaciones que en nuestro caso, y en el de ellos es luchar contra el futuro profesional que se pone delante y que en muchas ocasiones no existe cómo adversario contra el que has de luchar para vencer.
Ese destino es el futuro que de otra forma se está resistiendo, y por lo tanto, no lo tienes delante, como algo a lo que aspiras para poder mostrarte como vencedor de algo que, como hemos dicho, es tan difícil de conseguir. Nuestro adversario siempre va a ganar, porque está luchando contra alguien que no tiene las fuerzas necesarias, ni el horizonte suficiente, con las aspiraciones inherentes y posibles para poder mostrarse y resultar vencedor de algo que en ese caso, y en muchos más, es imposible de conseguir. Debemos de crear las opciones posibles y necesarias para que ese ejército de muchachos, que se han formado en Zamora, y que han de salir fuera de ella a las primeras de cambio, puesto que aquí una vez más le hemos demostrado que no hay futuro.
Luchemos por ellos y con ellos para que juntos puedan continuar adelante, pero con opciones para un futuro profesional aquí. Lo que, como decía al principio es luchar en el "Campo de la Verdad" lo que han de conseguir unos guerreros que se han batido en pocas batallas puesto que las que han salido delante de ellos no son las que les van a permitir mostrar y demostrar que su futuro estaba aquí y para eso, ellos han estado esperando. Pero les hemos demostrado que ese futuro, ciertamente no está aquí, no está en Zamora.
Por lo tanto, luchar en ella es perder la batalla y perder todas las fuerzas que han debido reservar para poder demostrar lo que valen y para lo que sirven. Nuestro amigo Jesús de Ávila, parece que, después de pasar esa juventud, al igual que la de nuestros hijos, ha visto corroborado, que para lo que había luchado, está obligado a abandonarlo. Tal vez un poco tarde, para él, ojalá consigas subsanarlo, aunque ya sea, -como digo- un poco tarde. Ojalá consigas vencer a ese futuro que se nos echa encima.












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