DENUNCIAS
Las escaleras olvidadas de Puerta Nueva
Mientras las obras de consolidación del puente han obligado a clausurar el acceso peatonal del lado derecho, quienes descienden por la avenida de Portugal deben utilizar las escaleras del lado izquierdo, un paso cuyo deterioro merecía haberse corregido antes del inicio de los trabajos.
Las obras de consolidación del puente de Puerta Nueva han supuesto el derribo y posterior reconstrucción de las escaleras situadas en el lado derecho del puente para quienes descienden por la avenida de Portugal hacia la ronda de Puerta Nueva. Desde ese momento, el tránsito peatonal se concentra en las escaleras del lado izquierdo, que comunican ambas vías y constituyen la principal alternativa para acceder a la ronda, a la residencia de mayores y a otros puntos del entorno, como la conocida como rotonda de la vía.
Precisamente por ello resulta difícil comprender que, antes del inicio de las obras, no se aprovechara la ocasión para acondicionar este acceso, cuyo estado de conservación presenta desde hace tiempo evidentes deficiencias. Si ya se sabía que uno de los pasos iba a quedar fuera de servicio durante meses, parecía de sentido común poner en las mejores condiciones posibles el único itinerario alternativo.
Basta recorrer estas escaleras para comprobar que presentan peldaños irregulares, desniveles, zonas deterioradas y reparaciones antiguas que no han conseguido devolver uniformidad al pavimento. Son desperfectos visibles que obligan a caminar con mayor precaución y que afectan especialmente a las personas mayores o con movilidad reducida, precisamente en un recorrido utilizado con frecuencia para acceder a la residencia de mayores.
No se cuestiona la necesidad de las obras de consolidación del puente, una actuación importante para garantizar la seguridad de la infraestructura. Lo que resulta difícil de entender es que una intervención de esta envergadura no haya servido también para resolver un problema situado apenas unos metros más allá. Habría bastado una actuación relativamente sencilla para que, durante el tiempo que permanezcan clausuradas las escaleras del lado derecho, los peatones dispusieran de un acceso en mejores condiciones.
Con demasiada frecuencia, las grandes obras se centran exclusivamente en la infraestructura sobre la que se interviene y olvidan los elementos que condicionan la movilidad cotidiana. Sin embargo, una buena planificación también consiste en prever las consecuencias de los trabajos y adaptar previamente los itinerarios alternativos que deberán utilizar los ciudadanos.
Cuando finalicen las obras, las escaleras clausuradas volverán a prestar servicio y el tránsito volverá a repartirse entre ambos accesos. Pero la oportunidad de haber aprovechado esta actuación para mejorar las escaleras del lado izquierdo, precisamente cuando iban a convertirse en el principal paso peatonal de la zona, ya se habrá perdido. Y esa falta de previsión es, probablemente, la principal carencia que deja al descubierto esta actuación.
Manuel Herrero Alonso
Mientras las obras de consolidación del puente han obligado a clausurar el acceso peatonal del lado derecho, quienes descienden por la avenida de Portugal deben utilizar las escaleras del lado izquierdo, un paso cuyo deterioro merecía haberse corregido antes del inicio de los trabajos.
Las obras de consolidación del puente de Puerta Nueva han supuesto el derribo y posterior reconstrucción de las escaleras situadas en el lado derecho del puente para quienes descienden por la avenida de Portugal hacia la ronda de Puerta Nueva. Desde ese momento, el tránsito peatonal se concentra en las escaleras del lado izquierdo, que comunican ambas vías y constituyen la principal alternativa para acceder a la ronda, a la residencia de mayores y a otros puntos del entorno, como la conocida como rotonda de la vía.
Precisamente por ello resulta difícil comprender que, antes del inicio de las obras, no se aprovechara la ocasión para acondicionar este acceso, cuyo estado de conservación presenta desde hace tiempo evidentes deficiencias. Si ya se sabía que uno de los pasos iba a quedar fuera de servicio durante meses, parecía de sentido común poner en las mejores condiciones posibles el único itinerario alternativo.
Basta recorrer estas escaleras para comprobar que presentan peldaños irregulares, desniveles, zonas deterioradas y reparaciones antiguas que no han conseguido devolver uniformidad al pavimento. Son desperfectos visibles que obligan a caminar con mayor precaución y que afectan especialmente a las personas mayores o con movilidad reducida, precisamente en un recorrido utilizado con frecuencia para acceder a la residencia de mayores.
No se cuestiona la necesidad de las obras de consolidación del puente, una actuación importante para garantizar la seguridad de la infraestructura. Lo que resulta difícil de entender es que una intervención de esta envergadura no haya servido también para resolver un problema situado apenas unos metros más allá. Habría bastado una actuación relativamente sencilla para que, durante el tiempo que permanezcan clausuradas las escaleras del lado derecho, los peatones dispusieran de un acceso en mejores condiciones.
Con demasiada frecuencia, las grandes obras se centran exclusivamente en la infraestructura sobre la que se interviene y olvidan los elementos que condicionan la movilidad cotidiana. Sin embargo, una buena planificación también consiste en prever las consecuencias de los trabajos y adaptar previamente los itinerarios alternativos que deberán utilizar los ciudadanos.
Cuando finalicen las obras, las escaleras clausuradas volverán a prestar servicio y el tránsito volverá a repartirse entre ambos accesos. Pero la oportunidad de haber aprovechado esta actuación para mejorar las escaleras del lado izquierdo, precisamente cuando iban a convertirse en el principal paso peatonal de la zona, ya se habrá perdido. Y esa falta de previsión es, probablemente, la principal carencia que deja al descubierto esta actuación.
Manuel Herrero Alonso















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