LDHH
Algunos programas desprestigian RTVE
Francisco José Alonso Rodríguez
El papel de los medios públicos de comunicación es, por definición constitucional, el de garantizar el derecho a una información veraz, plural y neutral. Sin embargo, cuando la televisión financiada con el esfuerzo fiscal de todos los ciudadanos se transforma en un megáfono de ataques personalizados, el modelo quiebra. En los últimos meses, espacios televisivos de RTVE como "Malas lenguas" o "Mañaneros 360" han cruzado líneas rojas que preocupan tanto a la audiencia como a los propios profesionales de la corporación pública. Tanto asociaciones profesionales, como el Consejo de Informativos, han señalado que estos espacios han introducido dinámicas perjudiciales para el rigor informativo. Diversos informes han advertido sobre la presencia de polarización y discursos ideologizados en tertulias políticas y magazines de actualidad de la cadena,
No se trata de debates políticos habituales o de la lógica confrontación de ideas propia de una democracia. El problema radica en la deriva hacia el insulto directo y la descalificación sistemática. En estos programas se ha llegado a calificar con descaro a presidentes de otras naciones de "payasos" o "criminales", se tacha repetidamente al líder de la oposición de "incapaz" y no estar capacitado para gobernar, y se vierte una infinidad de improperios contra cualquier voz discrepante. Cuando el espacio público abandona la crítica constructiva para adoptar postulados estrictamente sectarios, el perjuicio institucional es incalculable.
Lo que resulta especialmente intolerable es que esta estrategia de polarización se financie "con nuestros impuestos". El presupuesto público de una televisión estatal debe servir para vertebrar la sociedad, ofrecer cultura y mantener informada a la ciudadanía, nunca para sufragar tertulias donde se contratan colaboradores "a precio de oro" con el único fin de denigrar al adversario político. Se genera así una flagrante contradicción: el ciudadano corriente, con su esfuerzo tributario diario, termina costeando su propia desinformación y el linchamiento público de quienes no comulgan con las directrices ideológicas de los responsables sectarios de turno.
Esta situación no solo degrada la percepción que el público tiene del medio, sino que atenta de forma directa contra los propios trabajadores de Televisión Española. Los profesionales de la casa, que han accedido a sus puestos por méritos propios y que atesoran décadas de experiencia en el periodismo riguroso, llevan tiempo protestando de manera activa por la marcha y desarrollo de este tipo de contenidos. Observan con frustración cómo la externalización de contenidos y la contratación de perfiles puramente polémicos arrastran por los suelos el prestigio de la marca RTVE, construida con tanto esfuerzo durante generaciones.
La manipulación descarada y el clientelismo en las tertulias no es un asunto menor; debilita los pilares del control democrático. Una televisión pública fuerte debe ser incómoda para el poder, no su alfombra roja. Cuando se silencia el pluralismo y se sustituye la argumentación por el vituperio, se rompe el pacto de confianza con el espectador. Los ciudadanos exigen una rectificación inmediata: el cese de los insultos, el respeto a la pluralidad política del país y el fin del despilfarro en contenidos que dividen en lugar de informar. La televisión de todos debe volver a ser, urgentemente, de todos.
Francisco José Alonso Rodríguez. -Politólogo. - Sociólogo. - Presidente de la Liga Española Pro Derechos Humanos. - Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. - Exconsejero de RTVE en Castilla y León. - Centro de Estudios Ateneos.
El papel de los medios públicos de comunicación es, por definición constitucional, el de garantizar el derecho a una información veraz, plural y neutral. Sin embargo, cuando la televisión financiada con el esfuerzo fiscal de todos los ciudadanos se transforma en un megáfono de ataques personalizados, el modelo quiebra. En los últimos meses, espacios televisivos de RTVE como "Malas lenguas" o "Mañaneros 360" han cruzado líneas rojas que preocupan tanto a la audiencia como a los propios profesionales de la corporación pública. Tanto asociaciones profesionales, como el Consejo de Informativos, han señalado que estos espacios han introducido dinámicas perjudiciales para el rigor informativo. Diversos informes han advertido sobre la presencia de polarización y discursos ideologizados en tertulias políticas y magazines de actualidad de la cadena,
No se trata de debates políticos habituales o de la lógica confrontación de ideas propia de una democracia. El problema radica en la deriva hacia el insulto directo y la descalificación sistemática. En estos programas se ha llegado a calificar con descaro a presidentes de otras naciones de "payasos" o "criminales", se tacha repetidamente al líder de la oposición de "incapaz" y no estar capacitado para gobernar, y se vierte una infinidad de improperios contra cualquier voz discrepante. Cuando el espacio público abandona la crítica constructiva para adoptar postulados estrictamente sectarios, el perjuicio institucional es incalculable.
Lo que resulta especialmente intolerable es que esta estrategia de polarización se financie "con nuestros impuestos". El presupuesto público de una televisión estatal debe servir para vertebrar la sociedad, ofrecer cultura y mantener informada a la ciudadanía, nunca para sufragar tertulias donde se contratan colaboradores "a precio de oro" con el único fin de denigrar al adversario político. Se genera así una flagrante contradicción: el ciudadano corriente, con su esfuerzo tributario diario, termina costeando su propia desinformación y el linchamiento público de quienes no comulgan con las directrices ideológicas de los responsables sectarios de turno.
Esta situación no solo degrada la percepción que el público tiene del medio, sino que atenta de forma directa contra los propios trabajadores de Televisión Española. Los profesionales de la casa, que han accedido a sus puestos por méritos propios y que atesoran décadas de experiencia en el periodismo riguroso, llevan tiempo protestando de manera activa por la marcha y desarrollo de este tipo de contenidos. Observan con frustración cómo la externalización de contenidos y la contratación de perfiles puramente polémicos arrastran por los suelos el prestigio de la marca RTVE, construida con tanto esfuerzo durante generaciones.
La manipulación descarada y el clientelismo en las tertulias no es un asunto menor; debilita los pilares del control democrático. Una televisión pública fuerte debe ser incómoda para el poder, no su alfombra roja. Cuando se silencia el pluralismo y se sustituye la argumentación por el vituperio, se rompe el pacto de confianza con el espectador. Los ciudadanos exigen una rectificación inmediata: el cese de los insultos, el respeto a la pluralidad política del país y el fin del despilfarro en contenidos que dividen en lugar de informar. La televisión de todos debe volver a ser, urgentemente, de todos.
Francisco José Alonso Rodríguez. -Politólogo. - Sociólogo. - Presidente de la Liga Española Pro Derechos Humanos. - Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. - Exconsejero de RTVE en Castilla y León. - Centro de Estudios Ateneos.














Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.63