REFLEXIONES
El parque de Baltasar Lobo clama por un sistema de fuentes y fontanas
La primitiva fuente de la plaza de La Marina podría ser un ejemplo para embellecer de agua esa zona noble de Zamora
Eugenio-Jesús de Ávila
Ha tiempo, cuando yo era todavía corría por mis venas sangre jacobina, Zamora estrenó un parque, bautizado después como el de La Marina -paradoja en una ciudad meseteña-, que presentaba una extraordinaria y bonita fuente. Ayer noche, me llegaba una foto de cómo era esa fontana. Y la memoria me recordó su belleza. Pasados los años, ignoro cuál fue el alcalde que cometió aquel atentado estético en el cogollo de la Zamora del ensanche. Tampoco busco ahora al reo. Pero esta imagen de lo que fue y ya no es me ha sugerido otra idea, de las muchas que acuden a mi mente para embellecer la ciudad del alma y que expongo en numerosos artículos. Por cierto, perdón por este inciso: cuando ocupé el número 15 en la lista de Zamora Sí, craso error por mi parte, no se me solicitó que expusiera algún proyecto atractivo para que formase parte de la oferta electoral. Traduzco: al periodista que más había escrito sobre cómo hacer más bonita Zamora se le ignoro. Paradojas políticas. Así les fue.
A lo que iba. Recuérdese que he criticado la orfandad absoluta de fuentes y fontanas en el parque Baltasar Lobo, antes del Castillo. Y he pedido que se jugase con el agua para humedecerlo, enriquecerlo y embellecerlo. Pues hete aquí que aquella fuente del primer Parque de la Marina podría, con los oportunos cambios, de acuerdo a este siglo XXI, podría endulzar ese valle verde entre la Catedral y el Castillo. Debería constituirse en la columna vertebral de agua que embelleciese esa zona tan visitada por los zamoranos, enamorados o derrotados por Eros, y turistas. La idea se la brindo a esta Corporación Municipal o a la próxima. Como también debería afrontarse un cambio en ese secarral de la plaza de la Constitución que se ha intentado esconder con esos tiestos gigantescos. Hay que abordar ya la creación de un jardín, con fuente y, si es posible, escultura de Lobo. La plaza de Zorrilla es el mejor ejemplo de jardín que vincular arte y botánica. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña.
Escribamos estos hermosos versos de Lorca en la plaza -secarral- de la Constitución. No hay problemas con filtraciones de agua ni otras zarandajas como excusas para mantener ese desierto de piedra en la plaza que contiene Santiago del Burgo, uno de los templos más bellos del románico tardío zamorano.
Eugenio-Jesús de Ávila
Ha tiempo, cuando yo era todavía corría por mis venas sangre jacobina, Zamora estrenó un parque, bautizado después como el de La Marina -paradoja en una ciudad meseteña-, que presentaba una extraordinaria y bonita fuente. Ayer noche, me llegaba una foto de cómo era esa fontana. Y la memoria me recordó su belleza. Pasados los años, ignoro cuál fue el alcalde que cometió aquel atentado estético en el cogollo de la Zamora del ensanche. Tampoco busco ahora al reo. Pero esta imagen de lo que fue y ya no es me ha sugerido otra idea, de las muchas que acuden a mi mente para embellecer la ciudad del alma y que expongo en numerosos artículos. Por cierto, perdón por este inciso: cuando ocupé el número 15 en la lista de Zamora Sí, craso error por mi parte, no se me solicitó que expusiera algún proyecto atractivo para que formase parte de la oferta electoral. Traduzco: al periodista que más había escrito sobre cómo hacer más bonita Zamora se le ignoro. Paradojas políticas. Así les fue.
A lo que iba. Recuérdese que he criticado la orfandad absoluta de fuentes y fontanas en el parque Baltasar Lobo, antes del Castillo. Y he pedido que se jugase con el agua para humedecerlo, enriquecerlo y embellecerlo. Pues hete aquí que aquella fuente del primer Parque de la Marina podría, con los oportunos cambios, de acuerdo a este siglo XXI, podría endulzar ese valle verde entre la Catedral y el Castillo. Debería constituirse en la columna vertebral de agua que embelleciese esa zona tan visitada por los zamoranos, enamorados o derrotados por Eros, y turistas. La idea se la brindo a esta Corporación Municipal o a la próxima. Como también debería afrontarse un cambio en ese secarral de la plaza de la Constitución que se ha intentado esconder con esos tiestos gigantescos. Hay que abordar ya la creación de un jardín, con fuente y, si es posible, escultura de Lobo. La plaza de Zorrilla es el mejor ejemplo de jardín que vincular arte y botánica. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña.
Escribamos estos hermosos versos de Lorca en la plaza -secarral- de la Constitución. No hay problemas con filtraciones de agua ni otras zarandajas como excusas para mantener ese desierto de piedra en la plaza que contiene Santiago del Burgo, uno de los templos más bellos del románico tardío zamorano.













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