Mª Soledad Martín Turiño
Lunes, 27 de Julio de 2026
ZAMORANA

El calor

Mª Soledad Martín Turiño

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Estaba yo en el mercado haciendo mi compra semanal cuando una señora le contaba a otra:

 

  • Para mí el verano es tiempo de ensaladas; con cinco personas en casa no me complico; ensalada de legumbres, de pasta, de arroz o de patatas y vuelta a empezar. Si acaso, en alguna ocasión, una tortilla española con pimientos y poco más, porque cocinar con este calor es insoportable.

 

  • Sí, yo también hago mucha ensalada porque es lo que más apetece; pero también me gustan platos un poco más elaborados, sobre todo cuando tengo invitados.

 

  • Bueno, dirás que la comida la hace tu empleada de hogar, porque es ella quien se ocupa. Claro, así es fácil, tú programas el menú y del resto te olvidas hasta que llega a la mesa, bien servido y sin pasar calor.

 

Continuaron hablando mientras esperábamos que nos tocara el turno en la carnicería. Miré a las otras personas que, como yo, esperaban a ser atendidas, algunas asentían, otras se distanciaban claramente para manifestar el modo en que aquella conversación les había afectado. A mí me dio por pensar en la gente que se ve obligada a trabajar al aire libre en estos días tan ardientes. Pensé en los bomberos que cada verano arriesgan su salud y su vida para extinguir los cada vez más numerosos incendios que se extienden por la geografía española y que proliferan, en la mayoría de los casos, por falta de prevención durante el resto del año; sin que el gobierno lleve a cabo ese famoso Pacto de Estado frente a la emergencia climática con el que cada verano nos apacigua hasta el siguiente.

 

Dicen los expertos que España se está desertizando; modestamente opino que, si se pusiera remedio a tiempo, previniendo, no se quemaría tanto monte; si se multaran con dureza a aquellos que lo provocan, dejarían de hacerlo; y si hubiera planes de sensibilización social seríamos más conscientes de la importancia de cuidar nuestro entorno; campañas de prevención de incendios como aquella del año 1962-63 que decía: “cuando un monte se quema, algo suyo se quema”, han de calar en los ciudadanos para que seamos más conscientes del alto valor ecológico que se pierde en un incendio: especies forestales, fauna, suelo, animales e incluso vidas humanas.

 

Pensé en los empleados municipales: limpieza de calles, residuos, reposición de elementos urbanos, que desde primera hora se despliegan por la ciudad para que aparezca limpia y aseada cuando salimos a la calle. Pensé también en los agricultores y ganaderos para los que no existen vacaciones ni días libres y, haga frio o calor, han de atender tierras y ganado. También me vinieron a la mente albañiles, asfaltadores de carreteras y tantos otros oficios que se convierten en potencialmente peligrosos en días de calor extremo, aunque algunos ya cuentan con una regulación laboral que les permite empezar su jornada más temprano con el fin de evitar las horas más calurosas.

 

No podemos evitar la climatología, pero sí sus efectos; así que hay que tomar medidas para que el verano se convierta en una época calurosa, pero que podamos combatir sus efectos adversos.

 

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