ZAMORANA
¿Estamos preparados para combatir una España ardiendo?
Mª Soledad Martín Turiño
![[Img #110158]](https://eldiadezamora.es/upload/images/07_2026/2578_7819_6981_marisol.jpg)
España se quema; por todos los rincones del país están surgiendo incendios, lo cual no sería una novedad porque, lamentablemente, todos los veranos ocurre; pero cada vez son más destructivos, más peligrosos, porque no se toman las medidas suficientes el resto del año para prevenirlos: el suelo está seco, el monte no se limpia, la maleza crece por doquier, ya no hay animales que pasten en los campos, ha subido la temperatura y todo esto se convierte en un caldo de cultivo perfecto para que, ya sea un incidente casual, o un desaprensivo pirómano prenda una llama que arrase con todo.
Nos estamos jugando el ecosistema, la fauna y la flora, amén de víctimas mortales, que ya ha habido unas cuantas en estos últimos años, y eso es algo con lo que no podemos distraernos. El gobierno tiene que tomar medidas urgentes, reforzar el número de efectivos para que cuando surge un desastre de esta magnitud no tengamos que esperar a que nos llegue la ayuda desde Europa, porque el tiempo perdido lo gana el avance de las llamas; hay que tener un parque de bomberos con dotación suficiente, tanto de personal, como de maquinaria de extinción, incluidos los medios aéreos, siempre escasos y algunos no operativos. El aumento de medios es una obligación para el Estado, con el fin de evitar este tipo de catástrofes que se repiten cada verano, o al menos para poder atacarlas in situ; y las Comunidades Autónomas deben de actuar todas a una para prestar sus equipos y que acudan allá donde se necesiten, sin mirar colores políticos u otras consideraciones.
El fuego quema, pero también destruye, arrasa, el suelo tarda en recuperar su fertilidad entre uno y cinco años, la gente pierde sus casas, en muchas ocasiones su medio de vida, y solo son noticia el tiempo que dura hasta la extinción de las llamas; después no sabemos qué ocurre con todas esas personas que se han quedado sin nada, porque ya no son noticia y, en la mayoría de los casos, pasan al olvido y al abandono más cruel.
Siempre he sostenido que la educación y la prevención son los pilares fundamentales para que un país avance; también en los incendios hay que educar a la ciudadanía en un comportamiento cívico; tal vez la forma más efectiva para aquellos que provocan deliberadamente un fuego cuyas consecuencias siempre son graves: pérdida de bienes, flora y fauna, degradación del suelo etc.; sea una fuerte sanción económica, porque el bolsillo nos duele a todos. Desgraciadamente la educación a veces falla, y es entonces cuando hay que acudir a soluciones más audaces y agresivas, porque la piromanía es un mal que debe atajarse desde la misma raíz con castigos ejemplares que quiten las ganas de seguir jugando con fuego.
Por supuesto la prevención es importante, pero aún lo es más la dotación
de medios suficientes en cada una de las CCAA; hay que invertir en seguridad, y la seguridad pasa por tener los servicios adecuados y por dar a los ciudadanos la sensación de que su vida no corre peligro, y esto que vale para los incendios, vale también para las carreteras que ahora, en esta época estival, están más concurridas. Es vergonzoso e inaceptable el estado en que se encuentran la mayoría de las vías de nuestro país, con un mantenimiento prácticamente inexistente que se reduce a parchear el pavimento, lo que hace que vayamos botando en el coche como si estuviéramos en una feria.
Resulta obligado tirar de recursos precisamente en estas situaciones que afectan a la vida de todos los ciudadanos: prevención de incendios, arreglo de vías públicas, medios de transporte seguros y eficaces que no nos dejen tirados a las primeras de cambio y unas autovías que sean gratuitas, porque resulta inaceptable que cada mes suban unos céntimos más el precio del peaje en el mismo trayecto; y todo eso que pagamos religiosamente y que va a engrosar las arcas del estado, hay que reutilizarlo de forma constructiva y práctica para la mejora de los servicios y el adecuado disfrute de todos los españoles.
![[Img #110158]](https://eldiadezamora.es/upload/images/07_2026/2578_7819_6981_marisol.jpg)
España se quema; por todos los rincones del país están surgiendo incendios, lo cual no sería una novedad porque, lamentablemente, todos los veranos ocurre; pero cada vez son más destructivos, más peligrosos, porque no se toman las medidas suficientes el resto del año para prevenirlos: el suelo está seco, el monte no se limpia, la maleza crece por doquier, ya no hay animales que pasten en los campos, ha subido la temperatura y todo esto se convierte en un caldo de cultivo perfecto para que, ya sea un incidente casual, o un desaprensivo pirómano prenda una llama que arrase con todo.
Nos estamos jugando el ecosistema, la fauna y la flora, amén de víctimas mortales, que ya ha habido unas cuantas en estos últimos años, y eso es algo con lo que no podemos distraernos. El gobierno tiene que tomar medidas urgentes, reforzar el número de efectivos para que cuando surge un desastre de esta magnitud no tengamos que esperar a que nos llegue la ayuda desde Europa, porque el tiempo perdido lo gana el avance de las llamas; hay que tener un parque de bomberos con dotación suficiente, tanto de personal, como de maquinaria de extinción, incluidos los medios aéreos, siempre escasos y algunos no operativos. El aumento de medios es una obligación para el Estado, con el fin de evitar este tipo de catástrofes que se repiten cada verano, o al menos para poder atacarlas in situ; y las Comunidades Autónomas deben de actuar todas a una para prestar sus equipos y que acudan allá donde se necesiten, sin mirar colores políticos u otras consideraciones.
El fuego quema, pero también destruye, arrasa, el suelo tarda en recuperar su fertilidad entre uno y cinco años, la gente pierde sus casas, en muchas ocasiones su medio de vida, y solo son noticia el tiempo que dura hasta la extinción de las llamas; después no sabemos qué ocurre con todas esas personas que se han quedado sin nada, porque ya no son noticia y, en la mayoría de los casos, pasan al olvido y al abandono más cruel.
Siempre he sostenido que la educación y la prevención son los pilares fundamentales para que un país avance; también en los incendios hay que educar a la ciudadanía en un comportamiento cívico; tal vez la forma más efectiva para aquellos que provocan deliberadamente un fuego cuyas consecuencias siempre son graves: pérdida de bienes, flora y fauna, degradación del suelo etc.; sea una fuerte sanción económica, porque el bolsillo nos duele a todos. Desgraciadamente la educación a veces falla, y es entonces cuando hay que acudir a soluciones más audaces y agresivas, porque la piromanía es un mal que debe atajarse desde la misma raíz con castigos ejemplares que quiten las ganas de seguir jugando con fuego.
Por supuesto la prevención es importante, pero aún lo es más la dotación
de medios suficientes en cada una de las CCAA; hay que invertir en seguridad, y la seguridad pasa por tener los servicios adecuados y por dar a los ciudadanos la sensación de que su vida no corre peligro, y esto que vale para los incendios, vale también para las carreteras que ahora, en esta época estival, están más concurridas. Es vergonzoso e inaceptable el estado en que se encuentran la mayoría de las vías de nuestro país, con un mantenimiento prácticamente inexistente que se reduce a parchear el pavimento, lo que hace que vayamos botando en el coche como si estuviéramos en una feria.
Resulta obligado tirar de recursos precisamente en estas situaciones que afectan a la vida de todos los ciudadanos: prevención de incendios, arreglo de vías públicas, medios de transporte seguros y eficaces que no nos dejen tirados a las primeras de cambio y unas autovías que sean gratuitas, porque resulta inaceptable que cada mes suban unos céntimos más el precio del peaje en el mismo trayecto; y todo eso que pagamos religiosamente y que va a engrosar las arcas del estado, hay que reutilizarlo de forma constructiva y práctica para la mejora de los servicios y el adecuado disfrute de todos los españoles.













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