DENUNCIAS
Agua camino del alcantarillado
Mientras se pide a los ciudadanos un consumo responsable, el riego de los jardines verticales se pierde por los sumideros
Hace apenas unas semanas las administraciones volvían a insistir en la necesidad de hacer un uso responsable del agua. Se recomienda cerrar el grifo mientras nos cepillamos los dientes, evitar consumos innecesarios o moderar el riego de jardines particulares. Consejos razonables que la inmensa mayoría de los ciudadanos procura seguir, especialmente durante los meses de verano.
Sin embargo, basta con darse un paseo por algunas calles del centro de Zamora para comprobar que ese mensaje parece no aplicarse cuando quien abre el grifo es la propia Administración.
La imagen que acompaña estas líneas resulta bastante elocuente. Tras el riego de uno de los jardines verticales instalados por el Ayuntamiento, el agua rebosa por la jardinera, empapa la acera y continúa su recorrido por el bordillo hasta acabar perdiéndose en los sumideros de la calle. Un recorrido tan visible como innecesario.
No se trata de cuestionar que estas instalaciones necesiten riego. Cualquier planta lo necesita, especialmente en pleno verano. El problema aparece cuando una parte del agua no cumple ninguna función y termina directamente en el alcantarillado. En ese momento ya no estamos hablando de mantenimiento, sino de un evidente desperdicio de un recurso cada vez más escaso.
La solución tampoco parece especialmente compleja. Bastaría con revisar la programación del riego, ajustar los caudales o mejorar el sistema de drenaje para evitar que el agua termine donde nunca debió llegar. Porque si el resultado final consiste en regar la acera para que el agua desaparezca por el sumidero, algo no está funcionando como debería.
A ello se añade otro inconveniente nada despreciable. Las losas mojadas pueden convertirse en una superficie resbaladiza, especialmente para personas mayores o con problemas de movilidad, de modo que el despilfarro de agua termina generando también un problema de seguridad.
Los jardines verticales ya fueron objeto de debate por su elevado coste de instalación y mantenimiento. Sobre eso ya se ha dicho prácticamente todo. Hoy la cuestión es otra mucho más sencilla: cada litro de agua que acaba en el alcantarillado es un litro que se ha desperdiciado.
Quizá desde el ya conocido departamento de propaganda municipal se nos explique que todo entra dentro de la normalidad. Sin embargo, la fotografía demuestra justamente lo contrario. Mientras a los ciudadanos se les pide responsabilidad en el consumo de agua, la Administración debería ser la primera en dar ejemplo. Porque predicar el ahorro está muy bien. Pero practicarlo resulta todavía mejor.
Hace apenas unas semanas las administraciones volvían a insistir en la necesidad de hacer un uso responsable del agua. Se recomienda cerrar el grifo mientras nos cepillamos los dientes, evitar consumos innecesarios o moderar el riego de jardines particulares. Consejos razonables que la inmensa mayoría de los ciudadanos procura seguir, especialmente durante los meses de verano.
Sin embargo, basta con darse un paseo por algunas calles del centro de Zamora para comprobar que ese mensaje parece no aplicarse cuando quien abre el grifo es la propia Administración.
La imagen que acompaña estas líneas resulta bastante elocuente. Tras el riego de uno de los jardines verticales instalados por el Ayuntamiento, el agua rebosa por la jardinera, empapa la acera y continúa su recorrido por el bordillo hasta acabar perdiéndose en los sumideros de la calle. Un recorrido tan visible como innecesario.
No se trata de cuestionar que estas instalaciones necesiten riego. Cualquier planta lo necesita, especialmente en pleno verano. El problema aparece cuando una parte del agua no cumple ninguna función y termina directamente en el alcantarillado. En ese momento ya no estamos hablando de mantenimiento, sino de un evidente desperdicio de un recurso cada vez más escaso.
La solución tampoco parece especialmente compleja. Bastaría con revisar la programación del riego, ajustar los caudales o mejorar el sistema de drenaje para evitar que el agua termine donde nunca debió llegar. Porque si el resultado final consiste en regar la acera para que el agua desaparezca por el sumidero, algo no está funcionando como debería.
A ello se añade otro inconveniente nada despreciable. Las losas mojadas pueden convertirse en una superficie resbaladiza, especialmente para personas mayores o con problemas de movilidad, de modo que el despilfarro de agua termina generando también un problema de seguridad.
Los jardines verticales ya fueron objeto de debate por su elevado coste de instalación y mantenimiento. Sobre eso ya se ha dicho prácticamente todo. Hoy la cuestión es otra mucho más sencilla: cada litro de agua que acaba en el alcantarillado es un litro que se ha desperdiciado.
Quizá desde el ya conocido departamento de propaganda municipal se nos explique que todo entra dentro de la normalidad. Sin embargo, la fotografía demuestra justamente lo contrario. Mientras a los ciudadanos se les pide responsabilidad en el consumo de agua, la Administración debería ser la primera en dar ejemplo. Porque predicar el ahorro está muy bien. Pero practicarlo resulta todavía mejor.













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