REFLEXIONES
La danza erótica del Sol y la Luna del 12 de agosto
Eugenio-Jesús de Ávila
Cuando era niño, cuando fui joven -yo también disfruté de aquellos años, aunque entre la memoria y mis amigos y amores intenten confundirme-, vivía el calor, intenso, como ahora, de los meses del verano, de julio y agosto, homenaje a dos grandes romanos, pero entonces la vida, más en Zamora y su provincia, caminaba con más pausa, sin prisas, con recreo. Tengo para mí que, con la edad, Cronos acelera nuestro tiempo. A partir de unos determinados años, el corcel del tiempo cabalga a galope. Hoy, verbigracia, te escribo sobre este verano de lluvia seca, tierra de fuego y guiño erótico del sol, y, en un periquete, ya sentiré el sonido de las hojas secas sobre los jardines.
Estas consideraciones las necesito ahora para extraer el néctar de la vida, como si fuera la abejita que liba la flor inmaculada del almendro allá, cuando febrero quiere burlar a la primavera que se anuncia. Si, amigo o amiga, amor o desamor, ahora, a mi edad, con más pasado que futuro en mi calendario, hay que buscar la rima a los versos que escribiste para hallar la estrofa de tu vida, un poema que nadie declamará.
Todavía nos queda tiempo para viajar hacia ese eclipse de Sol del 12 de agosto. Un día antes de mi cumpleaños, asistiré a esa danza de astros, al cortejo del Sol a la Luna, a un orgasmo de oscuridad, a la noche triste del alma. Callarán las avecillas, cerrarán sus piquitos y se acostarán sobre los lechos de las ramas.
Te esperaré, siguiendo aquellos consejos líricos de Antonio Machado:
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.
Eugenio-Jesús de Ávila
Cuando era niño, cuando fui joven -yo también disfruté de aquellos años, aunque entre la memoria y mis amigos y amores intenten confundirme-, vivía el calor, intenso, como ahora, de los meses del verano, de julio y agosto, homenaje a dos grandes romanos, pero entonces la vida, más en Zamora y su provincia, caminaba con más pausa, sin prisas, con recreo. Tengo para mí que, con la edad, Cronos acelera nuestro tiempo. A partir de unos determinados años, el corcel del tiempo cabalga a galope. Hoy, verbigracia, te escribo sobre este verano de lluvia seca, tierra de fuego y guiño erótico del sol, y, en un periquete, ya sentiré el sonido de las hojas secas sobre los jardines.
Estas consideraciones las necesito ahora para extraer el néctar de la vida, como si fuera la abejita que liba la flor inmaculada del almendro allá, cuando febrero quiere burlar a la primavera que se anuncia. Si, amigo o amiga, amor o desamor, ahora, a mi edad, con más pasado que futuro en mi calendario, hay que buscar la rima a los versos que escribiste para hallar la estrofa de tu vida, un poema que nadie declamará.
Todavía nos queda tiempo para viajar hacia ese eclipse de Sol del 12 de agosto. Un día antes de mi cumpleaños, asistiré a esa danza de astros, al cortejo del Sol a la Luna, a un orgasmo de oscuridad, a la noche triste del alma. Callarán las avecillas, cerrarán sus piquitos y se acostarán sobre los lechos de las ramas.
Te esperaré, siguiendo aquellos consejos líricos de Antonio Machado:
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.













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