LA ENTREVISTA
Andrea Valero, una apuesta por Zamora y por el amor a la artesanía en moda
Entrevistamos a la diseñadora zamorana que este año contó con uno de sus diseños en la alfombra roja de los Goya del cine español.
Andrea Valero hace con nosotros balance de los primeros ocho meses de su tienda y showroom, un espacio abierto a pie de calle, en Cardenal Mella, en el que ofrece prendas artesanales y exclusivas, además de un asesoramiento completamente personalizado.
Tras la buena acogida de sus propuestas de comunión para niño y niña, trabaja ya en "Munay", una nueva colección que se aleja de las tendencias para hablar del amor en todas sus dimensiones.
Han pasado casi ocho meses desde que abriste tu tienda y showroom en Zamora. ¿Cómo ha sido este comienzo de la aventura empresarial? ¿Ha respondido la ciudad como esperabas?
-Inauguramos el 30 de noviembre y comenzamos a trabajar el 1 de diciembre, por lo que nos lanzamos de lleno en la campaña de comuniones. Han sido siete meses de auténtica locura, pero los repetiría todos, desde el primero hasta el último.
La gran sorpresa de esta temporada ha sido la venta de comunión para niño. Habitualmente, como nuestras propuestas son algo más novedosas, nos costaba conseguir la aceptación que necesitábamos. Sin embargo, este año, podemos decir que hemos vendido prácticamente a partes iguales las colecciones de comunión para niña y para niño. Eso nos ha permitido comprobar que estamos avanzando por el camino correcto.
Apostaste por abrir un espacio a pie de calle en una ciudad como Zamora, donde emprender dentro del mundo de la moda no siempre resulta fácil. ¿Qué ha sido lo más complicado de estos meses y qué es lo que más satisfacción te ha dado?
-Hasta ahora, nuestro método de trabajo consistía en mantener un showroom en una planta superior para ofrecer una mayor privacidad a nuestros clientes. Sin embargo, hemos comprobado que Zamora sigue siendo una ciudad en la que las cosas entran mucho por los ojos. Necesitábamos una ventana abierta al público y ese es precisamente el papel que cumple ahora nuestro escaparate: mostrarnos y ayudarnos a abrir nuevas puertas.
La acogida ha sido muy buena. Hay personas que entran simplemente para darnos la enhorabuena, conocer la tienda y disfrutar del espacio y de cómo ha quedado. La aceptación está siendo bastante positiva, aunque somos conscientes de que todavía nos queda mucho camino por recorrer.
El mundo de la moda es muy complicado. Todo lo relacionado con este sector es una carrera de fondo: no puedes desesperarte y tienes que saber mantenerte en tu sitio, siendo consciente de que las cosas no se consiguen de un día para otro. Con paciencia, buen hacer, ganas e ilusión, al final los objetivos se van alcanzando.
Quien todavía no conozca tu tienda-showroom, ¿qué puede encontrar cuando cruza la puerta? ¿Qué diferencia la experiencia de acudir a Andrea Valero frente a la de una tienda de moda convencional?
-Lo primero que va a encontrar es a nosotras: a Tati junto a mí o a mí sola, pero siempre intentando satisfacer los deseos de cada persona que entra. Ofrecemos prendas artesanales, realizadas a mano, cuidadas hasta el último detalle y completamente exclusivas. Solamente confeccionamos un modelo de cada diseño, por lo que estamos proporcionando algo que no se encuentra habitualmente en otras tiendas. En ellas puede haber prendas preciosas, pero están confeccionadas en cadena y existe la posibilidad de que muchas personas lleven el mismo vestido o traje.
Nosotras también queremos ofrecer toda una experiencia alrededor de la compra de un vestido de novia, un traje de comunión o una propuesta para niño. Nos convertimos en asesoras personales de nuestros clientes: les explicamos qué prendas les sientan mejor, qué colores les favorecen o cómo podemos potenciar aquello que les gusta y disimular lo que les hace sentirse menos cómodos. Ponemos todo de nuestra parte para que cada persona se sienta favorecida, segura y satisfecha con el resultado.
Tus colecciones siempre cuentan una historia y tienen un fuerte componente artístico. Sin desvelar demasiado, ¿qué inspiración hay detrás de la próxima colección? ¿Qué tendencias, tejidos o detalles veremos esta temporada?
-Efectivamente, todas nuestras colecciones cuentan una historia. Siempre lo digo y me reafirmo en esa idea: si no existe una historia de fondo, no tienes una colección. Si no estás contando algo a través de lo que creas, por muy bonito que sea el resultado, para mí no puede considerarse realmente una colección.
Este año puedo adelantar que el título será “Munay”. Hace referencia al amor, pero no al amor romántico, sino al amor verdadero y sin prejuicios; al amor entendido como una forma de sentir hacia todo lo que te rodea, ya sea tu entorno, la naturaleza o una dimensión más espiritual. Es una manera de entender el amor bastante alejada de la concepción occidental, pero que posee una enorme carga y un gran poder espiritual.
En esta ocasión nos hemos alejado completamente de las tendencias para marcar una línea nueva que, al mismo tiempo, continúa con nuestro trabajo anterior. Seguirán siendo vestidos y trajes muy románticos, pero este año hemos centrado buena parte de la colección en las gasas bordadas.
Hasta ahora habían tenido un mayor protagonismo los tules, los tules bordados y las aplicaciones. En esta nueva colección hemos apostado por unas gasas bordadas que son verdaderamente espectaculares.

Este año, uno de tus diseños llegó a la alfombra roja de los Premios Goya, un escaparate extraordinario para una diseñadora zamorana. ¿Qué supuso para ti vivir ese momento?
-Era un proyecto que llevaba tiempo rondándonos, pero que hasta ahora no habíamos conseguido desarrollar. Este año, por distintas circunstancias y también con mucho empeño por mi parte, logramos hacerlo realidad.
Ha sido una experiencia maravillosa. Cuando el vestido regresó a la tienda, preparamos un escaparate dedicado exclusivamente a ese gran momento en la alfombra roja de los Goya. Todavía hay personas que entran para preguntarnos por él y que quieren verlo. Lo conservamos aquí y está a disposición de cualquiera que quiera acercarse a conocerlo. Incluso está a la venta, por lo que, si alguien se enamora de él, también puede comprarlo.
Ojalá podamos volver a desarrollar un proyecto junto a Bárbara y Javi y participar de nuevo de esa manera en los Premios Goya. Sería maravilloso repetirlo.
Mirando ya al nuevo curso, ¿qué proyectos tienes sobre la mesa? ¿Podemos esperar alguna sorpresa, quizá volver a ver un vestido firmado por Andrea Valero en una gran alfombra roja?
-Llevo mucho tiempo intentando sacar adelante algunos proyectos. Además, este año vamos a realizar una presentación muy especial de la nueva colección. Será algo muy diferente a todo lo que hemos hecho hasta ahora. También hay un proyecto de carácter expositivo en el que llevamos tiempo pensando. No quiero ponerme un plazo concreto, pero sí me gustaría poder desarrollarlo a lo largo del próximo año.
Puede que sorprendamos con algo que la gente no espera, porque no tiene nada que ver con el mundo de la novia ni con el de la ceremonia. Por el momento, no puedo contar mucho más, pero estamos trabajando en propuestas distintas.
Después de tantos años defendiendo una moda hecha a mano y con identidad propia, ¿crees que el público está empezando a valorar más el trabajo artesanal frente a la moda rápida?
-Hay de todo, aunque es cierto que estamos viviendo un regreso a la artesanía. Cada vez existe una mayor conciencia de que estamos perdiendo a las personas que dominan los oficios tradicionales y de que no hay una nueva generación que recoja y conserve esos conocimientos.
Resulta muy enriquecedor comprobar que hay personas que empiezan a valorar ese trabajo, pero todavía no hemos llegado a todo el público. En alguna ocasión ha entrado alguien en la tienda solicitando un vestido de novia de una semana para otra. Son peticiones prácticamente imposibles de atender cuando hablamos de una prenda confeccionada de manera artesanal.
Una persona que conoce y valora mínimamente este tipo de trabajo entiende que un vestido hecho a mano necesita tiempo. Cuando encuentras a un cliente que viene precisamente porque aprecia la artesanía, la exclusividad y todo lo que existe detrás de una prenda, el diálogo que se establece entre el cliente y el diseñador es maravilloso. A otras personas tienes que explicarles el proceso y ayudarles a comprender su valor. En ocasiones consigues que lo entiendan, pero también hay quien no le da importancia a que una prenda esté hecha a mano o a máquina o a que exista una sola unidad o se hayan producido quinientas. Por eso creo que hemos avanzado, pero todavía nos queda camino por recorrer para que el trabajo artesanal reciba todo el reconocimiento que merece.
Fotografías: Esteban Pedrosa
Andrea Valero hace con nosotros balance de los primeros ocho meses de su tienda y showroom, un espacio abierto a pie de calle, en Cardenal Mella, en el que ofrece prendas artesanales y exclusivas, además de un asesoramiento completamente personalizado.
Tras la buena acogida de sus propuestas de comunión para niño y niña, trabaja ya en "Munay", una nueva colección que se aleja de las tendencias para hablar del amor en todas sus dimensiones.
Han pasado casi ocho meses desde que abriste tu tienda y showroom en Zamora. ¿Cómo ha sido este comienzo de la aventura empresarial? ¿Ha respondido la ciudad como esperabas?
-Inauguramos el 30 de noviembre y comenzamos a trabajar el 1 de diciembre, por lo que nos lanzamos de lleno en la campaña de comuniones. Han sido siete meses de auténtica locura, pero los repetiría todos, desde el primero hasta el último.
La gran sorpresa de esta temporada ha sido la venta de comunión para niño. Habitualmente, como nuestras propuestas son algo más novedosas, nos costaba conseguir la aceptación que necesitábamos. Sin embargo, este año, podemos decir que hemos vendido prácticamente a partes iguales las colecciones de comunión para niña y para niño. Eso nos ha permitido comprobar que estamos avanzando por el camino correcto.
Apostaste por abrir un espacio a pie de calle en una ciudad como Zamora, donde emprender dentro del mundo de la moda no siempre resulta fácil. ¿Qué ha sido lo más complicado de estos meses y qué es lo que más satisfacción te ha dado?
-Hasta ahora, nuestro método de trabajo consistía en mantener un showroom en una planta superior para ofrecer una mayor privacidad a nuestros clientes. Sin embargo, hemos comprobado que Zamora sigue siendo una ciudad en la que las cosas entran mucho por los ojos. Necesitábamos una ventana abierta al público y ese es precisamente el papel que cumple ahora nuestro escaparate: mostrarnos y ayudarnos a abrir nuevas puertas.
La acogida ha sido muy buena. Hay personas que entran simplemente para darnos la enhorabuena, conocer la tienda y disfrutar del espacio y de cómo ha quedado. La aceptación está siendo bastante positiva, aunque somos conscientes de que todavía nos queda mucho camino por recorrer.
El mundo de la moda es muy complicado. Todo lo relacionado con este sector es una carrera de fondo: no puedes desesperarte y tienes que saber mantenerte en tu sitio, siendo consciente de que las cosas no se consiguen de un día para otro. Con paciencia, buen hacer, ganas e ilusión, al final los objetivos se van alcanzando.
Quien todavía no conozca tu tienda-showroom, ¿qué puede encontrar cuando cruza la puerta? ¿Qué diferencia la experiencia de acudir a Andrea Valero frente a la de una tienda de moda convencional?
-Lo primero que va a encontrar es a nosotras: a Tati junto a mí o a mí sola, pero siempre intentando satisfacer los deseos de cada persona que entra. Ofrecemos prendas artesanales, realizadas a mano, cuidadas hasta el último detalle y completamente exclusivas. Solamente confeccionamos un modelo de cada diseño, por lo que estamos proporcionando algo que no se encuentra habitualmente en otras tiendas. En ellas puede haber prendas preciosas, pero están confeccionadas en cadena y existe la posibilidad de que muchas personas lleven el mismo vestido o traje.
Nosotras también queremos ofrecer toda una experiencia alrededor de la compra de un vestido de novia, un traje de comunión o una propuesta para niño. Nos convertimos en asesoras personales de nuestros clientes: les explicamos qué prendas les sientan mejor, qué colores les favorecen o cómo podemos potenciar aquello que les gusta y disimular lo que les hace sentirse menos cómodos. Ponemos todo de nuestra parte para que cada persona se sienta favorecida, segura y satisfecha con el resultado.
Tus colecciones siempre cuentan una historia y tienen un fuerte componente artístico. Sin desvelar demasiado, ¿qué inspiración hay detrás de la próxima colección? ¿Qué tendencias, tejidos o detalles veremos esta temporada?
-Efectivamente, todas nuestras colecciones cuentan una historia. Siempre lo digo y me reafirmo en esa idea: si no existe una historia de fondo, no tienes una colección. Si no estás contando algo a través de lo que creas, por muy bonito que sea el resultado, para mí no puede considerarse realmente una colección.
Este año puedo adelantar que el título será “Munay”. Hace referencia al amor, pero no al amor romántico, sino al amor verdadero y sin prejuicios; al amor entendido como una forma de sentir hacia todo lo que te rodea, ya sea tu entorno, la naturaleza o una dimensión más espiritual. Es una manera de entender el amor bastante alejada de la concepción occidental, pero que posee una enorme carga y un gran poder espiritual.
En esta ocasión nos hemos alejado completamente de las tendencias para marcar una línea nueva que, al mismo tiempo, continúa con nuestro trabajo anterior. Seguirán siendo vestidos y trajes muy románticos, pero este año hemos centrado buena parte de la colección en las gasas bordadas.
Hasta ahora habían tenido un mayor protagonismo los tules, los tules bordados y las aplicaciones. En esta nueva colección hemos apostado por unas gasas bordadas que son verdaderamente espectaculares.

Este año, uno de tus diseños llegó a la alfombra roja de los Premios Goya, un escaparate extraordinario para una diseñadora zamorana. ¿Qué supuso para ti vivir ese momento?
-Era un proyecto que llevaba tiempo rondándonos, pero que hasta ahora no habíamos conseguido desarrollar. Este año, por distintas circunstancias y también con mucho empeño por mi parte, logramos hacerlo realidad.
Ha sido una experiencia maravillosa. Cuando el vestido regresó a la tienda, preparamos un escaparate dedicado exclusivamente a ese gran momento en la alfombra roja de los Goya. Todavía hay personas que entran para preguntarnos por él y que quieren verlo. Lo conservamos aquí y está a disposición de cualquiera que quiera acercarse a conocerlo. Incluso está a la venta, por lo que, si alguien se enamora de él, también puede comprarlo.
Ojalá podamos volver a desarrollar un proyecto junto a Bárbara y Javi y participar de nuevo de esa manera en los Premios Goya. Sería maravilloso repetirlo.
Mirando ya al nuevo curso, ¿qué proyectos tienes sobre la mesa? ¿Podemos esperar alguna sorpresa, quizá volver a ver un vestido firmado por Andrea Valero en una gran alfombra roja?
-Llevo mucho tiempo intentando sacar adelante algunos proyectos. Además, este año vamos a realizar una presentación muy especial de la nueva colección. Será algo muy diferente a todo lo que hemos hecho hasta ahora. También hay un proyecto de carácter expositivo en el que llevamos tiempo pensando. No quiero ponerme un plazo concreto, pero sí me gustaría poder desarrollarlo a lo largo del próximo año.
Puede que sorprendamos con algo que la gente no espera, porque no tiene nada que ver con el mundo de la novia ni con el de la ceremonia. Por el momento, no puedo contar mucho más, pero estamos trabajando en propuestas distintas.
Después de tantos años defendiendo una moda hecha a mano y con identidad propia, ¿crees que el público está empezando a valorar más el trabajo artesanal frente a la moda rápida?
-Hay de todo, aunque es cierto que estamos viviendo un regreso a la artesanía. Cada vez existe una mayor conciencia de que estamos perdiendo a las personas que dominan los oficios tradicionales y de que no hay una nueva generación que recoja y conserve esos conocimientos.
Resulta muy enriquecedor comprobar que hay personas que empiezan a valorar ese trabajo, pero todavía no hemos llegado a todo el público. En alguna ocasión ha entrado alguien en la tienda solicitando un vestido de novia de una semana para otra. Son peticiones prácticamente imposibles de atender cuando hablamos de una prenda confeccionada de manera artesanal.
Una persona que conoce y valora mínimamente este tipo de trabajo entiende que un vestido hecho a mano necesita tiempo. Cuando encuentras a un cliente que viene precisamente porque aprecia la artesanía, la exclusividad y todo lo que existe detrás de una prenda, el diálogo que se establece entre el cliente y el diseñador es maravilloso. A otras personas tienes que explicarles el proceso y ayudarles a comprender su valor. En ocasiones consigues que lo entiendan, pero también hay quien no le da importancia a que una prenda esté hecha a mano o a máquina o a que exista una sola unidad o se hayan producido quinientas. Por eso creo que hemos avanzado, pero todavía nos queda camino por recorrer para que el trabajo artesanal reciba todo el reconocimiento que merece.
Fotografías: Esteban Pedrosa














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