INCENDIOS FORESTALES
Ecofire y el incendio de Fermoselle: qué se sabe de su eficacia y qué continúa sin demostrarse
La propia documentación del producto aconseja evitar que alcance cursos de agua
Según los bomberos y especialistas en incendios forestales consultados, casi todo lo que se dice del producto es algo más propio de la publicidad en televisión que de lo que luego parece demostrar en las experiencias reales.
La posible utilización de Ecofire durante el incendio forestal de Fermoselle ha abierto un debate que mezcla cuestiones técnicas, medioambientales y políticas. Representantes y simpatizantes de Se Acabó La Fiesta aseguran haber desplazado miles de litros de este producto hasta Zamora para colaborar en la extinción, al tiempo que critican que las administraciones no permitieran incorporarlo al operativo.
En redes sociales, Ecofire ha sido presentado como una solución española, ecológica y mucho más eficaz que el agua. Sin embargo, las pruebas disponibles no permiten llegar tan lejos. El producto ha demostrado una importante capacidad para frenar la combustión en condiciones de laboratorio, pero eso no equivale a haber probado su eficacia frente a un gran incendio forestal como el de Fermoselle.
¿Qué es Ecofire?
Ecofire Forest es un producto líquido que se aplica sobre la vegetación y otros combustibles para dificultar que ardan. Por su funcionamiento, debe entenderse principalmente como un retardante de largo plazo, no como una sustancia capaz de apagar automáticamente cualquier incendio.
La diferencia es importante. El agua enfría directamente el combustible y ayuda a apagar las llamas, pero se evapora con rapidez. Los retardantes, por el contrario, pueden permanecer durante más tiempo sobre la vegetación y modificar su comportamiento frente al fuego, pero son más difíciles de movilizar y distribuir, además de que el coste/eficacia no siempre los hace adecuados.
Por eso pueden resultar útiles para crear líneas de defensa, proteger viviendas o reducir la intensidad de las llamas en determinados puntos. No obstante, necesitan aplicarse antes de que llegue el frente o en zonas concretas elegidas por la dirección técnica del incendio.
Lo que realmente ha probado el INIA-CSIC
La principal prueba institucional conocida fue realizada en 2023 por el Laboratorio de Incendios Forestales del INIA-CSIC, por encargo de la empresa distribuidora.
Durante el ensayo, se colocó combustible vegetal sobre una mesa experimental y se comparó su comportamiento después de aplicar agua o Ecofire. El producto se utilizó sin diluir y con una dosis de aproximadamente un litro por cada metro cuadrado.
Los resultados fueron favorables. La vegetación tratada con Ecofire ardió mucho menos que la que había recibido únicamente agua. También se redujeron la velocidad de propagación y la altura de las llamas. A partir de estas pruebas, la muestra fue clasificada como retardante de largo plazo conforme a la norma técnica utilizada en el ensayo.Esto demuestra que el producto tiene un efecto retardante real en las condiciones estudiadas.
Pero el propio informe introduce dos matices fundamentales: la prueba no constituye una homologación oficial y tampoco reproduce las dimensiones, la energía ni el comportamiento de un incendio forestal real.
Por tanto, el estudio no permite asegurar que Ecofire pueda detener un frente de varios kilómetros, un fuego de copas o un incendio impulsado por vientos fuertes y con lanzamiento de pavesas a larga distancia.
Un ensayo de laboratorio no es un incendio como el de Fermoselle
La diferencia puede compararse con probar un extintor sobre una bandeja en llamas y afirmar después que servirá para apagar un polígono industrial entero. A ninguna administración ni a bomberos se les ocurriría utilizar un camión con polvo químico seco para apagar el incendio de un chalé, por ejemplo, entre otras cosas, por su evidente contaminación química.
La prueba de laboratorio permite saber que la sustancia actúa sobre el combustible. Sin embargo, para acreditar su utilidad operativa harían falta ensayos a una escala mucho mayor y en condiciones próximas a las que encuentran los servicios de extinción. Entre otras cuestiones, sería necesario comprobar:
Cómo se comporta con vientos fuertes.
Qué ocurre cuando las llamas alcanzan las copas de los árboles.
Si las pavesas pueden superar las líneas tratadas.
Cuánto dura su efecto después de varias horas o días.
Cómo influye la lluvia.
Qué anchura debe tener una barrera para resultar efectiva.
Si puede aplicarse con autobombas, helicópteros o aviones.
Qué cantidad sería necesaria para proteger una población
En el incendio de Fermoselle, el fuego avanzó por una zona de relieve muy accidentado, con cañones y fuertes pendientes que dificultaban la entrada de maquinaria y medios terrestres. En estas circunstancias, ningún retardante puede considerarse una solución milagrosa.
¿Puede apagar un incendio sin capacidad de extinción?
Los denominados incendios de sexta generación liberan cantidades enormes de energía y pueden llegar a modificar las condiciones atmosféricas de su entorno. Generan columnas convectivas muy intensas, cambios bruscos de dirección, caída de pavesas a varios kilómetros y comportamientos difíciles de predecir. Durante las fases más extremas, estos incendios pueden encontrarse fuera de la capacidad de extinción. Eso significa que ni el agua ni los retardantes ni el número de medios desplegados permiten atacar directamente el frente con seguridad.
En esas situaciones, los equipos se concentran en proteger a la población, defender viviendas e infraestructuras y esperar a que cambien las condiciones meteorológicas o disminuya la intensidad del fuego.
Ecofire podría tener utilidad para proteger de manera preventiva determinados puntos, pero no existe ninguna prueba pública que demuestre que pueda controlar por sí solo un incendio de sexta generación. Además, es caro y obligaría a desplazarse lejos a los camiones o medios aéreos.
Un coste demasiado elevado
La dosis utilizada en el ensayo del INIA-CSIC fue de un litro por metro cuadrado. Con esa referencia, serían necesarios unos 10.000 litros para tratar una hectárea de terreno.
Los precios de venta al público localizados para depósitos de 1.000 litros se sitúan en varios miles de euros. A precios comerciales, tratar una sola hectárea podría superar los 50.000 euros, únicamente en producto, sin contar el transporte, los vehículos, el personal o los medios aéreos. Una barrera de un kilómetro de longitud y diez metros de anchura también requeriría aproximadamente 10.000 litros.
Los 11.000 litros cubrirían, utilizando la dosis ensayada, una línea de aproximadamente 1,1 kilómetros de longitud y 10 metros de anchura, o solo 550 metros si la barrera tuviera 20 metros. Además, supondrían alrededor de 14,7 toneladas de producto que habría que transportar, descargar y pulverizar.
Aplicarlo sobre las 10.000 hectáreas de un gran incendio sería una hipótesis absurda desde el punto de vista operativo, pero sirve para visualizar la escala: harían falta unos 100 millones de litros, con un coste del producto de aproximadamente 487–655 millones de euros, sin contar aeronaves, camiones, combustible, personal, logística ni reposición.
En la realidad, los retardantes se aplican únicamente en líneas o puntos estratégicos. Incluso así, el coste por kilómetro sería elevado y habría que saber previamente qué anchura es capaz de resistir el paso de un frente real, dato que no ofrecen los ensayos publicados.
Esto no significa que sea necesario impregnar toda la superficie de un incendio. Los retardantes se utilizan en líneas y zonas estratégicas. No obstante, la estimación permite entender el principal problema: una cantidad que parece elevada puede cubrir una superficie relativamente pequeña cuando se traslada a la escala de un gran incendio.
Además del precio, hay que considerar el peso. Diez mil litros suponen varias toneladas de carga que deben transportarse, almacenarse y aplicarse de manera uniforme en un terreno que puede ser abrupto y de difícil acceso.
¿Es completamente ecológico?
La empresa presenta Ecofire como biodegradable y elaborado con componentes de origen orgánico. Su ficha de seguridad señala que la mezcla no está clasificada como peligrosa en las condiciones previstas de utilización. Sin embargo, que un producto sea biodegradable o no esté catalogado como peligroso no significa que pueda utilizarse en cualquier cantidad sin impacto medioambiental.
La composición completa y las concentraciones exactas no son públicas, lo que dificulta una evaluación independiente de todos sus componentes. La propia documentación aconseja evitar que alcance cursos de agua. También se han realizado ensayos privados sobre plantas. En concentraciones bajas, no se observaron efectos relevantes, pero las dosis elevadas redujeron el crecimiento y llegaron a impedir la germinación de algunas semillas.
Estos experimentos no reproducen exactamente lo que sucedería tras una aplicación sobre el monte. Sí demuestran, no obstante, que no puede afirmarse que el producto sea inocuo para todas las especies y a cualquier concentración. Para valorar su impacto real serían necesarios estudios independientes sobre diferentes plantas, microorganismos del suelo, insectos, fauna acuática y calidad del agua.
¿Por qué no se puede incorporar cualquier producto a un operativo?
La extinción de un incendio forestal se organiza mediante un mando único. La dirección técnica decide qué medios se movilizan, dónde actúan y qué sustancias se utilizan. La llegada de una empresa, una asociación o un grupo político con miles de litros de un producto no obliga al operativo a incorporarlo. Antes deben comprobarse aspectos como su autorización, seguridad, compatibilidad con los vehículos, forma de aplicación, consecuencias medioambientales y responsabilidad en caso de accidente.
Tampoco pueden entrar libremente vehículos o personas en una zona de emergencia. Una actuación sin coordinación puede bloquear carreteras, interferir con las autobombas o poner en peligro tanto a los voluntarios como a los profesionales.
Que un producto no sea aceptado durante un incendio activo no demuestra por sí mismo que exista un boicot político. Puede responder simplemente a la obligación de mantener el control y la seguridad del operativo.
De la discusión técnica al enfrentamiento político
La polémica de Fermoselle ha sido amplificada principalmente por cuentas y grupos vinculados a la extrema derecha. Su mensaje presenta una explicación sencilla: existe un producto español, barato y ecológico que permitiría apagar los incendios, pero las administraciones se niegan a utilizarlo por burocracia, incompetencia o intereses ocultos.
Durante el incendio de Fermoselle, representantes de SALF aseguraron haber desplazado entre 9.000 y 11.000 litros y afirmaron que no se les permitió descargarlos en el operativo. Esta narrativa tiene una gran capacidad de difusión porque transforma un problema extremadamente complejo en un enfrentamiento entre ciudadanos que quieren ayudar y gobiernos que supuestamente se lo impiden. Sin embargo, los grandes incendios dependen de numerosos factores: la cantidad de vegetación acumulada, la sequía, las temperaturas, el viento, el relieve, los accesos, la despoblación, la prevención realizada durante el invierno, la disponibilidad de medios y la seguridad de la población.
Reducir todo el debate a la utilización de un producto evita tener que discutir sobre esas cuestiones y convierte la emergencia en un argumento contra el Gobierno central o contra las comunidades autónomas responsables de la extinción.
Sin embargo, impedir que particulares incorporen por su cuenta un producto químico a un incendio activo no demuestra que exista un boicot. La Ley de Montes exige un mando unificado, y la dirección técnica decide qué medios, sustancias y tácticas se integran en el dispositivo por razones de seguridad, coordinación y responsabilidad. Las comunidades autónomas son las competentes ordinariamente en prevención y extinción, mientras el Estado aporta medios de apoyo.
También se mezclan datos comprobados con afirmaciones comerciales. Que Ecofire haya funcionado bien en un laboratorio no demuestra que pueda apagar un incendio como el de Fermoselle. De la misma manera, que todavía no se haya incorporado a los operativos tampoco significa que el producto sea inútil.
Hay una contradicción política significativa: en 2025 Vox pidió en el Ayuntamiento de Zaragoza que Ecofire se sometiera a un ensayo controlado con bomberos y, eventualmente, con la Universidad de Zaragoza antes de plantearse su adquisición. La propia moción reconocía que las demostraciones televisivas no eran suficientes y que hacían falta pruebas científicas independientes. La propuesta fue rechazada por 26 votos frente a cuatro. Por tanto, exigir ahora que se utilice inmediatamente en un gran incendio sin esos ensayos contradice el principio de prudencia que el propio partido defendía.
Ni producto milagroso ni fraude demostrado
La información disponible permite alcanzar una conclusión intermedia. Ecofire no puede descartarse como una sustancia sin ninguna utilidad: ha mostrado una elevada capacidad retardante en ensayos controlados. Pero tampoco existe evidencia suficiente para presentarlo como una alternativa capaz de sustituir al agua, a los retardantes ya utilizados o a los dispositivos profesionales de extinción.
Antes de incorporarlo a los grandes incendios serían necesarios ensayos independientes y a escala real. Estos deberían comparar su eficacia, precio e impacto ambiental con los productos ya disponibles y determinar en qué situaciones podría utilizarse con seguridad. Hasta que esas pruebas se realicen, Ecofire debe considerarse una posible herramienta preventiva o complementaria, no una solución milagrosa frente a incendios extremos como el sufrido en Fermoselle.
Por otro lado, si el producto impide que crezca pasto, retarda el crecimiento de árboles o vegetación de otro tipo o provoca alguna enfermedad en seres humanos o animales, ¿Alvise Pérez se hará cargo de las indemnizaciones por su reparto en pueblos cercanos al incendio de Fermoselle? ¿Nos gustaría que nuestra provincia fuera la prueba piloto de un producto químico?
Fotografía: BRIF en el incendio de Fermoselle del 2017.
La posible utilización de Ecofire durante el incendio forestal de Fermoselle ha abierto un debate que mezcla cuestiones técnicas, medioambientales y políticas. Representantes y simpatizantes de Se Acabó La Fiesta aseguran haber desplazado miles de litros de este producto hasta Zamora para colaborar en la extinción, al tiempo que critican que las administraciones no permitieran incorporarlo al operativo.
En redes sociales, Ecofire ha sido presentado como una solución española, ecológica y mucho más eficaz que el agua. Sin embargo, las pruebas disponibles no permiten llegar tan lejos. El producto ha demostrado una importante capacidad para frenar la combustión en condiciones de laboratorio, pero eso no equivale a haber probado su eficacia frente a un gran incendio forestal como el de Fermoselle.
¿Qué es Ecofire?
Ecofire Forest es un producto líquido que se aplica sobre la vegetación y otros combustibles para dificultar que ardan. Por su funcionamiento, debe entenderse principalmente como un retardante de largo plazo, no como una sustancia capaz de apagar automáticamente cualquier incendio.
La diferencia es importante. El agua enfría directamente el combustible y ayuda a apagar las llamas, pero se evapora con rapidez. Los retardantes, por el contrario, pueden permanecer durante más tiempo sobre la vegetación y modificar su comportamiento frente al fuego, pero son más difíciles de movilizar y distribuir, además de que el coste/eficacia no siempre los hace adecuados.
Por eso pueden resultar útiles para crear líneas de defensa, proteger viviendas o reducir la intensidad de las llamas en determinados puntos. No obstante, necesitan aplicarse antes de que llegue el frente o en zonas concretas elegidas por la dirección técnica del incendio.
Lo que realmente ha probado el INIA-CSIC
La principal prueba institucional conocida fue realizada en 2023 por el Laboratorio de Incendios Forestales del INIA-CSIC, por encargo de la empresa distribuidora.
Durante el ensayo, se colocó combustible vegetal sobre una mesa experimental y se comparó su comportamiento después de aplicar agua o Ecofire. El producto se utilizó sin diluir y con una dosis de aproximadamente un litro por cada metro cuadrado.
Los resultados fueron favorables. La vegetación tratada con Ecofire ardió mucho menos que la que había recibido únicamente agua. También se redujeron la velocidad de propagación y la altura de las llamas. A partir de estas pruebas, la muestra fue clasificada como retardante de largo plazo conforme a la norma técnica utilizada en el ensayo.Esto demuestra que el producto tiene un efecto retardante real en las condiciones estudiadas.
Pero el propio informe introduce dos matices fundamentales: la prueba no constituye una homologación oficial y tampoco reproduce las dimensiones, la energía ni el comportamiento de un incendio forestal real.
Por tanto, el estudio no permite asegurar que Ecofire pueda detener un frente de varios kilómetros, un fuego de copas o un incendio impulsado por vientos fuertes y con lanzamiento de pavesas a larga distancia.
Un ensayo de laboratorio no es un incendio como el de Fermoselle
La diferencia puede compararse con probar un extintor sobre una bandeja en llamas y afirmar después que servirá para apagar un polígono industrial entero. A ninguna administración ni a bomberos se les ocurriría utilizar un camión con polvo químico seco para apagar el incendio de un chalé, por ejemplo, entre otras cosas, por su evidente contaminación química.
La prueba de laboratorio permite saber que la sustancia actúa sobre el combustible. Sin embargo, para acreditar su utilidad operativa harían falta ensayos a una escala mucho mayor y en condiciones próximas a las que encuentran los servicios de extinción. Entre otras cuestiones, sería necesario comprobar:
Cómo se comporta con vientos fuertes.
Qué ocurre cuando las llamas alcanzan las copas de los árboles.
Si las pavesas pueden superar las líneas tratadas.
Cuánto dura su efecto después de varias horas o días.
Cómo influye la lluvia.
Qué anchura debe tener una barrera para resultar efectiva.
Si puede aplicarse con autobombas, helicópteros o aviones.
Qué cantidad sería necesaria para proteger una población
En el incendio de Fermoselle, el fuego avanzó por una zona de relieve muy accidentado, con cañones y fuertes pendientes que dificultaban la entrada de maquinaria y medios terrestres. En estas circunstancias, ningún retardante puede considerarse una solución milagrosa.
¿Puede apagar un incendio sin capacidad de extinción?
Los denominados incendios de sexta generación liberan cantidades enormes de energía y pueden llegar a modificar las condiciones atmosféricas de su entorno. Generan columnas convectivas muy intensas, cambios bruscos de dirección, caída de pavesas a varios kilómetros y comportamientos difíciles de predecir. Durante las fases más extremas, estos incendios pueden encontrarse fuera de la capacidad de extinción. Eso significa que ni el agua ni los retardantes ni el número de medios desplegados permiten atacar directamente el frente con seguridad.
En esas situaciones, los equipos se concentran en proteger a la población, defender viviendas e infraestructuras y esperar a que cambien las condiciones meteorológicas o disminuya la intensidad del fuego.
Ecofire podría tener utilidad para proteger de manera preventiva determinados puntos, pero no existe ninguna prueba pública que demuestre que pueda controlar por sí solo un incendio de sexta generación. Además, es caro y obligaría a desplazarse lejos a los camiones o medios aéreos.
Un coste demasiado elevado
La dosis utilizada en el ensayo del INIA-CSIC fue de un litro por metro cuadrado. Con esa referencia, serían necesarios unos 10.000 litros para tratar una hectárea de terreno.
Los precios de venta al público localizados para depósitos de 1.000 litros se sitúan en varios miles de euros. A precios comerciales, tratar una sola hectárea podría superar los 50.000 euros, únicamente en producto, sin contar el transporte, los vehículos, el personal o los medios aéreos. Una barrera de un kilómetro de longitud y diez metros de anchura también requeriría aproximadamente 10.000 litros.
Los 11.000 litros cubrirían, utilizando la dosis ensayada, una línea de aproximadamente 1,1 kilómetros de longitud y 10 metros de anchura, o solo 550 metros si la barrera tuviera 20 metros. Además, supondrían alrededor de 14,7 toneladas de producto que habría que transportar, descargar y pulverizar.
Aplicarlo sobre las 10.000 hectáreas de un gran incendio sería una hipótesis absurda desde el punto de vista operativo, pero sirve para visualizar la escala: harían falta unos 100 millones de litros, con un coste del producto de aproximadamente 487–655 millones de euros, sin contar aeronaves, camiones, combustible, personal, logística ni reposición.
En la realidad, los retardantes se aplican únicamente en líneas o puntos estratégicos. Incluso así, el coste por kilómetro sería elevado y habría que saber previamente qué anchura es capaz de resistir el paso de un frente real, dato que no ofrecen los ensayos publicados.
Esto no significa que sea necesario impregnar toda la superficie de un incendio. Los retardantes se utilizan en líneas y zonas estratégicas. No obstante, la estimación permite entender el principal problema: una cantidad que parece elevada puede cubrir una superficie relativamente pequeña cuando se traslada a la escala de un gran incendio.
Además del precio, hay que considerar el peso. Diez mil litros suponen varias toneladas de carga que deben transportarse, almacenarse y aplicarse de manera uniforme en un terreno que puede ser abrupto y de difícil acceso.
¿Es completamente ecológico?
La empresa presenta Ecofire como biodegradable y elaborado con componentes de origen orgánico. Su ficha de seguridad señala que la mezcla no está clasificada como peligrosa en las condiciones previstas de utilización. Sin embargo, que un producto sea biodegradable o no esté catalogado como peligroso no significa que pueda utilizarse en cualquier cantidad sin impacto medioambiental.
La composición completa y las concentraciones exactas no son públicas, lo que dificulta una evaluación independiente de todos sus componentes. La propia documentación aconseja evitar que alcance cursos de agua. También se han realizado ensayos privados sobre plantas. En concentraciones bajas, no se observaron efectos relevantes, pero las dosis elevadas redujeron el crecimiento y llegaron a impedir la germinación de algunas semillas.
Estos experimentos no reproducen exactamente lo que sucedería tras una aplicación sobre el monte. Sí demuestran, no obstante, que no puede afirmarse que el producto sea inocuo para todas las especies y a cualquier concentración. Para valorar su impacto real serían necesarios estudios independientes sobre diferentes plantas, microorganismos del suelo, insectos, fauna acuática y calidad del agua.
¿Por qué no se puede incorporar cualquier producto a un operativo?
La extinción de un incendio forestal se organiza mediante un mando único. La dirección técnica decide qué medios se movilizan, dónde actúan y qué sustancias se utilizan. La llegada de una empresa, una asociación o un grupo político con miles de litros de un producto no obliga al operativo a incorporarlo. Antes deben comprobarse aspectos como su autorización, seguridad, compatibilidad con los vehículos, forma de aplicación, consecuencias medioambientales y responsabilidad en caso de accidente.
Tampoco pueden entrar libremente vehículos o personas en una zona de emergencia. Una actuación sin coordinación puede bloquear carreteras, interferir con las autobombas o poner en peligro tanto a los voluntarios como a los profesionales.
Que un producto no sea aceptado durante un incendio activo no demuestra por sí mismo que exista un boicot político. Puede responder simplemente a la obligación de mantener el control y la seguridad del operativo.
De la discusión técnica al enfrentamiento político
La polémica de Fermoselle ha sido amplificada principalmente por cuentas y grupos vinculados a la extrema derecha. Su mensaje presenta una explicación sencilla: existe un producto español, barato y ecológico que permitiría apagar los incendios, pero las administraciones se niegan a utilizarlo por burocracia, incompetencia o intereses ocultos.
Durante el incendio de Fermoselle, representantes de SALF aseguraron haber desplazado entre 9.000 y 11.000 litros y afirmaron que no se les permitió descargarlos en el operativo. Esta narrativa tiene una gran capacidad de difusión porque transforma un problema extremadamente complejo en un enfrentamiento entre ciudadanos que quieren ayudar y gobiernos que supuestamente se lo impiden. Sin embargo, los grandes incendios dependen de numerosos factores: la cantidad de vegetación acumulada, la sequía, las temperaturas, el viento, el relieve, los accesos, la despoblación, la prevención realizada durante el invierno, la disponibilidad de medios y la seguridad de la población.
Reducir todo el debate a la utilización de un producto evita tener que discutir sobre esas cuestiones y convierte la emergencia en un argumento contra el Gobierno central o contra las comunidades autónomas responsables de la extinción.
Sin embargo, impedir que particulares incorporen por su cuenta un producto químico a un incendio activo no demuestra que exista un boicot. La Ley de Montes exige un mando unificado, y la dirección técnica decide qué medios, sustancias y tácticas se integran en el dispositivo por razones de seguridad, coordinación y responsabilidad. Las comunidades autónomas son las competentes ordinariamente en prevención y extinción, mientras el Estado aporta medios de apoyo.
También se mezclan datos comprobados con afirmaciones comerciales. Que Ecofire haya funcionado bien en un laboratorio no demuestra que pueda apagar un incendio como el de Fermoselle. De la misma manera, que todavía no se haya incorporado a los operativos tampoco significa que el producto sea inútil.
Hay una contradicción política significativa: en 2025 Vox pidió en el Ayuntamiento de Zaragoza que Ecofire se sometiera a un ensayo controlado con bomberos y, eventualmente, con la Universidad de Zaragoza antes de plantearse su adquisición. La propia moción reconocía que las demostraciones televisivas no eran suficientes y que hacían falta pruebas científicas independientes. La propuesta fue rechazada por 26 votos frente a cuatro. Por tanto, exigir ahora que se utilice inmediatamente en un gran incendio sin esos ensayos contradice el principio de prudencia que el propio partido defendía.
Ni producto milagroso ni fraude demostrado
La información disponible permite alcanzar una conclusión intermedia. Ecofire no puede descartarse como una sustancia sin ninguna utilidad: ha mostrado una elevada capacidad retardante en ensayos controlados. Pero tampoco existe evidencia suficiente para presentarlo como una alternativa capaz de sustituir al agua, a los retardantes ya utilizados o a los dispositivos profesionales de extinción.
Antes de incorporarlo a los grandes incendios serían necesarios ensayos independientes y a escala real. Estos deberían comparar su eficacia, precio e impacto ambiental con los productos ya disponibles y determinar en qué situaciones podría utilizarse con seguridad. Hasta que esas pruebas se realicen, Ecofire debe considerarse una posible herramienta preventiva o complementaria, no una solución milagrosa frente a incendios extremos como el sufrido en Fermoselle.
Por otro lado, si el producto impide que crezca pasto, retarda el crecimiento de árboles o vegetación de otro tipo o provoca alguna enfermedad en seres humanos o animales, ¿Alvise Pérez se hará cargo de las indemnizaciones por su reparto en pueblos cercanos al incendio de Fermoselle? ¿Nos gustaría que nuestra provincia fuera la prueba piloto de un producto químico?
Fotografía: BRIF en el incendio de Fermoselle del 2017.















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