REFLEXIONES EN EL TIEMPO
Decisiones políticas que condujeron a Zamora a su decadencia
Eugenio-Jesús de Ávila
Como he escrito en numerosas ocasiones me siento muy cansado…por dentro. Consiste en una sensación extraña, que te invita a la ansiedad, convoca al desasosiego y al hastío. Hay algo que me exige dejar de escribir sobre Zamora, su caciquismo secular, el actual sin la clase de la que gozaron sus antepasados, gente vulgar, soez, estólida, y su historia moderna, desde la muerte del dictador hasta nuestros días, más de 50 años. Yo tengo memoria, siempre subjetiva, y conozco la historia de mi ciudad y provincia, de la que fui protagonista tangencial, bien a través de la prensa, ya, durante seis años, como persona de confianza de un político honrado, con el que no coincidía en ideología. De hecho, un buen día, viniendo de viaja desde Madrid, me preguntó, como sorprendido: ¡”Eugenio: por qué no te afiliaste al PSOE”! Lo miré y sonreí. Seguro, porque era muy inteligente, tanto como gran persona, que me comprendió.
Si fuera un periodista al uso, pues no hubiera escrito nunca nada. Me habría limitado a desinformar, a ser la correa de transmisión de la Justicia, la Política, la Empresa y, en definitiva, del Poder. Pero, como desde muy niño, mostré rebeldía, tanto que volvía loco a mi señor padre, preguntándole, porque quería saberlo todo y los porqués de sus órdenes, ya adulto dispuse mi espíritu para la batalla, aunque he de reconocer que descubrí, en menos que se tarda en rezar un Padrenuestro, que el periodismo libre no existe, que la censura siempre acecha, hasta el punto que te conviertes, con el paso del tiempo, si quieres conservar el puesto, en tu propio censor. Me sucedió en el engullido y jibarizado El Correo de Zamora, y en TVE, cuando se lio una buena merced a que invité a una entrevista al concejal toresano José Luis Antorrena, que solo fue allí, al estudio, para hablar en directo de las fiestas de San Agustín. Aquello ocurrió en agosto de 1989 o 1990. No lo recuerdo bien. Lo que quiero decir es que esta democracia posee un fondo de dictadura: censura, control férreo de los medios de comunicación por parte de los partidos, sanciones económicas, como retirada de publicidad institucional si tu línea editorial, artículos e informaciones no coinciden con la de la autoridad incompetente y fobias personales. Fui testigo de cargo y víctima de cuánto escribo.
De ahí que tuviesa en su momento, antes del júbilo, la tentación de dejarlo todo y haberme dedicado a la prensa rosa, al suceso, al juicio morboso, al intercambio de informaciones con políticos y empresarios…Pero no nací para ser un correveidile de nadie, menos de políticos, gente sospechosa de nacimiento; ni soporto que un capitalista con periódico, radio o televisión, me obligue a escribir o decir lo que le conviene a él y no al ciudadano.
Y no voy a analizar la deriva, caótica, de España hacia el colapso como nación, a la quiebra moral y económica, a la secesión, deseo del leninismo para tomar el poder e imponer su visión, su ingeniera social a las masas, porque en los regímenes totalitarios el individuo no existe. La revolución se nutre del caos. Cuando una sociedad vive sin grandes penurias económicas ni sociales, las izquierdas marxistas y los nacionalsocilismos y fascismos hibernan. El oso solo abandona su cueva cuando la sociedad se deprime económica y políticamente.
Zamora no es un caos, más bien da pena. La felonía política y la cobardía de su gente, más las grandes transformaciones tecnológicas y reconversiones del mercado han conducido a esta ciudad y la provincia al final de una forma de producir y de vivir diametralmente opuesta a la que conocimos hasta solo hace unas décadas.
Como digo, me preocupa mi tierra y los jóvenes, porque espero muy poco más de los años que me queden por vivir. No creo que conozca una sociedad abierta, libre, sin caciques, donde nadie sea más que nadie y cada cual llegue donde se ha hecho acreedor por sus méritos, preparación y talento, sin nepotismo, ni cobistas. Pero seguiré pensando en Zamora, aunque reconozco que me resulta una causa perdida. No abandonaré el barco.
Quizá un día las olas del mar me dejarán en una isla desierta en la que no existen periodistas comprados, o en venta, políticos malandrines, ni empresarios explotadores, ni vulgares caciques. Traduzco: seguiré escribiendo, aunque sea un tipo cansino, un tostón que se diría.
E insisto: la llegada de esta democracia, cartón piedra, en concreto del PSOE a la gobernanza, adelgazó social y económicamente Zamora capital y provincia. Veamos: hechos contrastados, no opiniones, nada de ideología, como cierre de líneas férreas, Prisión Provincial, Universidad Laboral, traslado del Regimiento Toledo a Salamanca, más la silente, pero demoledora reconversión agroganadera, exigencias de las principales naciones de Europa, para que España accediera a la CEE. Traducción: enormes pérdidas económicas y de población. De los más de 300.000 habitantes en 1960 a los menos de 165.000 en la actualidad.
El PP, desde su gobierno autonómico profundizo la decadencia de Zamora y tampoco los ejecutivos de Aznar y Rajoy suturaron esa tremenda herida abierta en la epidermis zamorana.
Ningún economista zamorano estudió la derrota económica de nuestra tierra en los campos de batalla de los despachos políticos. Decisiones gubernamentales, caprichosas, condenaron a Zamora a su merma excepcional económica y demográfica. No va más.
Eugenio-Jesús de Ávila
Como he escrito en numerosas ocasiones me siento muy cansado…por dentro. Consiste en una sensación extraña, que te invita a la ansiedad, convoca al desasosiego y al hastío. Hay algo que me exige dejar de escribir sobre Zamora, su caciquismo secular, el actual sin la clase de la que gozaron sus antepasados, gente vulgar, soez, estólida, y su historia moderna, desde la muerte del dictador hasta nuestros días, más de 50 años. Yo tengo memoria, siempre subjetiva, y conozco la historia de mi ciudad y provincia, de la que fui protagonista tangencial, bien a través de la prensa, ya, durante seis años, como persona de confianza de un político honrado, con el que no coincidía en ideología. De hecho, un buen día, viniendo de viaja desde Madrid, me preguntó, como sorprendido: ¡”Eugenio: por qué no te afiliaste al PSOE”! Lo miré y sonreí. Seguro, porque era muy inteligente, tanto como gran persona, que me comprendió.
Si fuera un periodista al uso, pues no hubiera escrito nunca nada. Me habría limitado a desinformar, a ser la correa de transmisión de la Justicia, la Política, la Empresa y, en definitiva, del Poder. Pero, como desde muy niño, mostré rebeldía, tanto que volvía loco a mi señor padre, preguntándole, porque quería saberlo todo y los porqués de sus órdenes, ya adulto dispuse mi espíritu para la batalla, aunque he de reconocer que descubrí, en menos que se tarda en rezar un Padrenuestro, que el periodismo libre no existe, que la censura siempre acecha, hasta el punto que te conviertes, con el paso del tiempo, si quieres conservar el puesto, en tu propio censor. Me sucedió en el engullido y jibarizado El Correo de Zamora, y en TVE, cuando se lio una buena merced a que invité a una entrevista al concejal toresano José Luis Antorrena, que solo fue allí, al estudio, para hablar en directo de las fiestas de San Agustín. Aquello ocurrió en agosto de 1989 o 1990. No lo recuerdo bien. Lo que quiero decir es que esta democracia posee un fondo de dictadura: censura, control férreo de los medios de comunicación por parte de los partidos, sanciones económicas, como retirada de publicidad institucional si tu línea editorial, artículos e informaciones no coinciden con la de la autoridad incompetente y fobias personales. Fui testigo de cargo y víctima de cuánto escribo.
De ahí que tuviesa en su momento, antes del júbilo, la tentación de dejarlo todo y haberme dedicado a la prensa rosa, al suceso, al juicio morboso, al intercambio de informaciones con políticos y empresarios…Pero no nací para ser un correveidile de nadie, menos de políticos, gente sospechosa de nacimiento; ni soporto que un capitalista con periódico, radio o televisión, me obligue a escribir o decir lo que le conviene a él y no al ciudadano.
Y no voy a analizar la deriva, caótica, de España hacia el colapso como nación, a la quiebra moral y económica, a la secesión, deseo del leninismo para tomar el poder e imponer su visión, su ingeniera social a las masas, porque en los regímenes totalitarios el individuo no existe. La revolución se nutre del caos. Cuando una sociedad vive sin grandes penurias económicas ni sociales, las izquierdas marxistas y los nacionalsocilismos y fascismos hibernan. El oso solo abandona su cueva cuando la sociedad se deprime económica y políticamente.
Zamora no es un caos, más bien da pena. La felonía política y la cobardía de su gente, más las grandes transformaciones tecnológicas y reconversiones del mercado han conducido a esta ciudad y la provincia al final de una forma de producir y de vivir diametralmente opuesta a la que conocimos hasta solo hace unas décadas.
Como digo, me preocupa mi tierra y los jóvenes, porque espero muy poco más de los años que me queden por vivir. No creo que conozca una sociedad abierta, libre, sin caciques, donde nadie sea más que nadie y cada cual llegue donde se ha hecho acreedor por sus méritos, preparación y talento, sin nepotismo, ni cobistas. Pero seguiré pensando en Zamora, aunque reconozco que me resulta una causa perdida. No abandonaré el barco.
Quizá un día las olas del mar me dejarán en una isla desierta en la que no existen periodistas comprados, o en venta, políticos malandrines, ni empresarios explotadores, ni vulgares caciques. Traduzco: seguiré escribiendo, aunque sea un tipo cansino, un tostón que se diría.
E insisto: la llegada de esta democracia, cartón piedra, en concreto del PSOE a la gobernanza, adelgazó social y económicamente Zamora capital y provincia. Veamos: hechos contrastados, no opiniones, nada de ideología, como cierre de líneas férreas, Prisión Provincial, Universidad Laboral, traslado del Regimiento Toledo a Salamanca, más la silente, pero demoledora reconversión agroganadera, exigencias de las principales naciones de Europa, para que España accediera a la CEE. Traducción: enormes pérdidas económicas y de población. De los más de 300.000 habitantes en 1960 a los menos de 165.000 en la actualidad.
El PP, desde su gobierno autonómico profundizo la decadencia de Zamora y tampoco los ejecutivos de Aznar y Rajoy suturaron esa tremenda herida abierta en la epidermis zamorana.
Ningún economista zamorano estudió la derrota económica de nuestra tierra en los campos de batalla de los despachos políticos. Decisiones gubernamentales, caprichosas, condenaron a Zamora a su merma excepcional económica y demográfica. No va más.
















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