Eugenio-Jesús de Ávila
Martes, 11 de Agosto de 2026
REFLEXIONES SOLARES

Zamora: un eclipse de sol

Eugenio-Jesús de Ávila

 

 

Zamora vive un eclipse político desde inicios de la democracia. Desde la década de los ochenta de la anterior centuria, los gobiernos ejercieron como lunas que impidieron que el sol del progreso nos iluminara. Dejamos de ver, nos ocultaron, el Regimiento Toledo, líneas férreas, Universidad Laboral, Prisión Provincial y una profunda sombra en nuestras tierras de labor. Desde entonces, apenas vimos el sol por nuestra provincia. Nos quedamos sin la luz del futuro.

 

Perdimos miles de habitantes porque nos quedamos sin organismos del Estado a los que buscaron otra ubicación. Nos quedamos sin las gentes que trabajaban en el Ejército, Renfe, Prisiones, docencia, mientras las personas que mimaban las tierras para extraer sus mejores productos dejaron de cultivarlas, dejando que los pueblos se quedaran sin gentes. La capital de la provincia sintió esas decisiones políticas en su esqueleto económico. A partir de entonces empequeñeció, menguó, se cerraron negocios importantes, dos grandes fábricas; comercios que fueron el orgullo de la ciudad y envidia de otras capitales de la región.

 

Poco a poco, dejaron de nacer niños, porque los jóvenes, después de concluir sus estudios, se buscaron la vida allende las fronteras provinciales. Nadie vino a darnos. Los gobiernos del Estado, 28 años bajo el mando del PSOE, 14 de los populares, y de la Junta de Castilla y León, casi siempre del PP, salvo unos años, pocos, de excepción socialista, se olvidaron de que esta provincia existía.

 

La carretera entre Zamora y Benavente fue la última en transformarse en autovía. Los talleres del AVE, lo que de verdad crea riqueza, se ubicaron en Valladolid. La peligrosa carretera entre la capital de la provincia y la frontera lusa, la N-122, fue, desde hace décadas, motivo para que los ejecutivos del PSOE y PP se echaran en cara su inacción ante esta infraestructura, esencial para el desarrollo de Zamora, para detener esta despoblación galopante.

 

 Y todo ha sucedido ante la pasividad de todos los diputados y todos los senadores de las grandes formaciones nacionales, que demostraron que les importaba más mantener sus asientos en ambas cámaras que las personas que envejecían en tu tierra, que siguieron votándoles, merced a una inercia política suicida consistente en favorecer siempre a quienes los fustigaron con el desprecio del olvido, del embuste, de la promesa incumplida.

 

Las formaciones políticas zamoranas, las pocas que todavía mantienen fe y cierto orgullo nunca debieron, ni deben, actuar frente a los representantes del PP y del PSOE con consideración, sino redactando y cantando una lista de agravios cometidos con Zamora desde ha tiempo, para intentar avergonzarlos y que los zamoranos que todavía les votan espabilen, abran los ojos, caigan en la cuenta de que la miseria que cercena y ahoga su futuro. Algún día, habrá que romper con el célebre aserto del inglés Burke: “Para que triunfe el mal, solo es necesario que los buenos no hagan nada.” No debe olvidarse tampoco que las concesiones del débil son concesiones del miedo”. Los zamoranos no hemos dejado jamás de tener miedo al poder, a aquel, a este o al que venga. Llevamos demasiado tiempo con los brazos cruzados.

 

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