Miércoles, 12 de Agosto de 2026

Manuel Herrero Alonso
Miércoles, 12 de Agosto de 2026
DENUNCIAS

Jardines de primera y de segunda en Zamora

El desigual riego y mantenimiento de las zonas verdes deja contrastes difícilmente justificables a pocos metros de distancia

Hay cosas que el verano no puede explicar por sí solo. Que haga calor, que las temperaturas sean elevadas y que las plantas sufran las consecuencias resulta perfectamente comprensible. Lo que ya cuesta algo más entender es que, en una misma ciudad y separados en ocasiones por apenas unos metros, unos jardines luzcan verdes y frondosos mientras otros presentan un aspecto completamente pajizo, cuando no directamente de abandono.

El problema no parece estar en quienes trabajan a pie de jardín. Los trabajadores del servicio cumplen con su cometido y son quienes, en última instancia, tienen que ejecutar las tareas que se les encomiendan. La cuestión apunta más arriba, hacia la planificación y la organización del mantenimiento y, especialmente, del riego.

En los últimos días son numerosas las superficies de césped que muestran los efectos de las altas temperaturas. El color verde ha dado paso al amarillo y, en algunos casos, las plantas parecen estar al límite de su supervivencia. El estrés hídrico resulta evidente. Pero basta con recorrer algunos puntos de Zamora para comprobar que el calor no afecta por igual a todas las zonas verdes.

El paseo de las Mercedes es uno de los ejemplos. Amplias superficies de césped presentan un aspecto que parece pedir agua hasta por favor, ofreciendo una imagen poco acorde con lo que debería ser uno de los espacios verdes de la ciudad.El contraste resulta todavía más llamativo en la ribera del Duero. Las laderas del puente de Hierro permiten comprobar cómo, a escasos metros, pueden coexistir jardines de aspecto completamente diferente. Mientras la zona situada entre el camino superior y la avenida del Mengue mantiene una vegetación frondosa y cuidada, la comprendida entre el camino superior y el inferior, junto al cauce, presenta amplias superficies completamente secas.La diferencia no parece atribuible únicamente al calor. En este último espacio, el sistema de riego no habría funcionado durante el verano, lo que explicaría buena parte de la situación. El resultado es una curiosa frontera vegetal: de un lado, el verde; del otro, el amarillo.

La misma escena se repite en la zona de la piscina. Entre el recinto y el camino próximo, el jardín aparece prácticamente perdido por falta de riego, mientras que unos metros más allá, entre ese camino y el que discurre junto al cauce, la vegetación se mantiene verde y frondosa.

Puerta Nueva ofrece otro ejemplo. Frente al centro de salud, el césped presenta un estado prácticamente seco, mientras que en la zona conocida antiguamente como el Degolladero el aspecto de las zonas verdes es notablemente mejor.

Demasiadas casualidades empiezan a parecer una pauta. La situación debería servir también para plantear si el modelo de jardinería empleado en determinados espacios es el más adecuado para una ciudad que cada verano soporta temperaturas más elevadas. Mantener grandes superficies de césped supone un consumo de agua considerable y, cuando el riego no resulta suficiente, el resultado termina siendo precisamente el contrario del buscado: jardines secos que transmiten una imagen de abandono.

Quizá convendría apostar en mayor medida por especies y plantaciones capaces de soportar mejor las altas temperaturas y que requieran menos agua. Los macizos de Cardenal Cisneros ofrecen, de hecho, un ejemplo curioso. Allí la vegetación ha crecido de tal manera que ha sido necesario reclamar su desbroce y poda, mientras otros jardines de la ciudad agonizan bajo el sol.

La paradoja no deja de tener su gracia: en unos lugares sobra vegetación hasta el punto de necesitar una intervención y, en otros, falta agua hasta para mantener vivo el césped.

Y mientras tanto, la ribera del Duero continúa esperando algo más de atención. Además del desigual estado de sus jardines, determinados tramos del paseo siguen ofreciendo un firme compuesto en buena parte por cantos procedentes de los arrastres de las crecidas. Una simple capa de tierra en las zonas más afectadas permitiría mejorar considerablemente el tránsito y favorecería esa conexión peatonal entre La Aldehuela y Olivares que tantas veces se ha planteado.Una reivindicación que, por cierto, no es nueva. Desde la oposición, quien hoy ocupa la Alcaldía ya había reclamado actuaciones para mejorar este recorrido. El paso de la oposición al Gobierno tiene, entre otras cosas, la peculiaridad de convertir algunas reivindicaciones en responsabilidades.

Al final, la ciudad ofrece una curiosa clasificación de sus zonas verdes. Hay jardines frondosos, jardines secos y jardines que directamente parecen haber quedado fuera del mapa del riego. Y es ahí donde aparece la inevitable ironía: quizá no sean jardines de primera y de segunda, ni el agua se distribuya en función del barrio o de sus habitantes. Pero viendo algunos contrastes, cualquiera podría acabar pensando que el césped también tiene derecho a consultar el censo electoral antes de esperar que llegue el agua. Porque, al menos en algunos puntos de Zamora, parece que hasta las plantas han aprendido que no todos los jardines tienen la misma suerte.

 

Manuel Herrero Alonso

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