ZAMORANA
Sala de espera
Mª Soledad Martín Turiño
![[Img #110527]](https://eldiadezamora.es/upload/images/08_2026/598_1630_5847_6329_687_sole-1.jpg)
Sus ojos, que expresan un terror sin esperanza, miran fijamente a los demás, pero no habla ni manifiesta la preocupación que ha inundado sus días previos, las múltiples preguntas que se mezclaban en su cabeza con afán de encontrar todas las respuestas sin conseguirlo, la sensación de vértigo constante que la paralizaba o la ansiedad infame que le sobrevenía agarrotando sus miembros.
Hoy, por fin, llegó el momento; está cenando (seguro que piensa: ¿la última cena?) antes de la intervención que se presume complicada y cuyas expectativas son, cuando menos, preocupantes. Engulle la sopa de verduras y el salmón en salsa que tiene una pinta muy apetitosa y asiente con una leve sonrisa cuando su visita le da ánimos de cara al día siguiente.
Las horas transcurren lentas en una sala de espera donde todo el mundo calla; se nota la preocupación de los familiares por los enfermos que están siendo intervenidos en los quirófanos adyacentes. De vez en cuando, alguien se levanta y saca un botellín de agua de la máquina expendedora y todos le siguen con la vista porque rompe un momento la monotonía; muchos distraen el tiempo mirando los teléfonos móviles ¡qué gran invento ese aparato que tiene de todo: juegos, música, libros, correo, información…un mundo entero en la palma de la mano!
Al cabo de varias horas hay personas que salen a estirar las piernas al pequeño pasillo que precede a la sala de espera; leen una y otra vez los carteles que indican las horas de visita en la Unidad de Cuidados Intensivos, caminan siguiendo la línea que rompe unos milímetros la uniformidad del suelo indicando salas, habitaciones y aseos; o simplemente acompasan sus pensamientos sentados cabizbajos e incluso dando una leve cabezada. Impera un silencio absoluto a pesar de que la sala está muy concurrida, pero en el rostro de todos puede notarse la preocupación por sus seres queridos.
Al fin, unos médicos con rostros agotados salen de la unidad quirúrgica quitándose las mascarillas al tiempo que por megafonía van llamando uno a uno a los familiares de cada paciente que entran en sendas salas para recibir la ansiada información de cómo ha ido la cirugía. Algunos salen aliviados, otros con el rostro serio y una mujer llora desconsoladamente; todos son reflejo de la suerte que ha tocado a cada uno: vivir o morir; aceptar una situación extrema o relajarse sabiendo que todo acabará bien.
Los familiares se miran unos a otros por última vez antes de abandonar la sala y se sonríen mutuamente, porque eran desconocidos que han pasado durante unas horas por una misma cuita, una preocupación que unió sus vidas durante el tiempo que permanecieron juntos en la sala de espera.
![[Img #110527]](https://eldiadezamora.es/upload/images/08_2026/598_1630_5847_6329_687_sole-1.jpg)
Sus ojos, que expresan un terror sin esperanza, miran fijamente a los demás, pero no habla ni manifiesta la preocupación que ha inundado sus días previos, las múltiples preguntas que se mezclaban en su cabeza con afán de encontrar todas las respuestas sin conseguirlo, la sensación de vértigo constante que la paralizaba o la ansiedad infame que le sobrevenía agarrotando sus miembros.
Hoy, por fin, llegó el momento; está cenando (seguro que piensa: ¿la última cena?) antes de la intervención que se presume complicada y cuyas expectativas son, cuando menos, preocupantes. Engulle la sopa de verduras y el salmón en salsa que tiene una pinta muy apetitosa y asiente con una leve sonrisa cuando su visita le da ánimos de cara al día siguiente.
Las horas transcurren lentas en una sala de espera donde todo el mundo calla; se nota la preocupación de los familiares por los enfermos que están siendo intervenidos en los quirófanos adyacentes. De vez en cuando, alguien se levanta y saca un botellín de agua de la máquina expendedora y todos le siguen con la vista porque rompe un momento la monotonía; muchos distraen el tiempo mirando los teléfonos móviles ¡qué gran invento ese aparato que tiene de todo: juegos, música, libros, correo, información…un mundo entero en la palma de la mano!
Al cabo de varias horas hay personas que salen a estirar las piernas al pequeño pasillo que precede a la sala de espera; leen una y otra vez los carteles que indican las horas de visita en la Unidad de Cuidados Intensivos, caminan siguiendo la línea que rompe unos milímetros la uniformidad del suelo indicando salas, habitaciones y aseos; o simplemente acompasan sus pensamientos sentados cabizbajos e incluso dando una leve cabezada. Impera un silencio absoluto a pesar de que la sala está muy concurrida, pero en el rostro de todos puede notarse la preocupación por sus seres queridos.
Al fin, unos médicos con rostros agotados salen de la unidad quirúrgica quitándose las mascarillas al tiempo que por megafonía van llamando uno a uno a los familiares de cada paciente que entran en sendas salas para recibir la ansiada información de cómo ha ido la cirugía. Algunos salen aliviados, otros con el rostro serio y una mujer llora desconsoladamente; todos son reflejo de la suerte que ha tocado a cada uno: vivir o morir; aceptar una situación extrema o relajarse sabiendo que todo acabará bien.
Los familiares se miran unos a otros por última vez antes de abandonar la sala y se sonríen mutuamente, porque eran desconocidos que han pasado durante unas horas por una misma cuita, una preocupación que unió sus vidas durante el tiempo que permanecieron juntos en la sala de espera.

















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