Eugenio-Jesús de Ávila
Lunes, 17 de Agosto de 2026
REFLEXIONES EN EL TIEMPO

Mi terapia para curarme de la decandencia de Zamora

Eugenio-Jesús de Ávila

 

Confieso algo muy íntimo: cada vez que me pongo al teclado para escribir un artículo sobre Zamora y sus cuitas y deleites, excepciones a la regla, pienso que será el último, el definitivo. Lo digo de corazón. Cuando lo concluyo, siento que es mi epílogo como columnista. Pero, cuando pasa el tiempo, ni 24 horas, cualquier acontecimiento me provoca regresar a jugar con los verbos para expresar lo que siento. Es mi terapia para aliviar la pena que me causa la decadencia de mi tierra. No conozco otra manera. Si fuera pintor, me pintaría el alma con los colores del arco iris; si fuera escultor, encontraría mi salvación dando buscando el espíritu a un trozo de madera o mármol. Pero siempre mi forma de expresarme consistió en hablar, cuando sabía del asunto a tratar, y escribir.

 

Me temo que a nuestra provincia y ciudad les faltó, desde tiempos inmemoriales, medios de comunicación que denunciasen las felonías políticas de los gobiernos centrales y autonómicos. Tampoco se criticó, salvo excepciones, las acciones del Ayuntamiento de la capital y de la Diputación. Ni, por supuesto, las trayectorias de la Cámara de Comercio y Patronal.

 

Y si hubo alguna crítica solvente, documentada, contrastada, fue en tiempos pretéritos, cuando los medios de comunicación se mantenían más con las aportaciones de la publicidad privada que pública. Pero desde hace, más o menos, una década, todos los periódicos locales, regionales; emisoras, televisiones dependen, para mantener su relación con lectores, oyentes y televidentes, de las aportaciones de las instituciones públicas. Derívase de este dato, que la prensa ya no cumple con su primera misión: la crítica al poder. Si así fuese, dejaría de recibir dinero público, su gasolina, sus viandas. Por lo tanto, el ciudadano no encontrará ya en los medios análisis objetivos sobre las acciones de los políticos, gentes que administran, por cierto, el dinero privado para transformarlo en público.

 

Si Zamora hubiera tenido una prensa libre de verdad, los gobiernos se habrían preocupado de que el Regimiento Toledo siguiese en el cuartel Viriato; que la Prisión Provincial mantuviese su ubicación aquí; que no se hubieran cerrado las líneas férreas, algunas, como la Ruta de la Plata, tan reclamadas; que Iberduero no hubiese abandonado sus oficinas de Pablo Morillo para irse, como todo, a Valladolid, y que el sector primario mantuviese su pujanza; que la N-122 entre Zamora y la frontera lusa funcionase ya como autovía y que las nuevas instalaciones militares de Monte la Reina realizasen la labor propia del Ejército español, después de tantos años de haberse prometido.

 

Pues hete aquí que, con este artículo, he mitigado mi estado psíquico y moral. Me he quitado de encima esa carga, que tanto pesa, de contemplar el declive de Zamora un día más. Y si algún lector o lectora acuerda mis críticas como suyas, me habré dado también por satisfecho. No sé, pues, si este artículo ha sido el último. Ojalá, porque significaría que algo en Zamora está cambiando.  

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