GENIOS ZAMORANOS
Antonio Pedrero, de Madrid al cielo de la pintura
Eugenio-Jesús de Ávila
Antonio Pedrero fue, es y será el genio que coloreó Zamora, el hombre que descubrió a los zamoranos la belleza intrínseca de nuestra tierra, el artista que en su paleta llevaba la esencia espiritual de nuestra ciudad y su provincia. Ahora su inmenso capital estético cubre Madrid de ese extraño sentimiento que es el zamoranismo.
Antonio, como, fue, es y será el pintor de la humildad, al que acompañó siempre el misterio de la sencillez, de la bonhomía, nunca quiso que le robaran su vida de poeta de ese arco iris especial, de ese arco iris como seña bermeja, que dibuja el cielo cerca del Duero cuando la luz del sol copula con una nube vestida de agua. Prefirió disfrutar de la amistad de la ciudad del alma, la de su amigo Claudio Rodríguez, que a él nunca le acusó, pero si le alentó para pintar a Dios con sus pinceladas de profunda verdad en la tierra que le vio nacer.
Pudo haber sido un genio reconocido por la España de siempre, pero se conformó con ser amado por los que nacieron, crecieron y murieron acompañados por la cúpula y la torre de la Catedral de San Salvador. Eligio vivir la vida que le dio la real gana antes de que otros, intelectuales y periodistas del color, le señalaran el hábitat donde fabricar sus óleos.
Para los que hablan de memoria histórica, oxímoron ideológico, él nos contó el pretérito medieval de la ciudad del Romancero al óleo, en colores que hablaban, porque en cada trazo escribió palabras, donde rimaban los colores, donde las estrofas olían a la verdad de la pintura.
La capital de España conocerá cómo piensa Zamora, como sienten esta ciudad y provincia, escondida en este rincón de España, corazón espiritual de una nación en quiebra moral, ética y estética, merced a esta magna exposición que llegó demasiado tarde para mostrar la grandeza de este artista único, el genio que pintó Las meninas de Zamora en su cuadro de La golondrina.
Antonio, de Madrid al cielo de la pintura; Pedrero, de la Zamora de los sentimientos a España. No va más. Vale.
Eugenio-Jesús de Ávila
Antonio Pedrero fue, es y será el genio que coloreó Zamora, el hombre que descubrió a los zamoranos la belleza intrínseca de nuestra tierra, el artista que en su paleta llevaba la esencia espiritual de nuestra ciudad y su provincia. Ahora su inmenso capital estético cubre Madrid de ese extraño sentimiento que es el zamoranismo.
Antonio, como, fue, es y será el pintor de la humildad, al que acompañó siempre el misterio de la sencillez, de la bonhomía, nunca quiso que le robaran su vida de poeta de ese arco iris especial, de ese arco iris como seña bermeja, que dibuja el cielo cerca del Duero cuando la luz del sol copula con una nube vestida de agua. Prefirió disfrutar de la amistad de la ciudad del alma, la de su amigo Claudio Rodríguez, que a él nunca le acusó, pero si le alentó para pintar a Dios con sus pinceladas de profunda verdad en la tierra que le vio nacer.
Pudo haber sido un genio reconocido por la España de siempre, pero se conformó con ser amado por los que nacieron, crecieron y murieron acompañados por la cúpula y la torre de la Catedral de San Salvador. Eligio vivir la vida que le dio la real gana antes de que otros, intelectuales y periodistas del color, le señalaran el hábitat donde fabricar sus óleos.
Para los que hablan de memoria histórica, oxímoron ideológico, él nos contó el pretérito medieval de la ciudad del Romancero al óleo, en colores que hablaban, porque en cada trazo escribió palabras, donde rimaban los colores, donde las estrofas olían a la verdad de la pintura.
La capital de España conocerá cómo piensa Zamora, como sienten esta ciudad y provincia, escondida en este rincón de España, corazón espiritual de una nación en quiebra moral, ética y estética, merced a esta magna exposición que llegó demasiado tarde para mostrar la grandeza de este artista único, el genio que pintó Las meninas de Zamora en su cuadro de La golondrina.
Antonio, de Madrid al cielo de la pintura; Pedrero, de la Zamora de los sentimientos a España. No va más. Vale.















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