Miércoles, 26 de Agosto de 2026

Eugenio-Jesús de Ávila
Martes, 25 de Agosto de 2026
REFLEXIONES ESTÉTICAS

De renovación de fuentes y creación de otras nuevas

Eugenio-Jesús de Ávila

 

 

Las fuentes ornamentales son la sonrisa de cualquier ciudad. Zamora sonríe, porque este equipo de gobierno, desde que vive alquilado en la Casa de las Panaderas, se afanó por remodelar las antiguas e incluso crear algunos de pequeño formato. Novo, el líder de IU para las elecciones municipales de mayo de 2027, anuncia nuevas labores para convertir las fontanas y estanques de siempre para que el agua del Duero deleite con su música a los paseantes. Pero el joven político no se ha pronunciado sobre nuevos proyectos de fuentes. Y confieso que me encantaría que Guarido se cortase la coleta de regidor creando un sistema de fuentes, tipo las de La Alhambra de Granada en el parque de Baltasar Lobo, uno de los jardines más visitados por los zamoranos, enamorados y despechados, y el turismo cultural. No insistiré con el jardín, escultura de Lobo y pequeña fuente, tipo plaza de Zorrilla, para alegrar la vista en ese secarral de la plaza de Constitución, porque es batalla perdida.

 

Ahora bien, que las hectáreas del parque del Castillo padezcan una orfandad absoluta de fuentes, estanques, de fontanas, de manantiales en la ciudad del Duero, me duele, me enoja, que diría un hispano; me desquicia. Recuerdo que en mi infancia pescábamos renacuajos en un estanque, muy cutre por cierto, con una barandilla de pobre metal, y también existían fuentes para saciar la sed. Después, tras su última reforma, el parque está sediento de las sinfonías del agua, donde las avecillas mojan sus picos y los pentagramas de sus lenguas. Yo creo que un Museo de la Educación, una Catedral, una iglesia románica y lo que queda de una fortaleza medieval merecen un toque de húmeda sensibilidad.

 

Tampoco voy a denunciar ahora que, cuando llueve en otoño y primavera, los paseos de tierra del parque se convierten en un barrizal impracticable y que había que dar una solución a ese impedimento. ¿Cómo? Sencillo: baldosas de cerámica o en su defecto, de granito de Sayago, que es muy nuestro, acordes a aquel entorno. También he pedido en numerosos artículos se construya una escalinata de acceso a la Puerta de la Lealtad, porque esa cuesta arenosa se transforma en una barranquera imposible de pisar para los turistas de la cultura o los zamoranos que disfrutan del casco antiguo cuando Serrat canta aquello de una balada en otoño.

 

Son ideas y propuestas, reflexiones estéticas, de un zamorano que escribe como terapia y que anhela una Zamora más hermosa, digna y bella. Si las fuentes son las sonrisas de una ciudad, los paseos y los jardines el maquillaje, el rímel y el carmín de esta ancianita coqueta que es la ciudad del Romancero.

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