Miércoles, 26 de Agosto de 2026

Mª Soledad Martín Turiño
Miércoles, 26 de Agosto de 2026
ZAMORANA

Zamora diversa y única

Mª Soledad Martín Turiño

En recientes excursiones para conocer los pueblos occidentales de la provincia de Zamora, decepciona cómo, al igual que los de Tierra de Campos-Pan que es lo que más conozco, la mayoría, sobre todo si son villas pequeñas, adolecen de falta de gente, y en sus calles se produce un silencio atronador. Con la pérdida de habitantes van desapareciendo servicios: no hay tiendas (supongo que se abastecerán en algún centro comercial o que haya camionetas itinerantes para aprovisionarles), apenas un bar y no en todos los pueblos; las escuelas cerraron por falta de niños, se comparte el cura y el panadero que asisten a varios pueblos, la farmacia y el médico no están presentes en todos, las iglesias aparecen selladas y apena ese abandono que recuerda el silencio del camposanto.

 

Si algo me resulta realmente hermoso es contemplar el paisaje, las enormes planicies terracampinas en cuyos pueblos aún se mantienen restos de algunas casas originariamente de adobe; los palomares que se extienden sobre todo por la zona de Villarrín, de distintas formas y tamaños; o las bodegas, ya sean excavadas en el interior, cuyos respiraderos emergen del suelo como en Algodre o Coreses; o aquellas que forman un entramado subterráneo como en Toro, Fermoselle o El Perdigón. La tierra era el material constructivo por excelencia en estas zonas; con la masa formada por agua, barro y paja vertida en moldes rectangulares y secada al sol, se obtenían los adobes para la fabricación de casas, cuadras, corrales, gallineros, paneras o cercados, sobreviviendo todavía restos de tales construcciones.

 

Estas comarcas, son muy diferentes a las tierras del occidente zamorano, donde el panorama cambia, el terreno adquiere elevaciones a medida que se acerca a la vecina Portugal y aparecen bosques autóctonos y zonas de matorral, con predominio de la piedra en sus edificaciones; a destacar las cortinas: elevaciones a modo de lindes hechas con piedra sobre piedra; los chozos, que eran los refugios de los pastores; los  puentes: pequeños pasos de lajas de piedra sobre arroyos y riachuelos; las fuentes o los cruceros que abundan en esta región.

 

Barro y piedra, montaña y meseta y en todas partes, en cada pueblo o aldea por pequeño que sea, aparecerá una ermita o una iglesia, porque la provincia de Zamora siempre ha mantenido una religiosidad que se manifiesta en esa profusión de templos, cuyo máximo exponente está en la propia capital, concentrándose en el casco histórico y sus inmediaciones más de veinte iglesias del siglo XII, lo que le ha valido el título de la “ciudad del románico”. Se dice también que Zamora tiene tantos templos románicos porque la ciudad se desarrolló en la Edad Media, y durante este tiempo se llevó a cabo un proyecto de repoblación en el que en cada barrio se construyó una iglesia.

 

La fe zamorana, esa creencia sin cuestionamientos, ha traído con el devenir de los tiempos unas consecuencias perniciosas para los habitantes de esta provincia; son buenas gentes, pero les enseñaron desde pequeños a respetar, a no levantar la voz, a trabajar calladamente, a no tomar decisiones porque siempre había otros que las tomaban por ellos, y eso ha generado un pasotismo ancestral que se manifiesta en la forma de pensar, apenas cambiante, tradicional y sin crítica; aunque los zamoranos somos maestros en el arte de juzgar, siempre con más benevolencia a los foráneos que a los autóctonos, otorgándoles mayor categoría a aquellos que a éstos.

 

Zamora diversa y única, tal vez demasiado aislada dentro de sus murallas, sobre todo en esas barreras ideológicas que nunca se abaten; por eso hay que reinventarse, promocionarla, sacarla de su entorno y proyectarla al exterior para que se incentiven sus grandes fortalezas, para que nos visiten y hablen bien de ella, para que los turistas pernocten aquí y podamos atenderles de manera que se vayan satisfechos, para ofrecerles un itinerario suficientemente atractivo y que la recorran de norte a sur, de este a oeste; solo de eso modo descubrirán una provincia diversa y única. 

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