REFLEXIONES URBANAS
Ni ideas, ni proyectos, ni ambición
Eugenio-Jesús de Ávila
Tal día como mañana, 28 de agosto de 1749 nació Goethe, uno de los grandes genios de la Humanidad y también un amigo del alma, pero en el siglo pasado, aunque sea un romántico empedernido como el poeta, el científico, el dramaturgo y el novelista de Fráncfort del Meno. Ya no quedan hombres de esa altura intelectual, puro talento. Hoy, la vulgaridad se ha apoderado de la política, el mundo de la cultura, ciertos sectores de la Universidad y del periodismo. España, también Europa, y me imagino que los Estados Unidos también, padecemos la ineptocracia.
Aquí, Zamora, se piensa poco, porque da miedo al vulgo reflexionar sobre las razones de la decadencia de nuestra tierra. Se ha consentido que piensen ellos, empresarios que no son tales, y políticos profesionales. No hay ideas, ni proyectos, ni ambición para transformar esta ciudad y su provincia. Ni periodistas que hagan una crítica al actual estado de las cosas de la economía y la demografía provincial. Cada vez somos menos y más mayores. Y la gente de cierta edad ya se sabe que da poca guerra al poder, gasta poco porque no tiene y aguarda no se sabe qué. Desde la jerarquía política se ha elegido que Zamora no pase de ser una provincia con boina y visera, con cacha y bastón. Una tierra habitada por ancianos que cobran pensiones de miseria, donde los jóvenes, cuando obtienen un título universitario, se buscan la vida en otros lares, porque saben que esta tierra, como el pueblo blanco de Serrat, está enferma. Los políticos de esta malhadada democracia nos inocularon el virus de la decadencia, la debilidad moral y la apatía.
Este barquito de papel que es El Día de Zamora, con 453 ediciones tantas como puertos en los que amarró, el periódico gratuito de trayectoria más extensa en la historia de nuestra provincia, más de 16 años, del que yo me bajé, no ha mucho tiempo, para disfrutar de mi jubilo, sigue navegando por las procelosas aguas de nuestra ciudad, porque su velamen funciona con el viento de la libertad.
Eugenio-Jesús de Ávila
Tal día como mañana, 28 de agosto de 1749 nació Goethe, uno de los grandes genios de la Humanidad y también un amigo del alma, pero en el siglo pasado, aunque sea un romántico empedernido como el poeta, el científico, el dramaturgo y el novelista de Fráncfort del Meno. Ya no quedan hombres de esa altura intelectual, puro talento. Hoy, la vulgaridad se ha apoderado de la política, el mundo de la cultura, ciertos sectores de la Universidad y del periodismo. España, también Europa, y me imagino que los Estados Unidos también, padecemos la ineptocracia.
Aquí, Zamora, se piensa poco, porque da miedo al vulgo reflexionar sobre las razones de la decadencia de nuestra tierra. Se ha consentido que piensen ellos, empresarios que no son tales, y políticos profesionales. No hay ideas, ni proyectos, ni ambición para transformar esta ciudad y su provincia. Ni periodistas que hagan una crítica al actual estado de las cosas de la economía y la demografía provincial. Cada vez somos menos y más mayores. Y la gente de cierta edad ya se sabe que da poca guerra al poder, gasta poco porque no tiene y aguarda no se sabe qué. Desde la jerarquía política se ha elegido que Zamora no pase de ser una provincia con boina y visera, con cacha y bastón. Una tierra habitada por ancianos que cobran pensiones de miseria, donde los jóvenes, cuando obtienen un título universitario, se buscan la vida en otros lares, porque saben que esta tierra, como el pueblo blanco de Serrat, está enferma. Los políticos de esta malhadada democracia nos inocularon el virus de la decadencia, la debilidad moral y la apatía.
Este barquito de papel que es El Día de Zamora, con 453 ediciones tantas como puertos en los que amarró, el periódico gratuito de trayectoria más extensa en la historia de nuestra provincia, más de 16 años, del que yo me bajé, no ha mucho tiempo, para disfrutar de mi jubilo, sigue navegando por las procelosas aguas de nuestra ciudad, porque su velamen funciona con el viento de la libertad.















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