INTERNACIONAL
El día en que la montaña se convirtió en un tsunami: las claves de la tragedia de Nepal
El colapso de un glaciar desencadenó una gigantesca avalancha de hielo, agua, rocas y barro, que descendió por el Himalaya y arrasó poblaciones enteras
Casi 2.000 personas continúan desaparecidas y los científicos advierten de la creciente vulnerabilidad de una región marcada por el retroceso de los glaciares.
No estaba lloviendo. Tampoco hubo un terremoto que hiciera temblar primero la tierra. Cuando la mañana del miércoles 26 de agosto una masa gigantesca comenzó a desprenderse en las alturas del Himalaya, quienes vivían kilómetros más abajo apenas tuvieron tiempo para comprender lo que estaba sucediendo. Una parte de un glaciar se había venido abajo.
Millones de toneladas de hielo y roca descendieron desde las montañas, incorporando a su paso agua, tierra, árboles y sedimentos. Lo que comenzó como un desprendimiento terminó convertido en una descomunal pared de escombros y agua que se precipitó por los estrechos valles de la frontera entre Nepal y el Tíbet.
Dos días después, la dimensión de la tragedia continúa creciendo. Nepal contabiliza ya 579 fallecidos y, sumando ambos lados de la frontera, cerca de 2.000 personas permanecen desaparecidas. Más de 3.700 han podido ser rescatadas, mientras miles de efectivos trabajan contra el tiempo en una zona donde carreteras y puentes han desaparecido y numerosas poblaciones siguen teniendo enormes dificultades de comunicación.
La magnitud del desastre es tal que la riada recorrió más de 170 kilómetros por el sistema fluvial del Bhote Koshi y el Trishuli. El artículo científico facilitado para este reportaje describe el fenómeno como una avalancha de agua, hielo, barro y rocas que avanzó prácticamente sin aviso previo por uno de los principales corredores entre Katmandú y el Tíbet.
Un desprendimiento registrado como si fuera un terremoto
Durante las primeras horas hubo confusión. Los instrumentos habían detectado una señal sísmica y se llegó a pensar que un terremoto de magnitud 4,4 podía haber desencadenado la catástrofe. Las investigaciones posteriores apuntaron justamente en la dirección contraria: no fue un terremoto el que provocó el desprendimiento. Fue el propio colapso de la montaña el que hizo temblar la tierra.
Las imágenes de satélite han permitido reconstruir parcialmente aquellos primeros minutos. Una enorme sección de hielo y roca se desprendió a unos 5.200 metros de altitud y cayó alrededor de 1.200 metros hasta alcanzar el fondo del valle. En su descenso fue acumulando materiales hasta impactar contra el río Lhende. La acumulación formó temporalmente una presa natural y, cuando esta cedió, liberó violentamente el agua retenida.
El resultado fue algo parecido a un tsunami, pero en plena montaña. Las primeras estimaciones recogidas por los científicos hablan de una pared de escombros que pudo alcanzar los 30 metros de altura cuando llegó al paso fronterizo de Gyirong. El agua continuó después su descenso por el Lhende Khola, el Bhote Koshi y el Trishuli. En algunos puntos, el nivel del Trishuli aumentó hasta nueve metros en apenas 30 minutos.
Pueblos, carreteras y puentes bajo el barro
A su paso, la riada encontró poblaciones enteras. Timure y Syabrubesi figuran entre las localidades afectadas en Rasuwa, uno de los distritos que ha sufrido con mayor violencia el desastre. Después, las aguas avanzaron hacia Nuwakot y Dhading.
Las imágenes que llegan desde Nepal muestran la dimensión de la destrucción: viviendas hundidas o sepultadas por el barro, vehículos arrastrados, carreteras cortadas y puentes desaparecidos. Solo durante las primeras evaluaciones se contabilizaron 19 puentes destruidos y unos 40 kilómetros de carreteras arrasados.
La catástrofe ha sorprendido también a centenares de extranjeros. Turistas, montañeros, trabajadores y peregrinos se encontraban en la región cuando descendió la riada. Las autoridades llegaron a contabilizar 668 turistas de 34 países con los que no se había podido establecer contacto, aunque las cifras siguen modificándose conforme avanzan los rescates.
Rescates contrarreloj en el corazón de la montaña
Entre tanta destrucción, también comienzan a aparecer historias de supervivencia. El Ejército nepalí ha desplegado helicópteros, drones, maquinaria y equipos terrestres para alcanzar lugares prácticamente aislados. Uno de los escenarios más delicados ha sido una planta hidroeléctrica de Rasuwa.
Las imágenes difundidas este viernes muestran a los equipos de emergencia accediendo al túnel del complejo y sacando a personas que habían quedado atrapadas después de la riada. Los equipos nepalíes han conseguido rescatar a centenares de trabajadores y residentes vinculados al proyecto hidroeléctrico. Las operaciones se desarrollan, además, bajo una amenaza que todavía no ha desaparecido.
Este viernes los trabajos de rescate tuvieron que detenerse temporalmente, después de que un lago formado por los materiales que bloquearon el cauce comenzara a desbordarse. Los helicópteros suspendieron sus operaciones durante unos 90 minutos y habitantes de la zona buscaron terrenos elevados ante el temor a una nueva crecida.
¿Por qué se derrumbó el glaciar?
Esta es ahora una de las grandes preguntas. Los científicos todavía no pueden establecer con certeza qué provocó el desprendimiento inicial. Lo que sí conocen es el contexto en el que se ha producido. El Himalaya alberga una de las mayores reservas de hielo del planeta, hasta el punto de ser denominado el "tercer polo", solo por detrás de la Antártida y el Ártico. Pero ese enorme depósito de hielo está cambiando. El calentamiento está provocando el retroceso de los glaciares y también afecta al permafrost, el terreno formado por roca, suelo y hielo que ha permanecido congelado durante largos periodos.
Cuando aumenta la temperatura, el hielo que mantiene cohesionados esos materiales puede descongelarse. Las laderas pierden estabilidad y aumenta el riesgo de desprendimientos de roca, deslizamientos y movimientos masivos del terreno.
Eso no significa que pueda atribuirse directamente al cambio climático este desprendimiento concreto. Los investigadores todavía estudian qué ocurrió. Pero el escenario en el que se ha producido resulta preocupante: los glaciares del Hindu Kush-Himalaya perdieron hielo un 65 % más rápido entre 2011 y 2020 que durante la década anterior.
El permafrost es vulnerable
Los glaciares de gran altitud del Himalaya pueden responder al cambio climático de forma diferente a los glaciares situados a menor altitud o en regiones relativamente más cálidas. El deshielo y la degradación del permafrost también pueden contribuir a que las empinadas laderas del Himalaya sean menos estables.
El permafrost es un suelo compuesto por roca, tierra y hielo que se ha mantenido a una temperatura igual o inferior a 0 °C durante muchos años. A medida que el clima se calienta, el suelo puede descongelarse, lo que debilita el hielo que ayuda a unir la roca y la tierra.
En las laderas montañosas empinadas, esta pérdida de suelo congelado puede hacer que las laderas sean menos estables y aumentar la probabilidad de desprendimientos de rocas, deslizamientos de tierra y otras formas de movimiento del terreno. Un terremoto, un desprendimiento de rocas u otra perturbación puede entonces desencadenar un rápido movimiento cuesta abajo de rocas, tierra y escombros.
¿Se pueden prevenir estos desastres?
No hubo víctimas mortales cuando se derrumbó el glaciar suizo. Gracias a que existían sistemas de alerta temprana, las autoridades evacuaron a los residentes antes de que se produjera el derrumbe.
A medida que aumenten las temperaturas y los desastres relacionados con el clima se vuelvan más frecuentes o graves en algunas regiones, los sistemas de alerta temprana cobrarán cada vez más importancia para los pueblos y localidades situados cerca de glaciares o de permafrost en proceso de descongelación. Estos sistemas pueden monitorizar el rápido aumento del nivel de los ríos, las lluvias intensas y las ondas sísmicas para alertar a las autoridades antes de que se produzca una catástrofe.
Sin embargo, la instalación y el mantenimiento de sistemas de alerta temprana eficaces pueden requerir una inversión significativa, lo que supone un reto para los países de bajos ingresos y en desarrollo. La buena noticia es que el Fondo Verde para el Clima anunció el año pasado que destinaría financiación a mejorar los sistemas de vigilancia en Nepal.
Pero hay otro problema más. El agua procedente del deshielo de los glaciares del Himalaya alimenta ríos que son vitales para miles de millones de personas en Nepal, Pakistán, la India y China. A medida que el clima se calienta, el aumento del deshielo de los glaciares puede incrementar temporalmente el caudal de los ríos y, en algunos lugares, contribuir al riesgo de inundaciones.
Sin embargo, si en paralelo los glaciares siguen reduciéndose, su aportación podría disminuir con el tiempo y provocar una menor disponibilidad de agua, especialmente durante la estación seca.
La reducción rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero, la inversión en sistemas de alerta temprana y una mejor vigilancia de las regiones montañosas vulnerables pueden ayudar a las comunidades a prepararse. Estas medidas no lograrán prevenir todos los desastres, pero pueden salvar vidas y ofrecer a las personas más oportunidades para adaptarse al cambio climático.
Fotografía: © ONU Nepal (https://unsdg.un.org/latest/stories/nepal-un-and-partners-mobilise-funding-government-led-flood-response)
Fuente: The Conversation y Agencia Sinc.

No estaba lloviendo. Tampoco hubo un terremoto que hiciera temblar primero la tierra. Cuando la mañana del miércoles 26 de agosto una masa gigantesca comenzó a desprenderse en las alturas del Himalaya, quienes vivían kilómetros más abajo apenas tuvieron tiempo para comprender lo que estaba sucediendo. Una parte de un glaciar se había venido abajo.
Millones de toneladas de hielo y roca descendieron desde las montañas, incorporando a su paso agua, tierra, árboles y sedimentos. Lo que comenzó como un desprendimiento terminó convertido en una descomunal pared de escombros y agua que se precipitó por los estrechos valles de la frontera entre Nepal y el Tíbet.
Dos días después, la dimensión de la tragedia continúa creciendo. Nepal contabiliza ya 579 fallecidos y, sumando ambos lados de la frontera, cerca de 2.000 personas permanecen desaparecidas. Más de 3.700 han podido ser rescatadas, mientras miles de efectivos trabajan contra el tiempo en una zona donde carreteras y puentes han desaparecido y numerosas poblaciones siguen teniendo enormes dificultades de comunicación.
La magnitud del desastre es tal que la riada recorrió más de 170 kilómetros por el sistema fluvial del Bhote Koshi y el Trishuli. El artículo científico facilitado para este reportaje describe el fenómeno como una avalancha de agua, hielo, barro y rocas que avanzó prácticamente sin aviso previo por uno de los principales corredores entre Katmandú y el Tíbet.
Un desprendimiento registrado como si fuera un terremoto
Durante las primeras horas hubo confusión. Los instrumentos habían detectado una señal sísmica y se llegó a pensar que un terremoto de magnitud 4,4 podía haber desencadenado la catástrofe. Las investigaciones posteriores apuntaron justamente en la dirección contraria: no fue un terremoto el que provocó el desprendimiento. Fue el propio colapso de la montaña el que hizo temblar la tierra.
Las imágenes de satélite han permitido reconstruir parcialmente aquellos primeros minutos. Una enorme sección de hielo y roca se desprendió a unos 5.200 metros de altitud y cayó alrededor de 1.200 metros hasta alcanzar el fondo del valle. En su descenso fue acumulando materiales hasta impactar contra el río Lhende. La acumulación formó temporalmente una presa natural y, cuando esta cedió, liberó violentamente el agua retenida.
El resultado fue algo parecido a un tsunami, pero en plena montaña. Las primeras estimaciones recogidas por los científicos hablan de una pared de escombros que pudo alcanzar los 30 metros de altura cuando llegó al paso fronterizo de Gyirong. El agua continuó después su descenso por el Lhende Khola, el Bhote Koshi y el Trishuli. En algunos puntos, el nivel del Trishuli aumentó hasta nueve metros en apenas 30 minutos.
Pueblos, carreteras y puentes bajo el barro
A su paso, la riada encontró poblaciones enteras. Timure y Syabrubesi figuran entre las localidades afectadas en Rasuwa, uno de los distritos que ha sufrido con mayor violencia el desastre. Después, las aguas avanzaron hacia Nuwakot y Dhading.
Las imágenes que llegan desde Nepal muestran la dimensión de la destrucción: viviendas hundidas o sepultadas por el barro, vehículos arrastrados, carreteras cortadas y puentes desaparecidos. Solo durante las primeras evaluaciones se contabilizaron 19 puentes destruidos y unos 40 kilómetros de carreteras arrasados.
La catástrofe ha sorprendido también a centenares de extranjeros. Turistas, montañeros, trabajadores y peregrinos se encontraban en la región cuando descendió la riada. Las autoridades llegaron a contabilizar 668 turistas de 34 países con los que no se había podido establecer contacto, aunque las cifras siguen modificándose conforme avanzan los rescates.
Rescates contrarreloj en el corazón de la montaña
Entre tanta destrucción, también comienzan a aparecer historias de supervivencia. El Ejército nepalí ha desplegado helicópteros, drones, maquinaria y equipos terrestres para alcanzar lugares prácticamente aislados. Uno de los escenarios más delicados ha sido una planta hidroeléctrica de Rasuwa.
Las imágenes difundidas este viernes muestran a los equipos de emergencia accediendo al túnel del complejo y sacando a personas que habían quedado atrapadas después de la riada. Los equipos nepalíes han conseguido rescatar a centenares de trabajadores y residentes vinculados al proyecto hidroeléctrico. Las operaciones se desarrollan, además, bajo una amenaza que todavía no ha desaparecido.
Este viernes los trabajos de rescate tuvieron que detenerse temporalmente, después de que un lago formado por los materiales que bloquearon el cauce comenzara a desbordarse. Los helicópteros suspendieron sus operaciones durante unos 90 minutos y habitantes de la zona buscaron terrenos elevados ante el temor a una nueva crecida.
¿Por qué se derrumbó el glaciar?
Esta es ahora una de las grandes preguntas. Los científicos todavía no pueden establecer con certeza qué provocó el desprendimiento inicial. Lo que sí conocen es el contexto en el que se ha producido. El Himalaya alberga una de las mayores reservas de hielo del planeta, hasta el punto de ser denominado el "tercer polo", solo por detrás de la Antártida y el Ártico. Pero ese enorme depósito de hielo está cambiando. El calentamiento está provocando el retroceso de los glaciares y también afecta al permafrost, el terreno formado por roca, suelo y hielo que ha permanecido congelado durante largos periodos.
Cuando aumenta la temperatura, el hielo que mantiene cohesionados esos materiales puede descongelarse. Las laderas pierden estabilidad y aumenta el riesgo de desprendimientos de roca, deslizamientos y movimientos masivos del terreno.
Eso no significa que pueda atribuirse directamente al cambio climático este desprendimiento concreto. Los investigadores todavía estudian qué ocurrió. Pero el escenario en el que se ha producido resulta preocupante: los glaciares del Hindu Kush-Himalaya perdieron hielo un 65 % más rápido entre 2011 y 2020 que durante la década anterior.
El permafrost es vulnerable
Los glaciares de gran altitud del Himalaya pueden responder al cambio climático de forma diferente a los glaciares situados a menor altitud o en regiones relativamente más cálidas. El deshielo y la degradación del permafrost también pueden contribuir a que las empinadas laderas del Himalaya sean menos estables.
El permafrost es un suelo compuesto por roca, tierra y hielo que se ha mantenido a una temperatura igual o inferior a 0 °C durante muchos años. A medida que el clima se calienta, el suelo puede descongelarse, lo que debilita el hielo que ayuda a unir la roca y la tierra.
En las laderas montañosas empinadas, esta pérdida de suelo congelado puede hacer que las laderas sean menos estables y aumentar la probabilidad de desprendimientos de rocas, deslizamientos de tierra y otras formas de movimiento del terreno. Un terremoto, un desprendimiento de rocas u otra perturbación puede entonces desencadenar un rápido movimiento cuesta abajo de rocas, tierra y escombros.
¿Se pueden prevenir estos desastres?
No hubo víctimas mortales cuando se derrumbó el glaciar suizo. Gracias a que existían sistemas de alerta temprana, las autoridades evacuaron a los residentes antes de que se produjera el derrumbe.
A medida que aumenten las temperaturas y los desastres relacionados con el clima se vuelvan más frecuentes o graves en algunas regiones, los sistemas de alerta temprana cobrarán cada vez más importancia para los pueblos y localidades situados cerca de glaciares o de permafrost en proceso de descongelación. Estos sistemas pueden monitorizar el rápido aumento del nivel de los ríos, las lluvias intensas y las ondas sísmicas para alertar a las autoridades antes de que se produzca una catástrofe.
Sin embargo, la instalación y el mantenimiento de sistemas de alerta temprana eficaces pueden requerir una inversión significativa, lo que supone un reto para los países de bajos ingresos y en desarrollo. La buena noticia es que el Fondo Verde para el Clima anunció el año pasado que destinaría financiación a mejorar los sistemas de vigilancia en Nepal.
Pero hay otro problema más. El agua procedente del deshielo de los glaciares del Himalaya alimenta ríos que son vitales para miles de millones de personas en Nepal, Pakistán, la India y China. A medida que el clima se calienta, el aumento del deshielo de los glaciares puede incrementar temporalmente el caudal de los ríos y, en algunos lugares, contribuir al riesgo de inundaciones.
Sin embargo, si en paralelo los glaciares siguen reduciéndose, su aportación podría disminuir con el tiempo y provocar una menor disponibilidad de agua, especialmente durante la estación seca.
La reducción rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero, la inversión en sistemas de alerta temprana y una mejor vigilancia de las regiones montañosas vulnerables pueden ayudar a las comunidades a prepararse. Estas medidas no lograrán prevenir todos los desastres, pero pueden salvar vidas y ofrecer a las personas más oportunidades para adaptarse al cambio climático.
Fotografía: © ONU Nepal (https://unsdg.un.org/latest/stories/nepal-un-and-partners-mobilise-funding-government-led-flood-response)
Fuente: The Conversation y Agencia Sinc.













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