Viernes, 04 de Septiembre de 2026

Paco Molina
Viernes, 04 de Septiembre de 2026
Desde la izquierda

La felicidad está en el verano

Paco Molina

Al pensar en este escrito me vinieron al recuerdo 2 canciones de Amaral: “DÍAS DE VERANO” y “SON MIS AMIGOS”.

 

La tonadilla de ambas es como si fueran un único canto a algo que bien pudiera ser la felicidad o el paraíso. En una, la letra subraya: “aún quedan días de verano, pienso en ti, pienso que la vida no es justa…”. Mientras que, en la otra, el estribillo recalca: “son mis amigos, en la calle pasábamos las horas, son mis amigos por encima de todas las cosas”.

 

Cuando se unen el buen tiempo con las vacaciones infantiles no hay nada mejor. Las calles se llenan de bullicio, y niñas y niños, de cualquier color, país o condición, caminan a paso saltarín. Llevan la sonrisa de quienes no han madrugado, de quienes no han tenido que hacer los deberes, de quienes sienten, sin sentirla, la protección constante de sus mayores.

 

Entonces, cuando caminan de la mano de sus mamás o de quienes de mamá hacen, repiten sus 4 frases: “¿Sabes, que?”, “¿Entonces vamos a ir?”, “¿Y va a venir?, “¿Cuándo me compráis el helado?”.

 

Yo vivo en Zamora. Zamora es una ciudad sencilla. De esas de la España despoblada. Y si todo el año goza de la alegría de los “pequerrechos” (pequeñajas y pequeñajos de todas las razas, de 100 países, de 5 continentes y de una única ternura) en verano estas criaturitas fabrican jolgorio y animación, al estar todo el día en la calle, acompañados de quienes más les quieren, que también son, cómo no, de 100 países, de 5 continentes y de una única tribu: la Humanidad.

 

Una tribu que como todas presenta una singularidad: sus miembros quieren que toda su vida sea una infancia feliz, una niñez en días de verano.

 

Cosa fácil de conseguir si todas y todos fuéramos “homo sapiens”, pues nos pondríamos a resolver los 2 únicos problemas que tenemos como animales que somos: el deseo de seguir vivos y bien, y el deseo de satisfacer el deseo.

 

Para lo cual bastaría en convertir el trabajo productivo (no el especulativo) en algo obligatorio (en un deber) y después repartir la riqueza producida entre todos. Bastaría con aplicar la fórmula: “HAZ EL AMOR Y NO LA GUERRA”.

 

Tal vez tú esto lo veas demasiado utópico, pero lo verdaderamente utópico que es creer que viviendo en un mundo injusto vas a poder estar tranquilo.

 

Mira Ceuta. Parece que los parias de la Tierra no se resignan a vivir en la miseria. Y parece también que los ricos de la Tierra (EEUU, Israel y la monarquía marroquí en este caso) quieren quitarnos esa ciudad y Melilla (y si lo hacen, “dalas por perdidas” porque, aunque miles de españoles morirían antes, la historia, y Gaza, nos recuerdan que el fuerte si quiere robar roba (porque ya lo hizo y sabe cómo hacerlo). Recuerda también cuando nosotros éramos los ricos y traíamos africanos a la fuerza (inmigración forzosa) secuestrándolos para convertirlos en esclavos.

 

Pero hay más, los partidos que defienden a los poderosos (en España los derechistas) te dicen que ellos pararán la inmigración y que, a partir de ahí, tú, que vives de tu trabajo, podrás estar tranquilo. Pero, por tu bien, no seas iluso, su programa electoral no se limita a eso. Si ganan van suprimir la sanidad pública porque en tus enfermedades hay un “nicho de negocio” y tus dolencias te arruinarán; lo mismo harán con la enseñanza para que sus hijos trepen por la escalera de la titulitis y los tuyos no. Y no te digo nada con las pensiones: las actuales las congelarán, y para las futuras cada uno tendrá que financiarse la suya (y sin solvencia).

 

¡Ah! y cuando los robots humanoides (que ya baten récords de atletismo) estén en el mercado, los empresarios de postín   comprarán los que necesiten, y tú al paro y sin derechos.

 

No te dejes engañar, que los ricos y sus derechas saben mucho.  

Paco Molina. 31 de Agosto del 2026

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