Viernes, 04 de Septiembre de 2026

Eugenio-Jesús de Ávila
Viernes, 04 de Septiembre de 2026
ARTE

Antonio Pedrero, el artista que coloreó el alma zamorana, toma Madrid

No sé quién ha sido la persona o la institución que le ha regalado a la capital de España una exposición de Antonio Pedrero, el artista que pintó el alma de Zamora, el genio que coloreó nuestra historia medieval, el talento que elevó el paisaje de nuestra provincia a sentimiento puro, pero, personalmente, les estaré siempre agradecido, porque me encanta el proselitismo del arte, más cuando es puro, elevado, si está más allá del bien y del mal.

 

Ahora bien, desde que me enteré que Madrid iba a conocer la pintura del artista zamorano, me pregunté, con la candidez propia de un periodista que estudió Historia del Arte, por qué este tesoro de nuestra Zamora que responde al nombre de Antonio Pedrero Yéboles se mantuvo tantas décadas oculto dentro de nuestras murallas mentales; por qué él mismo no decidió salir de las fronteras provinciales y darse a conocer en el corazón del arte español. Quizá se haya debido esa forma de ser de este artista único, a una sencillez extrema, a una humildad que anida en los corazones de las almas grandes, a un cierto miedo a perder sus señas de identidad, su vida cotidiana, su relación con los amigos, sus diálogos con los sillares de las iglesias románicas de su Zamora, con rúas y plazuelas que paseó desde la infancia, sus conversaciones con sus paisanos. No lo sé. Tendría que confesarlo para que me lo contara.

 

Antonio fue, es y será la conciencia coloreada de nuestra ciudad del alma, el pintor que mezcló el arco iris en su paleta, hallando las estrofas de su poesía en colores, en las rimas a sus estrofas del verde con el naranja, del añil con el violeta, del rojo con el azul. La pintura no deja de ser un poema que se escribe con la luz de la vida. Un óleo de Pedrero une la Capilla Sixtina de Altamira con un cuadro de Goya, las geometrías de Picasso o las estructuras de Vázquez Díaz. Una obra de Antonio viaja en el tiempo, escribe la historia, rejuvenece la memoria y se mofa del futuro y, además, capta el presente, mezclando el néctar del pretérito con los caprichos de Cronos.

 

El arte, cuando alcanza la sensibilidad, el talento y el genio de Antonio Pedrero, vence a la muerte, la derrota, la ridiculiza. La belleza resta miedo al dejar de ser y transforma la existencia humana en un paraíso efímero.

 

 

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