MUNÍCIPES
Exigencias estéticas a David Gago, alcaldable del PSOE
Eugenio-Jesús de Ávila
David Gago me parece un político ecléctico, expresión artística también, con excelentes ejemplos en Zamora. A la persona que encabezará la lista del PSOE a las municipales, actual primer teniente de Alcaldía, encuentra confort, por supuesto, en su partido; pero también en las tradiciones zamoranas. Verbigracia: como la Virgen de la Concha, la Virgen de la Saleta, cargador de grupos escultóricos, por lo tanto, otro semanasantero, y más creencias religiosas. Su partido, el de casi siempre, el de Largo Caballero, nunca se caracterizó por su cristianismo, sino por su anticlericalismo. Pero eso fue pasado, nada que ahora no se pueda, y debe olvidar, verdad. El caso es que Gago quiere ser alcalde, porque aspira a liderar la lista más votada allá el 23 de mayo del 2027. Se ha mostrado, durante este tiempo como edil, muy hábil en la propaganda, muy móvil en lo atlético, porque lo hemos visto por doquier, allí donde había algo que vender. Y creo que ya se ha cansado de ser vice y quiere ser el que más manda entre los que ordenan.
David es persona con gusto, político que le da importancia a la estética. Como yo. En eso se nos parecemos, aunque yo ni fui, ni soy ni seré del PSOE, por razones de demasiado peso histórico, verdad. Y no se trata ahora de sacar documentos a la luz. Pero lo que a mí me gusta de los munícipes zamoranos consiste en que piensen mucho más en Zamora que en su ideología, aunque en el caso de Gago ya he expresado que se trata de un político ecléctico.
Y si se convierte en el principal inquilino de la Casa de las Panaderas, le exigiré, y lo expreso ya mismo, que proponga un concurso de ideas para transformar la Plaza Mayor más fea de España; y, además, reformas de los jardines de Baltasar Lobo, con una apuesta poderosa para introducir fuentes. Tampoco pido que sean colosales, de esa que epatan, sino sencillas, pero bellas; humildes, pero líricas. Pongamos, para hacernos una idea, como las que humedecen La Alhambra. No me olvido de mi constante empeño por dotar al secarral de la Constitución de jardín, con fuente y escultura de Lobo. No se filtrará ni una gota al subterráneo. No me vale esa vana excusa. Y, por último, para terminar con el asunto de las ágoras: reforma de la plaza de San Gil. Y si es posible, que los restos, excelentes de la iglesia románica, puedan ser disfrutados por indígenas y turistas de la cultura.
Como en lo que queda de mandato, Guarido cambiará La Marina, obvio referirme a ese espacio urbano.
Cambio de tercio para escribir sobre nuestro patrimonio. No creo que el regidor logre, antes de cortarse la coleta, liberar por completo las murallas de la avenida de la Feria. Por lo tanto, esa bonita tarea le corresponderá a Gago, siempre que sea elegido como alcalde. Y pediría también una restauración estética de esos lienzos de muralla mencionados con anterioridad.
Y, si fuera posible y se obrase un milagro, reconstrucción de las dos torres del Puente Románico. Quiero ver la Ley que prohíba su restauración. No me gustan los burócratas y la incoherencia.
El Castillo también debe ser revisado, porque la primera restauración, realizada con mucha prisa, porque así se exigía para recibir el dinero de Europa, necesita otra intervención, pero sin prisas, buscando huellas del pasado medieval. Y como estamos en el casco histórico, arrancar las baldosas de piedras y cantos de rúas, calles y plazuelas, y sustituirlas por losas de granito sayagués. Todos saldríamos ganando. Y si pudiera ser, crear un mirador colosal hasta la Cuesta de los Pepinos, idea que tuvo Guarido en su momento.
No quiero extenderme sobre otros asuntos esenciales para el desarrollo de Zamora. Habrá tiempo. Pero lo que he escrito con protagonismo de David Gago, les valdría a los líderes del resto de partidos. Esa es la ciudad que quiero ver.
Eugenio-Jesús de Ávila
David Gago me parece un político ecléctico, expresión artística también, con excelentes ejemplos en Zamora. A la persona que encabezará la lista del PSOE a las municipales, actual primer teniente de Alcaldía, encuentra confort, por supuesto, en su partido; pero también en las tradiciones zamoranas. Verbigracia: como la Virgen de la Concha, la Virgen de la Saleta, cargador de grupos escultóricos, por lo tanto, otro semanasantero, y más creencias religiosas. Su partido, el de casi siempre, el de Largo Caballero, nunca se caracterizó por su cristianismo, sino por su anticlericalismo. Pero eso fue pasado, nada que ahora no se pueda, y debe olvidar, verdad. El caso es que Gago quiere ser alcalde, porque aspira a liderar la lista más votada allá el 23 de mayo del 2027. Se ha mostrado, durante este tiempo como edil, muy hábil en la propaganda, muy móvil en lo atlético, porque lo hemos visto por doquier, allí donde había algo que vender. Y creo que ya se ha cansado de ser vice y quiere ser el que más manda entre los que ordenan.
David es persona con gusto, político que le da importancia a la estética. Como yo. En eso se nos parecemos, aunque yo ni fui, ni soy ni seré del PSOE, por razones de demasiado peso histórico, verdad. Y no se trata ahora de sacar documentos a la luz. Pero lo que a mí me gusta de los munícipes zamoranos consiste en que piensen mucho más en Zamora que en su ideología, aunque en el caso de Gago ya he expresado que se trata de un político ecléctico.
Y si se convierte en el principal inquilino de la Casa de las Panaderas, le exigiré, y lo expreso ya mismo, que proponga un concurso de ideas para transformar la Plaza Mayor más fea de España; y, además, reformas de los jardines de Baltasar Lobo, con una apuesta poderosa para introducir fuentes. Tampoco pido que sean colosales, de esa que epatan, sino sencillas, pero bellas; humildes, pero líricas. Pongamos, para hacernos una idea, como las que humedecen La Alhambra. No me olvido de mi constante empeño por dotar al secarral de la Constitución de jardín, con fuente y escultura de Lobo. No se filtrará ni una gota al subterráneo. No me vale esa vana excusa. Y, por último, para terminar con el asunto de las ágoras: reforma de la plaza de San Gil. Y si es posible, que los restos, excelentes de la iglesia románica, puedan ser disfrutados por indígenas y turistas de la cultura.
Como en lo que queda de mandato, Guarido cambiará La Marina, obvio referirme a ese espacio urbano.
Cambio de tercio para escribir sobre nuestro patrimonio. No creo que el regidor logre, antes de cortarse la coleta, liberar por completo las murallas de la avenida de la Feria. Por lo tanto, esa bonita tarea le corresponderá a Gago, siempre que sea elegido como alcalde. Y pediría también una restauración estética de esos lienzos de muralla mencionados con anterioridad.
Y, si fuera posible y se obrase un milagro, reconstrucción de las dos torres del Puente Románico. Quiero ver la Ley que prohíba su restauración. No me gustan los burócratas y la incoherencia.
El Castillo también debe ser revisado, porque la primera restauración, realizada con mucha prisa, porque así se exigía para recibir el dinero de Europa, necesita otra intervención, pero sin prisas, buscando huellas del pasado medieval. Y como estamos en el casco histórico, arrancar las baldosas de piedras y cantos de rúas, calles y plazuelas, y sustituirlas por losas de granito sayagués. Todos saldríamos ganando. Y si pudiera ser, crear un mirador colosal hasta la Cuesta de los Pepinos, idea que tuvo Guarido en su momento.
No quiero extenderme sobre otros asuntos esenciales para el desarrollo de Zamora. Habrá tiempo. Pero lo que he escrito con protagonismo de David Gago, les valdría a los líderes del resto de partidos. Esa es la ciudad que quiero ver.














Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.152