REFLEXIONES ESTÉTICAS
Para embellecer Zamora
La base militar, declarada Zona de Interés para la Defensa Nacional, supondrá un referente de vanguardia militar, sostenibilidad ambiental e independencia energética
Eugenio-Jesús de Ávila
No creo que haya habido periodista y gente del común que haya escrito tantos artículos protagonizados por Zamora, desde las actuaciones de sus políticos, más criticados que loados, excepciones hechas de Francisco Guarido, lidiador del peligroso morlaco de la res pública, y Rosa Valdeón, la primera regidora de esta ciudad que viaja en el tren del pretérito, inolvidable como persona, como personalidad y por su decidida apuesta por la restauración de una veintena de templos románicos, que ahora se muestran en todo su esplendor, pero que, antes de su paso por la Casa de las Panaderas, destacaban por la mugre de sus sillares, por la cutrez de sus tejados y por el abandono de sus entornos.
También he dedicado numerosos artículos a lo que un servidor considera esencial para enfatizar el turismo cultural: el patrimonio histórico y monumental de la ciudad del Romancero. Y, por supuesto, la parte de mi cerebro que se emociona por la belleza me ha obligado a escribir sobre la estética urbana de Zamora. Verbigracia: no me gustan nada ni la Plaza Mayor, ni la de la Constitución, ni tampoco la de San Gil o Maestro Haedo. No digo ni mu sobre La Marina, porque el Ayuntamiento ya ha entrado en su reforma.
Además de exigir cambios profundos en esas ágoras, he dejado propuestas para que los munícipes, si toman el poder, y comulgan con mis presupuestos estéticos, convoquen concursos de ideas que deberían ejecutarse cuando sea menester, nunca más allá de la duración de un mandato, cuatro años.
De nuevo, volverá a expresarme, de una manera parca, sin gastar muchas palabras, mis proyectos de metamorfosis de nuestra ciudad en esos espacios ya citados. Voy a mis asuntos: hubo, en el primer mandato de Andrés Luis Calvo un proyecto arquitectónico para que la Plaza Mayor adquiriese cierto empaque, si bien me parece complicado que partido político alguno, zamorano o nacional, lo tome en consideración. Se trataría de reconstruir los edificios derribados junto a la iglesia de San Juan, con sus soportales. Podría servir como oficinas municipales, con el consiguiente ahorro del gastro extraordinario que ahora percibe la propiedad del que fuera Centro Médico. Exigiría materiales nobles para construir esos inmuebles.
Sobre la plaza de San Gil, primer movimiento. Dejar al aire libre los restos de la iglesia románica. Adecentar el resto de edificios que conforman ese espacio y, si se quiere, quitar ese parque infantil para ofrecer mayores dimensiones y dotarla de un jardín, fuente y escultura de Baltasar Lobo.
Plaza de la Constitución, uno de los grandes secarrales urbanos de las ciudades de Castilla y León, aunque el Ayuntamiento haya intentando colorearlo con esas estructuras jerárquicas de florecillas. Insisto en mi proyecto: crear un jardín con idénticas características al de la plaza de Zorrilla, incluida la pequeña fuente y otra obra de Lobo, y, si se prefiere, encargar a un escultor prestigioso, pongamos Amaya, una obra que represente a Doña Urraca. Por supuesto, se realizaría los pertinentes estudios sobre la filtración de aguas del riego del jardín y de la fuente en el subterráneo.
Ahí he vuelto a dejar mis propuestas estéticas para cualquiera de las formaciones políticas que se presenten a los comicios municipales del 23 de mayo de 2027. No aspiro a percibir ni un euro por esas ideas, ni quiero formar parte de listas electorales. Tras la amarga experiencia de Zamora Sí, huyo de estos menesteres cual aristócrata galo de Robespierre.
Y si la salud o la censura no me lo impiden, seguiré escribiendo sobre Zamora y sus cuitas y también sus alegrías…si las hubiere. Raro, raro, raro.
Eugenio-Jesús de Ávila
No creo que haya habido periodista y gente del común que haya escrito tantos artículos protagonizados por Zamora, desde las actuaciones de sus políticos, más criticados que loados, excepciones hechas de Francisco Guarido, lidiador del peligroso morlaco de la res pública, y Rosa Valdeón, la primera regidora de esta ciudad que viaja en el tren del pretérito, inolvidable como persona, como personalidad y por su decidida apuesta por la restauración de una veintena de templos románicos, que ahora se muestran en todo su esplendor, pero que, antes de su paso por la Casa de las Panaderas, destacaban por la mugre de sus sillares, por la cutrez de sus tejados y por el abandono de sus entornos.
También he dedicado numerosos artículos a lo que un servidor considera esencial para enfatizar el turismo cultural: el patrimonio histórico y monumental de la ciudad del Romancero. Y, por supuesto, la parte de mi cerebro que se emociona por la belleza me ha obligado a escribir sobre la estética urbana de Zamora. Verbigracia: no me gustan nada ni la Plaza Mayor, ni la de la Constitución, ni tampoco la de San Gil o Maestro Haedo. No digo ni mu sobre La Marina, porque el Ayuntamiento ya ha entrado en su reforma.
Además de exigir cambios profundos en esas ágoras, he dejado propuestas para que los munícipes, si toman el poder, y comulgan con mis presupuestos estéticos, convoquen concursos de ideas que deberían ejecutarse cuando sea menester, nunca más allá de la duración de un mandato, cuatro años.
De nuevo, volverá a expresarme, de una manera parca, sin gastar muchas palabras, mis proyectos de metamorfosis de nuestra ciudad en esos espacios ya citados. Voy a mis asuntos: hubo, en el primer mandato de Andrés Luis Calvo un proyecto arquitectónico para que la Plaza Mayor adquiriese cierto empaque, si bien me parece complicado que partido político alguno, zamorano o nacional, lo tome en consideración. Se trataría de reconstruir los edificios derribados junto a la iglesia de San Juan, con sus soportales. Podría servir como oficinas municipales, con el consiguiente ahorro del gastro extraordinario que ahora percibe la propiedad del que fuera Centro Médico. Exigiría materiales nobles para construir esos inmuebles.
Sobre la plaza de San Gil, primer movimiento. Dejar al aire libre los restos de la iglesia románica. Adecentar el resto de edificios que conforman ese espacio y, si se quiere, quitar ese parque infantil para ofrecer mayores dimensiones y dotarla de un jardín, fuente y escultura de Baltasar Lobo.
Plaza de la Constitución, uno de los grandes secarrales urbanos de las ciudades de Castilla y León, aunque el Ayuntamiento haya intentando colorearlo con esas estructuras jerárquicas de florecillas. Insisto en mi proyecto: crear un jardín con idénticas características al de la plaza de Zorrilla, incluida la pequeña fuente y otra obra de Lobo, y, si se prefiere, encargar a un escultor prestigioso, pongamos Amaya, una obra que represente a Doña Urraca. Por supuesto, se realizaría los pertinentes estudios sobre la filtración de aguas del riego del jardín y de la fuente en el subterráneo.
Ahí he vuelto a dejar mis propuestas estéticas para cualquiera de las formaciones políticas que se presenten a los comicios municipales del 23 de mayo de 2027. No aspiro a percibir ni un euro por esas ideas, ni quiero formar parte de listas electorales. Tras la amarga experiencia de Zamora Sí, huyo de estos menesteres cual aristócrata galo de Robespierre.
Y si la salud o la censura no me lo impiden, seguiré escribiendo sobre Zamora y sus cuitas y también sus alegrías…si las hubiere. Raro, raro, raro.














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