REFLEXIONES URBANAS
¿Qué tipo de inversiones privadas y públicas necesita Zamora y su provincia?
Eugenio-Jesús de Ávila
¿De qué pretende vivir esta y esta provincia en el futuro inmediato? Alcalde de Zamora, sea el que fuere, y presidente de la Diputación deberían formularse cuestión fundamental como representantes populares, aunque sus elecciones nunca adquieran la categoría de directa. Por supuesto, esta pregunta debió plantearse ha mucho tiempo, desde el comienzo de esta democracia de cartón piedra. Pero aquí se improvisa, se gobierna al día, no se hacen presupuestos, no me refiero a los económicos, sino a proyectos para ejecutar durante los distintos mandatos.
Parece claro que los zamoranos consideran nocivas las macrogranjas porcinas, las plantas de biogás, las fotovoltaicas y ahora esa nueva industria que se denomina Centro de Datos. Todo es malo para nuestra tierra. Las críticas que unos y otros, a derechas e izquierdas, realizan sobre esa empresa con intención de implantarse en el Polígono de Monfarracinos, surgen por doquier. No las argumentan ingenieros, técnicos con preparación al respecto, sino gente del común que ha oído o leído que estas industrias podrían provocar el apocalipsis, convertir Zamora en un desierto y al Duero en un regato. No obstante, la maldad de esta idea tecnológica gusta en Soria y en Valladolid y en otras provincias. Quizá la epidermis zamorana sea más sensible que la de otras tierras. Por cierto, los dos organismos esencialmente económicos de Zamora, los que engloban a nuestros empresarios, no han realizado comunicado alguno ni manifestaciones al respecto. ¿Por qué? Inconcebible. No saben. No contestan.
Y ha llegado el momento de preguntarle al zamorano de a pie, al funcionario, al autónomo, al que carece de trabajo, al ama de casa y, por supuesto, al que dedica su ocio a la res pública, de qué podría vivir Zamora en los próximos años, que tipo de empresas se considerarían beneficiosas para crear puestos de trabajo y riqueza, una vez descartadas las citadas anteriormente.
Olvídense aquellos que estiman, con una fe religiosa, que con las plusvalías de la Semana Santa -cuatro días mal contados, desde la mañana del Jueves Santo al mediodía del Domingo de Resurrección- y Fromago, feria quesera con carácter bianual, la economía zamorana ofrecería importantes superávits, rendimientos que cerrarían el año con importantes ganancias para la pequeña empresa local y provincial. Por supuesto que esas celebraciones religiosas y de transformación ayudarían, pero jamás detendrían la decadencia económica que nos coloca en el farolillo rojo del desarrollo nacional, ni tampoco la despoblación se frenaría, porque las comarcas del occidente zamorano son ya, desde hace un par de décadas, desiertos demográficos irreversibles.
Cuando la instalación militar de Monte la Reina entre en funcionamiento, nadie se atreve a fijar una fecha, pero en 2027 todavía seguirán las obras en aquella zona del municipio toresano, se notará, sin duda, en parte de la provincia, principalmente en Toro y en la capital, pero no alucinemos con la importancia esencial de esta inversión estatal para que Zamora conozca un punto de inflexión económico y poblacional.
El turismo cultural podría tener su importancia en el desarrollo económico de Zamora, pero todavía hay que seguir restaurando lienzos de muralla, entornos de las iglesias románica, restaurar las dos torres del Puente Románico, vender nuestras aceñas, desde la de Pinilla, a la de Cabañales, pasando por la de Olivares y concluyendo con las de Gijón. No se debe olvidar tampoco ni el modernismo, ni el eclecticismo de la capital.
Considero que nuestra provincia, que siempre tuvo magnificas materias primas, se comportó durante décadas como un país tercermundista, al que otras regiones expoliaron su energía, Iberduero antaño; sus productos de la tierra, que apenas se transformaron aquí, sino que se exportaban en bruto a provincias donde se instalaron, verbigracia, fábricas de todos los géneros relacionados con el cerdo, con la comercialización de productos hortofrutícolas, etc.
Los jóvenes zamoranos tendrían que apostar más por las inversiones en empresas de transformación de materias primas, como han hecho los extraordinarios queseros zamoranos durante décadas, por bodegas de nuestros excelentes vinos, que por aprobar una oposición y convertirse en funcionario. No hay profesión tan conservadora como la de trabajar para el Estado y ninguna tan progresista como la de emprendedor.
Y los políticos de aquí, exceptuando a los que son vicarios de los dos grandes partidos nacionales o internacionales, tendrían que exigir a los ejecutivos central y autonómico inversiones en infraestructuras. Lo de la transformación de la N-122 entre la capital y la frontera lusa en autovía se ha utilizado por PSOE, el partido que lleva más de 28 años en La Moncloa, y el PP como propaganda electoral, como engaño. Se han tomado a cachondeo a los zamoranos.
Considero determinante para responder a la pregunta que habría este artículo la ejecución de esa infraestructura citada en el párrafo anterior. Y no introduzco en este juego, el Tren Vía de la Plata, porque me vendrán a buscar las parcas y nada se habrá hecho, ni por este gobierno ni por los que vengan hasta el ecuador de este desventurado siglo.
Reflexione, pues, y respóndase a sí mismo: ¿De qué pretende, y puede, vivir esta ciudad y esta provincia en el futuro inmediato?
Eugenio-Jesús de Ávila
¿De qué pretende vivir esta y esta provincia en el futuro inmediato? Alcalde de Zamora, sea el que fuere, y presidente de la Diputación deberían formularse cuestión fundamental como representantes populares, aunque sus elecciones nunca adquieran la categoría de directa. Por supuesto, esta pregunta debió plantearse ha mucho tiempo, desde el comienzo de esta democracia de cartón piedra. Pero aquí se improvisa, se gobierna al día, no se hacen presupuestos, no me refiero a los económicos, sino a proyectos para ejecutar durante los distintos mandatos.
Parece claro que los zamoranos consideran nocivas las macrogranjas porcinas, las plantas de biogás, las fotovoltaicas y ahora esa nueva industria que se denomina Centro de Datos. Todo es malo para nuestra tierra. Las críticas que unos y otros, a derechas e izquierdas, realizan sobre esa empresa con intención de implantarse en el Polígono de Monfarracinos, surgen por doquier. No las argumentan ingenieros, técnicos con preparación al respecto, sino gente del común que ha oído o leído que estas industrias podrían provocar el apocalipsis, convertir Zamora en un desierto y al Duero en un regato. No obstante, la maldad de esta idea tecnológica gusta en Soria y en Valladolid y en otras provincias. Quizá la epidermis zamorana sea más sensible que la de otras tierras. Por cierto, los dos organismos esencialmente económicos de Zamora, los que engloban a nuestros empresarios, no han realizado comunicado alguno ni manifestaciones al respecto. ¿Por qué? Inconcebible. No saben. No contestan.
Y ha llegado el momento de preguntarle al zamorano de a pie, al funcionario, al autónomo, al que carece de trabajo, al ama de casa y, por supuesto, al que dedica su ocio a la res pública, de qué podría vivir Zamora en los próximos años, que tipo de empresas se considerarían beneficiosas para crear puestos de trabajo y riqueza, una vez descartadas las citadas anteriormente.
Olvídense aquellos que estiman, con una fe religiosa, que con las plusvalías de la Semana Santa -cuatro días mal contados, desde la mañana del Jueves Santo al mediodía del Domingo de Resurrección- y Fromago, feria quesera con carácter bianual, la economía zamorana ofrecería importantes superávits, rendimientos que cerrarían el año con importantes ganancias para la pequeña empresa local y provincial. Por supuesto que esas celebraciones religiosas y de transformación ayudarían, pero jamás detendrían la decadencia económica que nos coloca en el farolillo rojo del desarrollo nacional, ni tampoco la despoblación se frenaría, porque las comarcas del occidente zamorano son ya, desde hace un par de décadas, desiertos demográficos irreversibles.
Cuando la instalación militar de Monte la Reina entre en funcionamiento, nadie se atreve a fijar una fecha, pero en 2027 todavía seguirán las obras en aquella zona del municipio toresano, se notará, sin duda, en parte de la provincia, principalmente en Toro y en la capital, pero no alucinemos con la importancia esencial de esta inversión estatal para que Zamora conozca un punto de inflexión económico y poblacional.
El turismo cultural podría tener su importancia en el desarrollo económico de Zamora, pero todavía hay que seguir restaurando lienzos de muralla, entornos de las iglesias románica, restaurar las dos torres del Puente Románico, vender nuestras aceñas, desde la de Pinilla, a la de Cabañales, pasando por la de Olivares y concluyendo con las de Gijón. No se debe olvidar tampoco ni el modernismo, ni el eclecticismo de la capital.
Considero que nuestra provincia, que siempre tuvo magnificas materias primas, se comportó durante décadas como un país tercermundista, al que otras regiones expoliaron su energía, Iberduero antaño; sus productos de la tierra, que apenas se transformaron aquí, sino que se exportaban en bruto a provincias donde se instalaron, verbigracia, fábricas de todos los géneros relacionados con el cerdo, con la comercialización de productos hortofrutícolas, etc.
Los jóvenes zamoranos tendrían que apostar más por las inversiones en empresas de transformación de materias primas, como han hecho los extraordinarios queseros zamoranos durante décadas, por bodegas de nuestros excelentes vinos, que por aprobar una oposición y convertirse en funcionario. No hay profesión tan conservadora como la de trabajar para el Estado y ninguna tan progresista como la de emprendedor.
Y los políticos de aquí, exceptuando a los que son vicarios de los dos grandes partidos nacionales o internacionales, tendrían que exigir a los ejecutivos central y autonómico inversiones en infraestructuras. Lo de la transformación de la N-122 entre la capital y la frontera lusa en autovía se ha utilizado por PSOE, el partido que lleva más de 28 años en La Moncloa, y el PP como propaganda electoral, como engaño. Se han tomado a cachondeo a los zamoranos.
Considero determinante para responder a la pregunta que habría este artículo la ejecución de esa infraestructura citada en el párrafo anterior. Y no introduzco en este juego, el Tren Vía de la Plata, porque me vendrán a buscar las parcas y nada se habrá hecho, ni por este gobierno ni por los que vengan hasta el ecuador de este desventurado siglo.
Reflexione, pues, y respóndase a sí mismo: ¿De qué pretende, y puede, vivir esta ciudad y esta provincia en el futuro inmediato?















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