NOTAS DEL PENSAMIENTO
Sombra incómoda que se despejó
![[Img #111238]](https://eldiadezamora.es/upload/images/09_2026/6700_8596_6870_1915_8401_7833_6592_4816_8786_3614_920_3288_4591_7846_1577_5051_5445_9866_jose-antonio-avila-lopez.jpg)
España venció en el mes de julio 1 a 0 a Argentina y volvió a proclamarse Campeona del Mundo. Es difícil imaginar una confirmación más rotunda de que estamos ante una generación extraordinaria. No fue sólamente una victoria deportiva, fue uno de esos momentos escasos en los que un país se reconoce a sí mismo, respira al mismo tiempo y durante unos minutos deja a un lado sus discusiones habituales. España ha reconocido en sus jugadores esfuerzo, serenidad y dignidad. Argentina planteó un partido muy físico, con entradas duras y momentos en los que la tensión superó los límites de la deportividad, y España pudo caer en la provocación, responder con la misma agresividad o convertir el encuentro en una pelea. Pero no lo hizo y siguió jugando, y esa fue quizá la mayor demostración de fortaleza. Resulta fácil mantener las formas cuando todo marcha bien, pero lo difícil es conservarlas cuando te golpean, cuando te anulan goles, cuando el árbitro permite más de lo razonable y cuando una final parece caminar hacia un terreno en el que gana quien grita más fuerte. España eligió otro camino, y contestó con fútbol, con paciencia, y con una convicción que terminó imponiéndose. ¿Cómo se le llama a eso? Educación aplicada al deporte. La Selección tuvo la posesión y Argentina terminó el partido sin disparos entre los tres palos. España quiso jugar, controlar y crear, y Argentina dedicó demasiados esfuerzos a impedirlo. El resultado fue corto, pero la superioridad fue mucho más amplia que ese solitario gol de Ferran Torres. En los días anteriores a la final había crecido una sombra incómoda sobre el campeonato, y no eran sólamente comentarios de aficionados enfadados. El político británico George Galloway llegó a afirmar públicamente que "el Mundial estaba amañado para que Argentina alcanzara la final". Desde Egipto, después de una eliminación cargada de decisiones polémicas, su seleccionador Hossam Hassan y el futbolista Mostafa Ziko también denunciaron que "el torneo estaba favoreciendo a Argentina para mantener a Messi en competición". Son acusaciones muy graves que no pueden darse por probadas, pero tampoco esconderse como si nunca hubieran existido. La mejor respuesta la dio España sobre el césped, ya que ganó incluso en medio de las sospechas, de los goles anulados y de un arbitraje que durante demasiados minutos permitió a Argentina confundir la intensidad con la violencia. Por eso la victoria tuvo algo todavía más grande : España no sólo derrotó a un rival, derrotó también la sensación de que el desenlace ya podía estar escrito.
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España venció en el mes de julio 1 a 0 a Argentina y volvió a proclamarse Campeona del Mundo. Es difícil imaginar una confirmación más rotunda de que estamos ante una generación extraordinaria. No fue sólamente una victoria deportiva, fue uno de esos momentos escasos en los que un país se reconoce a sí mismo, respira al mismo tiempo y durante unos minutos deja a un lado sus discusiones habituales. España ha reconocido en sus jugadores esfuerzo, serenidad y dignidad. Argentina planteó un partido muy físico, con entradas duras y momentos en los que la tensión superó los límites de la deportividad, y España pudo caer en la provocación, responder con la misma agresividad o convertir el encuentro en una pelea. Pero no lo hizo y siguió jugando, y esa fue quizá la mayor demostración de fortaleza. Resulta fácil mantener las formas cuando todo marcha bien, pero lo difícil es conservarlas cuando te golpean, cuando te anulan goles, cuando el árbitro permite más de lo razonable y cuando una final parece caminar hacia un terreno en el que gana quien grita más fuerte. España eligió otro camino, y contestó con fútbol, con paciencia, y con una convicción que terminó imponiéndose. ¿Cómo se le llama a eso? Educación aplicada al deporte. La Selección tuvo la posesión y Argentina terminó el partido sin disparos entre los tres palos. España quiso jugar, controlar y crear, y Argentina dedicó demasiados esfuerzos a impedirlo. El resultado fue corto, pero la superioridad fue mucho más amplia que ese solitario gol de Ferran Torres. En los días anteriores a la final había crecido una sombra incómoda sobre el campeonato, y no eran sólamente comentarios de aficionados enfadados. El político británico George Galloway llegó a afirmar públicamente que "el Mundial estaba amañado para que Argentina alcanzara la final". Desde Egipto, después de una eliminación cargada de decisiones polémicas, su seleccionador Hossam Hassan y el futbolista Mostafa Ziko también denunciaron que "el torneo estaba favoreciendo a Argentina para mantener a Messi en competición". Son acusaciones muy graves que no pueden darse por probadas, pero tampoco esconderse como si nunca hubieran existido. La mejor respuesta la dio España sobre el césped, ya que ganó incluso en medio de las sospechas, de los goles anulados y de un arbitraje que durante demasiados minutos permitió a Argentina confundir la intensidad con la violencia. Por eso la victoria tuvo algo todavía más grande : España no sólo derrotó a un rival, derrotó también la sensación de que el desenlace ya podía estar escrito.















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