REFLEXIONES
FROMAGO, la Semana Santa del queso
Eugenio-Jesús de Ávila
Si mi memoria no se comporta conmigo con desconsiderada felonía, recuerdo ahora que FROMAGO fue una idea de la Caja Rural de Zamora que hizo posible Francisco José Requejo, cuando el empresario presidía la Diputación. Se le exige a la gente inteligente perpetuar todo proyecto que redunde en beneficio de la comunidad. La entidad bancaria zamorana mantuvo su apuesta en el tiempo y Faúndez consideró que esta colosal cita con los quesos de medio mundo debería tener una continuidad, aunque se tratase de celebrarla de manera bianual. Todo perfecto.
En esencia, la importancia de un acontecimiento alimentario de la categoría de FROMAGO muestra de lo que significa la transformación de una materia prima como la leche, principalmente de oveja, aunque también de vaca y cabra, que he venido reclamando in illo tempore también otros productos que ofrece nuestra tierra. Ese es el futuro de Zamora: extraer de nuestros recursos naturales todo su valor aquí mismo, sin necesidad de su exportación en bruto a otras provincias, comunidades y naciones, para que la riqueza se quede en nuestros lares. Y necesitamos para alcanzar ese objetivo empresarios de la alta categoría y del talento de los queseros zamoranos, que han hecho de la leche de oveja algo más que un alimento portentoso, una delicia en su degustación. Respeto a quienes huyan del sabor y del olor de los quesos. Insisto en que nuestra provincia, desde tiempos inmemoriales, se comportó como una nación tercermundista, al exportar en bruto la riqueza de nuestro medio rural.
Ahora bien, citas como las de esta feria internacional del queso tendría que aprovecharlas Zamora para vender su patrimonio monumental, paisajístico e histórico, lo que se denomina turismo cultural. FROMAGO es una tentación que debería conducir al pecado de la seducción, para que nuestra tierra conquiste a los miles de personas que la visitan durante estos días y, cuando sea menester, a no tardar, regresen a disfrutar de Zamora, pero sin quesos en las calles, rúas y plazas, si acaso en los excelentes restaurantes de la ciudad, y que se hagan eco, cuando vuelvan a sus lares, de las excelencias que el tiempo ha guardado detrás de las murallas medievales de la Bien Cercada: románico, modernismo, eclecticismo, aceñas del Duero, palacios renacentistas…
La Semana Santa, por supuesto, es otra tentación en la que el turismo cultural y religioso debe caer y pecar y confesar después que se trata de un sucedido anual que traslada en el tiempo a quien la vive de cerca. Arte, tradición, cultura, fe. Teatro religioso, madrugadas místicas, pasión que tocan el alma del creyente y deslumbran al agnóstico y ateo, a los que no creen en Dios, pero a los que el olor a incienso, la luz de los cirios y los sonidos de los instrumentos acarician su sensibilidad.
Pero la Semana Santa son cuatro días, importantes por su movimiento económico y social, pero no sirven para recoger el excedente necesario para cerrar el ejercicio económico anual.
Considero FROMAGO y la Pasión como semillas que darán su fruto si aplicamos inteligencia y talento para que Zamora reciba importantes contingentes de personas durante otros meses del año, cada fin de semana. Los que amamos esta ciudad, y no nos conformamos nunca, exigimos a nuestros políticos ideas y proyectos que atraigan a ciudadanos de otras ciudades y regiones de España y de otras naciones.
Hay que pensar Zamora para que crezca, para que se haga mayor económicamente. Critico la apatía, la abulia, el pasotismo de tantos zamoranos.
Estamos obligados a terminar con nuestros complejos seculares. Tenemos que dejar de mirar sin ver, de oír sin escuchar, de hablar sin palabras, de reírnos sin abrir la boca. Presumamos de lo que somos. Sintamos el orgullo de haber nacido en Zamora. Los zamoranos nos merecemos FROMAGO y una Semana Santa, con todas sus cuitas internas, de las que no es momento para abordar, única y universal. FROMAGO es como una Semana de Pasión del Queso.
Fotografía: Esteban Pedrosa
Eugenio-Jesús de Ávila
Si mi memoria no se comporta conmigo con desconsiderada felonía, recuerdo ahora que FROMAGO fue una idea de la Caja Rural de Zamora que hizo posible Francisco José Requejo, cuando el empresario presidía la Diputación. Se le exige a la gente inteligente perpetuar todo proyecto que redunde en beneficio de la comunidad. La entidad bancaria zamorana mantuvo su apuesta en el tiempo y Faúndez consideró que esta colosal cita con los quesos de medio mundo debería tener una continuidad, aunque se tratase de celebrarla de manera bianual. Todo perfecto.
En esencia, la importancia de un acontecimiento alimentario de la categoría de FROMAGO muestra de lo que significa la transformación de una materia prima como la leche, principalmente de oveja, aunque también de vaca y cabra, que he venido reclamando in illo tempore también otros productos que ofrece nuestra tierra. Ese es el futuro de Zamora: extraer de nuestros recursos naturales todo su valor aquí mismo, sin necesidad de su exportación en bruto a otras provincias, comunidades y naciones, para que la riqueza se quede en nuestros lares. Y necesitamos para alcanzar ese objetivo empresarios de la alta categoría y del talento de los queseros zamoranos, que han hecho de la leche de oveja algo más que un alimento portentoso, una delicia en su degustación. Respeto a quienes huyan del sabor y del olor de los quesos. Insisto en que nuestra provincia, desde tiempos inmemoriales, se comportó como una nación tercermundista, al exportar en bruto la riqueza de nuestro medio rural.
Ahora bien, citas como las de esta feria internacional del queso tendría que aprovecharlas Zamora para vender su patrimonio monumental, paisajístico e histórico, lo que se denomina turismo cultural. FROMAGO es una tentación que debería conducir al pecado de la seducción, para que nuestra tierra conquiste a los miles de personas que la visitan durante estos días y, cuando sea menester, a no tardar, regresen a disfrutar de Zamora, pero sin quesos en las calles, rúas y plazas, si acaso en los excelentes restaurantes de la ciudad, y que se hagan eco, cuando vuelvan a sus lares, de las excelencias que el tiempo ha guardado detrás de las murallas medievales de la Bien Cercada: románico, modernismo, eclecticismo, aceñas del Duero, palacios renacentistas…
La Semana Santa, por supuesto, es otra tentación en la que el turismo cultural y religioso debe caer y pecar y confesar después que se trata de un sucedido anual que traslada en el tiempo a quien la vive de cerca. Arte, tradición, cultura, fe. Teatro religioso, madrugadas místicas, pasión que tocan el alma del creyente y deslumbran al agnóstico y ateo, a los que no creen en Dios, pero a los que el olor a incienso, la luz de los cirios y los sonidos de los instrumentos acarician su sensibilidad.
Pero la Semana Santa son cuatro días, importantes por su movimiento económico y social, pero no sirven para recoger el excedente necesario para cerrar el ejercicio económico anual.
Considero FROMAGO y la Pasión como semillas que darán su fruto si aplicamos inteligencia y talento para que Zamora reciba importantes contingentes de personas durante otros meses del año, cada fin de semana. Los que amamos esta ciudad, y no nos conformamos nunca, exigimos a nuestros políticos ideas y proyectos que atraigan a ciudadanos de otras ciudades y regiones de España y de otras naciones.
Hay que pensar Zamora para que crezca, para que se haga mayor económicamente. Critico la apatía, la abulia, el pasotismo de tantos zamoranos.
Estamos obligados a terminar con nuestros complejos seculares. Tenemos que dejar de mirar sin ver, de oír sin escuchar, de hablar sin palabras, de reírnos sin abrir la boca. Presumamos de lo que somos. Sintamos el orgullo de haber nacido en Zamora. Los zamoranos nos merecemos FROMAGO y una Semana Santa, con todas sus cuitas internas, de las que no es momento para abordar, única y universal. FROMAGO es como una Semana de Pasión del Queso.
Fotografía: Esteban Pedrosa















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