Domingo, 20 de Septiembre de 2026

Eugenio-Jesús de Ávila
Sábado, 19 de Septiembre de 2026
REFLEXIONES URBANAS

El queso, un producto mítico, transforma Zamora en cuatro días

Eugenio-Jesús de Ávila

 

Un producto mítico, ya presente en La Odisea de Homero, tan de moda por la película de Nolan -recuérdese que formaba parte de las viandas más caras para Polifemo, el queso, ha transformado a nuestra silente, abúlica y conformista ciudad en su antítesis: bullicio, alegría, ganas de vivir y de disfrutar del placer de saborear una de las delicias gastronómicas que nuestra provincia ofrece al mundo. Materia prima exquisita, como la leche de oveja, convertida en arte gastronómico en nuestra tierra. Además, Zamora, merced a FROMAGA, recibe a quesos magníficos del resto de España y de otras naciones, incluso de Japón. Y las gentes, las de aquí y las de allá, vinculadas por el deleite del paladar y la dicha de compartir conversaciones, ideas, proyectos, abrazos y sonrisas.

 

Cuatro días en los que se han superado todas las expectativas, cuatro días más potentes económicamente que los que median entre Jueves Santo y Domingo de Resurrección. Y, además, sin que la lluvia estropea la fiesta. Los zamoranos de aquí, durante la celebración de este acontecimiento singular, hemos descubierto lo que sería nuestra ciudad si las ideas que elabora el cerebro se ejecutasen, si las instituciones políticas invirtiesen el dinero público, el suyo, el mío, el de todos, nunca el de ello, en proyectos productivos.

 

La Zamora de este estío, más que oler a queso, huele a futuro, a ganas de avanzar, a deseos de progresar, a…vida. Esta ciudad y su provincia, tan maltratadas por gobiernos centrales y autonómicos, quiere ser más, pretender renacer del ataúd en la que, desde hace décadas la metieron, con el cierre de líneas férreas, de Universidad Laboral, de la Prisión Provincial, del traslado a Salamanca del Regimiento Toledo, de la absorción por Caja León de Caja Zamora y de la feroz reconversión agroganadera del agro zamorano.

 

Si es elegido el Polígono de Monfarracinos, propiedad de la Junta de Castilla y León, para instalar empresas de altísima tecnología, de las que contratan ingenieros, informáticos y técnicos en Inteligencia Artificial, y Monte la Reina recibe a 1.500 militares y sus familias, Zamora dejará de ahorrar miseria, de ser considerada tierra de boinas negras y residencias de la tercera edad, para encarar la cuarta década de esta centuria esencial con un enorme potencial en tecnología, energía y empresas transformadoras de materias primas, que la agricultura y la ganadería entregan para crear riqueza.

 

 

Añadamos a lo escrito, lo que los zamoranos sabemos desde la escuela, que somos la ciudad del mundo con más templos románicos del mundo, que todavía nos quedan lienzos de muralla de la que fue considerada en el medioevo como la Bien Cercada, y edificios modernistas y eclécticos de magnífica factura. ¿Qué nos falta para llegar al éxtasis como sociedad? Pues políticos que representan al pueblo y no a los partidos en las Cortes de Castilla y León, Congreso de los Diputados y Senado, y personas íntegras y con ideas que administren nuestros impuestos con inteligencias en la Casa de las Panaderas y el Hospital de la Encarnación. Y poco más. Quizá tan solo ciertas dosis de bizarría, fe, no solo la ¿religiosa? de la Semana Santa, y decisiones elaboradas entre el corazón y el cerebro. Podemos ser muchas cosas buenas. Apostemos por las ideas positivas y obviemos el caciquismo que nos quiere serviles, anacrónicos y paupérrimos.

 

Postdata: nunca olvidaré a Francisco José Requejo que, como presidente de la Diputación posibilitó que la idea de Caja Rural de convertir a Zamora en la ciudad de FROMAGO, iniciaron la historia de un acontecimiento comercial, alimentario y económico que dibuja un retrato hermoso de la ciudad del Romancero, la ciudad pretérita que no se resigna solo a vivir de su historia, por heroica que fuese.

 

Eugenio-Jesús de Ávila

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