Viernes, 25 de Septiembre de 2026

Mª Soledad Martín Turiño
Viernes, 25 de Septiembre de 2026
ZAMORANA

El trabajo de hormiguita

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En todos los organismos, estamentos, trabajos en general, suele haber alguien cuya presencia destaca en actos públicos para presentar proyectos o hablar de nuevos planes de futuro, pero nunca se menciona que tras él hay un gran número de profesionales que trabajan de manera callada, silenciosa, haciendo un trabajo de hormiguita, que permita después a los jefes alardear de resultados.

 

Conozco el tema de primera mano, ya que profesionalmente he desempeñado durante muchos años ese papel, el más ingrato y menos reconocido, donde los ojos se pierden durante horas en una amalgama de números, cifras y apuntes; un trabajo silente, nunca agradecido, que tampoco brillará en ningún acto social, pero imposible de llevarse a cabo si no fuera porque detrás de un informe hay muchas personas que han supervisado, estudiado, comparado y evaluado sus datos.

 

Soy de la opinión de que todos somos importantes, desde el pinche hasta el chef de un restaurante, desde la señora de la limpieza o el celador, hasta el gerente de un hospital… y así sucesivamente en todos los trabajos; excepción hecha de determinados autónomos que dirigen y organizan solos su propio negocio.

 

Pese a que el trabajo en equipo nunca me gustó, porque soy de los que piensan que cada uno debe responsabilizarse de su propio esfuerzo, sin asumir el de otros, ya sea por buenismo o porque el compañero no responde, he defendido el dividir los quehaceres de tal modo que cada uno sepa cuál es su tarea y los evaluadores conozcan el grado de cumplimiento de dichos cometidos. El hecho de ser minucioso en el trabajo, con la responsabilidad de que formas parte de un engranaje complejo en el que todos somos importantes, hizo que apreciara mi profesión más allá de lo que se esperaba de mi cumplimiento y, de ese modo, pasé a formar parte de otro grupo en el que, aunque la escrupulosidad era obligada, me daba un cierto respiro el hecho de ser dueña de mis propias decisiones.

 

En ningún momento dejé de poner en valor a las hormiguitas, dignificando y reconociendo su labor en cuantos foros me fue permitido hacerlo. Tal vez mis orígenes campesinos, un trabajo básico, aunque necesario, me dictaron el reconocimiento a otras tareas más desagradecidas, y casi siempre ignoradas. El ejemplo de mi abuelo, mi tío o mi propio padre labrando la tierra con esfuerzo, sin doblegarse nunca, ni ceder a la tentación de abandonarlo cuando las cosas iban mal, fue mi mejor escuela; de ahí que detrás de cada gran acto público siempre piense y valore la cantidad de gente anónima que ha trabajado para poner en la palestra a quien presenta el evento.

 

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