Domingo, 27 de Septiembre de 2026

Eugenio-Jesús de Ávila
Sábado, 26 de Septiembre de 2026
REFLEXIONES EN EL TIEMPO

Hacer Zamora como Caja Rural o cruzarse de brazos

Eugenio-Jesús de Ávila

 

 

Que un servidor recuerde, desde que dejé de ser el editor-empresario de El Día de Zamora, nunca Caja Rural estimo invitarme a su gala. No obstante, reconozco, y así lo escribí tantas y tantas veces, que la entidad cajera zamorana, desde que Cipriano García accedió a la Dirección General, ha construido, creado y edificado más y más Zamora, una provincia tan desmantelada de organismos estatales desde que el felipismo obtuvo el poder, allá en octubre de 1982.  El PP, tanto desde la Junta de Castilla y León como desde La Moncloa, durante sus presidencias, no supo, no quiso, se olvidó de las heridas que había dejado el ejecutivo socialista en nuestra epidermis económica. Tan colosal ha sido la labor de la cooperativa bancaria que no imagino un deporte, una cultura y una sociedad en nuestra tierra sin el concurso de la empresa de la espiga dorada.

 

La Caja Rural ha ido creando Zamora. Un servidor, desde su púlpito periodístico, intentó hacer Zamora. Señalé, sin miedo, sin temor, aun perdiendo sustanciosas cantidades económicas públicas, a los que han ido destruyendo nuestra tierra in illo tempore. Mientras ellos, políticos, empresarios, dirigentes de organismos privados, se dedicaban a empequeñecer nuestros 10.500 km2, a despoblarla con sus decisiones sectarias, a vaciarla de organismos y empresas públicas. Recuerdo por enésima vez: cierra de líneas férreas, de la Universidad Laboral, traslado del Regimiento Toledo y de la Prisión Provincial a Salamanca y, el golpe definitivo, profunda reconversión agroganadera.

 

Mientras personas como el que esto firma hacían Zamora, el poder iba desmoronándola. Como los partidos locales -no considero con ese apellido, a PSOE, PP y Vox- se creaban y se autodestruían por errores domésticos, propios de gentes ingenuas y cándidas, de escasa experiencia, de ignorar en qué consiste la política, en el sentido peyorativo del término, cual Viriato sin carnero, sin felones que asesinaran y secuestraran mis palabras, como Audax, Ditalco y Minuro, pero envidiado por la mediocridad que puebla medios de comunicación, prediqué en el desierto de la apatía, de la abulia, del conformismo que preside nuestra sociedad. Y sé que hay miles de personas, que no escriben, porque no saben o no quieren, pero leen y sienten la postración de nuestra provincia, que comulgan con mis tesis, que saben que mis argumentos, nunca relatos, -maldita palabra utilizada ahora por el poder, como eso de introducir el verbo acoger para todo o lo de poner en valor- se basan en la experiencia y la razón, el conocimiento y el intelecto.

 

Zamora necesita más gentes y entidades como Cipriano García y Caja Rural, porque, cuando falten o frenen sus ímpetus, abracen la derrota o silencien su rebeldía, ya solo nos quedará rezar a los cristos y las vírgenes de nuestra Semana Santa y respirar el profundo y natural aroma del queso cada dos años.

 

Y un servidor, cualquier día, cuando las parcas decidan venir a buscarme o Cronos se canse de que Eugenio-Jesús de Ávila escuche el canto del mirlo y busque en la sintaxis jugar con las palabras que engrandecen Zamora, considerará poner el punto final a mi pasión por nuestra tierra.

 

Eso sí, la Zamora del futuro, de espaldas al progreso, gozará de un aire sanísimo, un cielo azul precioso y unas aguas dignas de ser embotelladas. Hay gente que pertenece ideológicamente al pasado.

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